Por la interna de la UOCRA, la peatonal de Quilmes se volvió el Far West

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El mediodía del martes en Quilmes Centro prometía ser como cualquier otro: comerciantes atendiendo sus negocios, oficinistas apurando el paso para aprovechar su hora de almuerzo, y familias disfrutando del sol en la peatonal Rivadavia. Nadie imaginaba que, en cuestión de minutos, este pacífico escenario se convertiría en el set de una película de acción, con la diferencia de que aquí, el terror era real. Y todo por una interna de la UOCRA.

Todo comenzó en la intersección de Alem y Mitre, cuando dos facciones rivales de la UOCRA, el poderoso sindicato de la construcción, decidieron dirimir sus diferencias a plena luz del día y en medio de una de las zonas más concurridas de la ciudad.

Por un lado, los seguidores de la facción Saúl Ubaldini; por el otro, los leales a Olmedo. Un conflicto de vieja data que eligió el peor escenario posible para estallar.

«Fue como si de repente estuviéramos en el Lejano Oeste», relata María, dueña de una tienda de ropa en la peatonal. «Un momento estaba acomodando la vidriera, y al siguiente veía a la gente correr despavorida y escuchaba lo que parecían ser disparos».

La reacción de la policía fue rápida, pero su llegada solo añadió más confusión a la escena. Los uniformados, armados con escopetas, corrían por la peatonal gritando órdenes: «¡Al suelo! ¡Todos al suelo!». Los comercios comenzaron a bajar sus persianas, convirtiendo la bulliciosa calle comercial en un pueblo fantasma en cuestión de segundos.

«Seis niñas entraron llorando a mi negocio», cuenta Juan, propietario de una librería. «Estaban aterrorizadas. Las escondimos detrás del mostrador mientras bajábamos las persianas. Los disparos seguían sonando afuera».

Lo que los atemorizados transeúntes y comerciantes no sabían en ese momento era que los «disparos» que escuchaban eran, en realidad, cartuchos de estruendo utilizados por la policía para disuadir a los enfrentados. Una táctica efectiva para controlar la situación, pero que sembró el pánico entre los desprevenidos ciudadanos.

La guerra interna de la UOCRA

«Cuando nos dijeron que nos tiráramos al piso, pensé lo peor», confiesa Ana, una oficinista que se encontraba en su hora de almuerzo. «En ese momento no sabés si es un robo, un atentado o qué. Solo pensás en sobrevivir».

La secretaría de Seguridad de la Municipalidad de Quilmes, en un comunicado posterior, intentó calmar las aguas: «La situación se encuentra bajo control y las autoridades están trabajando para esclarecer los motivos detrás de este enfrentamiento». Palabras que, si bien buscan tranquilizar, difícilmente borrarán las imágenes de terror vividas por los presentes.

Este incidente pone sobre la mesa varias cuestiones preocupantes. Por un lado, la violencia sindical que, lejos de limitarse a disputas internas, se derrama a las calles poniendo en riesgo a ciudadanos inocentes. Por otro, la fragilidad de la paz urbana, que puede romperse en cuestión de minutos convirtiendo un día normal en una pesadilla.

«¿Cómo volvemos a la normalidad después de esto?», se pregunta Pedro, dueño de un café en la zona. «¿Cómo le explicamos a nuestros clientes que es seguro venir a comprar cuando en cualquier momento puede estallar una guerra en medio de la peatonal?»

Mientras las autoridades prometen investigar y tomar medidas, los quilmeños intentan procesar lo sucedido. La peatonal Rivadavia, otrora símbolo de la vida comercial y social de la ciudad, ahora carga con el peso de ser el escenario de un episodio que muchos preferirían olvidar.

El sol se pone en Quilmes Centro. Las persianas vuelven a subir lentamente, como párpados pesados después de una siesta intranquila. La vida intenta retomar su curso normal, pero algo ha cambiado. En el aire flota una pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta: ¿Cuándo volverá a estallar el polvorín que parece haberse instalado bajo nuestros pies?

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