Pozo de Quilmes: declararon los hermanos Díaz, sobrevivientes de los tormentos

El Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata, que está integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico, juzga a 18 represores, entre ellos a Miguel Etchecolatz y el ex médico policial Jorge Berges por las torturas, homicidios y ocultamiento de menores en perjuicio de casi 500 víctimas alojadas en tres centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar.  Juan Domingo Díaz fue el primero en prestar declaración en la audiencia 43. Precisó que hubo un primer secuestro antes del cautiverio. Tanto él como sus hermanos fueron liberados y el único al que “se llevaron”, Hugo, logró espacar del Regimiento de La Tablada. “El 12 de octubre hubo un enfrentamiento de Hugo con algunos militares y de ese enfrentamiento, Hugo salió muy herido”, contó, fue a asistirlo y hubo una emboscada. Ya en un centro clandestino de detención, lo torturaron. Tenía 17 años. “Era como si fueran a descuartizarme”, advirtió ante el TOF, por el método de tortura utilizado. Luego, utilizaron la picana en sus dientes, brazos, ojos, boca y genitales. “Quedé desmayado y llegó un tipo que dijo que paren porque me iban a matar”, recordó. Estuvo en El Infierno de Avellaneda. Una vez liberado, fue a la casa de un amigo en Berazategui y luego a su casa. “Mi sueño era, en Argentina, era ser cardiólogo. Hoy soy maestro de obras y ya construí en Brasil tres hospitales. Los cardiologistas trabajan en ellos”, concluyó. Juan Antonio fue el segundo en prestar declaración. Aclaró que el enfrentamiento no fue el 12 sino el 17. “Lo que pasó después fue el secuestro de mis hermanas, mi accidente (vial). Yo no sabía quién estaba por un lado y quién estaba por otro. Siempre Juan Domingo conmigo. Después vino lo del viaje a Brasil”, comentó. La familia se instaló en el vecino país en 1978, pero él retornó a la Argentina al término de la Guerra de Malvinas. La audiencia continuó con el testimonio de Bonifacia del Carmen Díaz (Mari), quien junto a Víctor Hugo (Beto) eran los únicos militantes de la familia de siete hermanos. Signado por la mala conexión, el testimonio fue entrecortado y tuvo que volver en varias oportunidades sobre el relato. La situación expuesta fue la misma que las comentadas por sus hermanos, y su secuestro, que se extendió por 30 días, en la Cacha. “Nos soltaron el 5 de diciembre”, precisó. Tras ser liberada, vino el exilio. “Tuvimos que salir todos de esa casa y del país, la amenaza era terrible y si alguien era detenido nuevamente, no aparecía más”, aseguró. “Gracias por seguir en esta lucha de Memoria, Verdad y Justicia”, le dijo al Tribunal al dar por finalizado su testimonio. Víctor Hugo fue el último de los hermanos en declarar, es a quien buscaban los represores cuando secuestraron a sus hermanos. Pertenecía a la Juventud Peronista y Montoneros. Precisó que desde 1973 a 1976 se hacía un “trabajo territorial”, de “reconstrucción” y con la “esperanza de cambiar algunas cosas”. El secuestro se produjo en los primeros días de febrero de 1977. “Cuando me llevaban, se reían de la noche de cacería”, recordó. “Desde que llegaste, sos boleta. Tu vida depende de mi”, comentó que le dijeron cuando llegó al centro. Fue torturado hasta que “dejó de responder” a la picana y los golpes. En un momento, en el cual su guardia estaba durmiendo, se desató, agarró un caño y le pegó en la cabeza. Tomó su arma y le apuntó. Ahí supo que estaba en el Regimiento 3 de La Tablada. Se vistió y salió a “dar el combate final”, pero logró escapar. Desde un bar, llamó a una vecina que tenía teléfono y le pidió que le avisara a su familia que tenía que irse de la casa porque “temía lo peor”. Dos meses después, la pareja de un compañero le dijo que su familia estaba bien y él continuó con la militancia clandestina, sin tener contacto con su entorno. Estuvo en México y volvió con la “contraofensiva popular de Montoneros”. También relató su enfrentamiento, en el que murió una compañera y él resultó gravemente herido, y su escape. “Ya no tenía proyectiles, sólo tenía la pastilla de cianuro en la mano“, mencionó. Se refugió en una casa y el dueño lo ayudó a llegar a la vivienda de la familia. Un médico, que había acudido para atenderlo, fue detenido antes de llegar, junto a las hermanas, y el se fue a una pensión. Fue operado sobre una puerta, acomodada en una mesa de cocina. “La resistencia se vivió en dos planos, los que estábamos organizados en una agrupación política y la resistencia familiar. Quiero aprovechar esto para agradecer, también a nuestro pueblo que nos apoyó”, mencionó a renglón seguido. Son juzgados, por los delitos cometidos en el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes, el ex ministro de Gobierno bonaerense durante la dictadura, Jaime Smart; el ex director de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Etchecolatz; el ex médico policial Jorge Antonio Berges; Federico Minicucci; Carlos Maria Romero Pavón, Roberto Balmaceda y Jorge Di Pasquale. También son juzgados Guillermo Domínguez Matheu; Ricardo Fernández; Carlos Fontana; Emilio Herrero Anzorena; Carlos Hidalgo Garzón; Antonio Simón; Enrique Barré; Eduardo Samuel de Lío y Alberto Condiotti. Por los crímenes de lesa humanidad cometidos en “El Infierno” también están imputados Etchecolatz, Berges y Smart y el ex policía Miguel Angel Ferreyro. El juicio comenzó el 27 de octubre del año pasado. El Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata -integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico- juzga a 18 represores, entre ellos Etchecolatz, Juan Miguel Wolk y el médico policial Jorge Berges, por cerca de 500 delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de tortura, detención y extermino conocidos como el Pozo de Banfield, el de Quilmes y El Infierno de Avellaneda.