Una camioneta de reparto pasó cuarenta y cinco minutos dando vueltas en el mismo radio de ocho cuadras en Quilmes Oeste un miércoles a la mañana. El chofer tenía once paradas pendientes, el pedido de un cliente de Berazategui centro que ya había llamado dos veces, y una hoja de ruta impresa que no contemplaba el corte de la avenida por obras en la intersección con la calle Lamadrid. Al final de la jornada completó seis de las doce entregas del día, y el dueño de la empresa supo del problema recién cuando el chofer volvió al depósito, pasadas las siete de la tarde. Ese episodio, que Abelardo Ferreira, encargado de operaciones de una distribuidora de insumos de limpieza con sede en Villa La Florida, recuerda con cierta irritación, fue el que terminó de convencerlo de que el problema no era el tráfico del sur del GBA sino la falta de visibilidad sobre lo que pasaba en la calle.
Ferreira gestiona una flota de ocho vehículos que cubre un radio que va desde Ezpeleta hasta San Francisco Solano, con clientes en Bernal, Quilmes Oeste y puntos dispersos de Florencio Varela. El mapa de entregas que maneja a diario es cualquier cosa menos sencillo: la trama vial del conurbano sur mezcla avenidas saturadas con calles de tierra, barrios privados con accesos restringidos, y zonas industriales donde los caminos de servicio no aparecen en ningún sistema de navegación masivo. Antes de instalar un sistema de seguimiento de flotas, la única manera que tenía de saber dónde estaban sus unidades era llamar al chofer, y el chofer no siempre atendía. El combustible que consumía cada vehículo tampoco lo podía verificar contra ningún dato real, solo contra lo que los conductores le informaban al final del día, que no siempre coincidía con las cifras que aparecían en los tickets de la estación de servicio.
El combustible es, en este momento, el ítem que más presiona a las distribuidoras pequeñas y medianas del sur bonaerense. Según FADEEAC, la federación que agrupa a las empresas de transporte de cargas, los costos del autotransporte cerraron 2025 con una suba acumulada del 37%, y el gasoil fue uno de los componentes que más empujó hacia arriba. El rubro combustible acumuló casi 36% en los últimos doce meses del año pasado, mientras que la mano de obra sumó poco más del 33% en el mismo período. Para una pyme que distribuye en el conurbano con ocho o diez vehículos operando cinco días a la semana, eso se traduce en un ajuste de costos que no tiene margen de absorción por el lado de los precios que puede cobrar a sus clientes. Los supermercados de barrio y los almacenes que reciben la mercadería en Florencio Varela o Berazategui no aceptan recomposiciones tarifarias con la misma facilidad que los grandes centros de distribución.
Lo que están descubriendo varias de estas empresas, bastante a tientas y sin mayor asesoramiento, es que una parte importante de ese costo de combustible tiene que ver con la manera en que se planifican las rutas, o más precisamente con la falta de planificación. Griselda Pontoni, que coordina logística en una empresa de distribución de bebidas con depósito en Ezpeleta, calculó que durante varios meses sus unidades recorrían entre un 20 y un 25% más de kilómetros de los estrictamente necesarios para completar el circuito de entregas, básicamente porque los choferes organizaban el orden de las paradas a criterio propio, sin que nadie tuviera una visión del recorrido completo en tiempo real. Un especialista en seguimiento de flotas de GPSWOX señaló que ese rango, entre 18 y 28% de kilómetros en exceso, es habitual en flotas urbanas que no tienen optimización de rutas activa, aunque aclaró que los datos de su plataforma corresponden a flotas que ya decidieron contratar el servicio, por lo que probablemente subestiman el problema en el universo general de pymes sin seguimiento.
La zona sur del GBA tiene algunas particularidades que hacen que el problema de la planificación sea más grave que en otras áreas del conurbano. Florencio Varela concentra un crecimiento logístico notable en los últimos años, con nuevos depósitos y centros de distribución que se instalaron aprovechando el precio del metro cuadrado industrial, significativamente más bajo que en el norte o el oeste. Ese crecimiento trajo más camiones y más movimiento de reparto sobre una red vial que no se amplió en proporción. Las rutas que conectan Quilmes con Florencio Varela, o Berazategui centro con San Francisco Solano, tienen saturación en horarios que hace cinco años eran razonablemente fluidos. El Camino General Belgrano, la avenida Calchaquí y los accesos a la Rotonda Gutiérrez acumulan demoras que pueden transformar una entrega de veinte minutos en una de casi una hora, dependiendo del momento del día.
Norberto Salinas, chofer con más de doce años en una distribuidora de productos de librería que opera desde un galpón en el acceso norte de Florencio Varela, dice que el trabajo cambió bastante desde que la empresa instaló el sistema de seguimiento. Antes, si se enganchaba en el tráfico de la avenida Vergara o tardaba más de lo previsto en una parada en Bernal, nadie lo sabía hasta que llamaban los clientes para preguntar dónde estaba la entrega. Ahora desde la oficina pueden ver en tiempo real que hay una demora y reorganizar el orden de las paradas siguientes, o avisar al cliente antes de que llame. No siempre funciona a la perfección, aclara, porque hay zonas en el sur de Florencio Varela donde la señal se corta, pero en líneas generales el trabajo se planifica mejor. Lo que más nota es que ya no tiene que justificar cada minuto del día cuando llega al depósito.
Los costos logísticos de última milla en Argentina acumularon casi un 20% de suba durante 2025, según datos del sector, y el combustible representó la porción más difícil de controlar porque depende de decisiones que se toman en la calle y que sin seguimiento son básicamente invisibles para quien maneja la empresa. Cintia Robledo, que administra las finanzas de una distribuidora de mercadería seca en Quilmes Oeste, revisó los registros de consumo de combustible de los seis meses anteriores y posteriores a la instalación del sistema y encontró una reducción de alrededor del 17% en el costo mensual por vehículo. Reconoce que parte de esa baja se explica porque los choferes saben que ahora hay registro de cada parada y de cada desvío, y eso solo ya modifica ciertos comportamientos. La otra parte viene de la planificación de rutas, que ahora se hace a partir de datos reales de recorrido y no de estimaciones basadas en la experiencia acumulada de cada conductor.
FADEEAC estima que más del 80% de las pymes del autotransporte argentino opera con flotas de más de quince años de antigüedad promedio, lo que hace que el mantenimiento sea otro componente de costo que se vuelve impredecible. El seguimiento de vehículos permite detectar comportamientos de conducción que aceleran el desgaste mecánico, frenadas bruscas, aceleraciones innecesarias, ralentí prolongado, y ajustar la capacitación de los conductores antes de que ese desgaste se traduzca en reparaciones. Para las empresas del conurbano sur que operan con márgenes muy ajustados, eso no es un dato menor. Abelardo Ferreira calcula que desde que tiene visibilidad sobre cómo maneja cada chofer, los gastos de taller bajaron algo, aunque reconoce que es difícil separar ese efecto de la mejora general en la planificación. Hay demasiadas variables cambiando al mismo tiempo como para atribuirlo todo a una sola causa.

