La Diócesis de Quilmes puso en marcha el sábado 31 de mayo la primera sesión de trabajo de su Tercer Sínodo Diocesano, con la participación de unos 300 representantes de parroquias, movimientos y espacios pastorales de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. El encuentro, que se desarrolló en el Instituto Sagrada Familia de Quilmes Oeste, marca el inicio de un proceso de discernimiento para definir las líneas pastorales que guiarán a la Iglesia local entre 2026 y 2031.
Bajo el lema «¡Iglesia de Quilmes, camina con la alegría del Evangelio!», la jornada fue encabezada por el obispo Carlos José Tissera y el obispo auxiliar Eduardo Gonzalo Redondo. La actividad forma parte de los festejos por los 50 años de la diócesis, fundada en 1976.
Cinco comisiones para definir el futuro pastoral de la Diócesis de Quilmes
Los participantes trabajaron en cinco comisiones temáticas surgidas de una consulta previa a las comunidades: Bautismo, vida cristiana y ministerios; El clamor de los pobres y de la casa común; Mujeres; Juventudes y familia; y Comunicación y redes. Cada comisión sesionó en grupos de diez personas con la metodología de «Conversación en el Espíritu», una herramienta de escucha activa y discernimiento comunitario.
El objetivo de esta primera sesión fue consensuar acciones pastorales concretas. Se espera que surjan 30 propuestas iniciales que serán consultadas después con las parroquias de los tres municipios. El Documento Final del Sínodo será presentado el 19 de septiembre.
Una diócesis con historia sinodal
La Diócesis de Quilmes tiene una larga tradición en este tipo de procesos. Los dos sínodos anteriores fueron presididos por su primer obispo, el siervo de Dios Jorge Novak, entre 1981 y 1983 y entre 1993 y 1994. A esa historia se sumó la Asamblea Diocesana de 2008, impulsada por el obispo Luis Teodorico Stöckler.
El Tercer Sínodo busca retomar los ejes fundacionales de la diócesis —la opción preferencial por los pobres, el ecumenismo y la defensa de los derechos humanos— en clave de misión renovada. En palabras del obispo Tissera, la meta es construir una Iglesia «samaritana, cordial, solidaria y en búsqueda de la justicia y la paz», con especial atención a los sectores más vulnerables y a la juventud.

