La autopsia reveló que Horacio S. (51) murió por asfixia mecánica, tras ser hallado sin vida en su casa de San Francisco Solano, Quilmes. Hay cuatro detenidos: dos hombres acusados de estrangularlo y dos mujeres por usurpar la vivienda para vender sus pertenencias.
Horacio S. tenía 51 años y vivía solo en una casa de la calle 856, en San Francisco Solano, partido de Quilmes. El 24 de julio, alguien que decía ser su amigo llamó al SAME para dar aviso de que lo había encontrado sin vida sobre su propia cama. Cuando llegaron los médicos, ese hombre —identificado después como Pablo R.— se apuró a hablar de enfermedades previas, de un cuerpo que simplemente había dejado de funcionar. Nadie dudó, al principio, de que la muerte tuviera una explicación tan simple como triste.
La fiscalía abrió la causa como una «averiguación de causales de muerte», bajo la órbita de la UFI N°6 de Quilmes, a cargo de la doctora Mariana Curra Zamaniego. Era, en los papeles, un trámite más: un hombre que había muerto solo, en su cama, sin violencia aparente.
Todo cambió el 25 de julio. La autopsia no dejó margen para la duda ni para la historia que Pablo R. había intentado instalar: Horacio no había muerto por causas naturales. Había muerto asfixiado, por ahorcadura. La fiscal ordenó de inmediato el cambio de carátula a homicidio y puso al Grupo Táctico Operativo de la Comisaría 4ª de Quilmes a reconstruir lo que realmente había pasado esa noche.
Las cámaras que desarmaron la escena en Quilmes
La investigación encontró la grieta por donde entra la verdad en estos casos: las cámaras de seguridad. El repaso de las grabaciones públicas y privadas de la zona, sumado al testimonio de vecinos, permitió reconstruir que, minutos antes de que llegara la ambulancia, dos hombres habían entrado a la vivienda de Horacio. Uno era Pablo R., el mismo que después llamaría al SAME. El otro, un segundo sospechoso identificado como Alberto A.
Las imágenes mostraron a Alberto A. retirándose con rapidez del lugar, antes de que arribara la ambulancia, mientras que Pablo R. se quedaba a montar la escena que terminaría convenciendo, por unas horas, a todos los que llegaron después.
Con el crimen ya cometido, ambos escaparon hacia Florencio Varela. Ahí los encontraron: los investigadores llegaron hasta un taller mecánico varelense donde los dos sospechosos se mantenían escondidos. Los efectivos de la Seccional 4ª los redujeron sin incidentes y los trasladaron a la comisaría. La fiscal Curra Zamaniego avaló el procedimiento y ordenó la aprehensión formal de ambos por homicidio.
La casa, mientras tanto, también fue disputada
Mientras la policía reconstruía el crimen, la vivienda de Horacio se convirtió en el escenario de otro conflicto. Vecinos de la zona denunciaron que la pareja de la víctima había ingresado a la casa junto a otra mujer y que ambas estaban vendiendo las pertenencias del hombre asesinado, como si la muerte de Horacio no fuera más que una oportunidad.
Cuando la fiscal y los peritos de Policía Científica llegaron a la propiedad para recabar pruebas, las dos mujeres se atrincheraron y se negaron a permitir el ingreso de las fuerzas de seguridad. La fiscalía tramitó entonces un allanamiento de urgencia, respaldado por el Juzgado de Garantías de turno. Con el apoyo de los GTO de las comisarías 3ª, 5ª y 7ª de Quilmes, los efectivos irrumpieron en la vivienda y detuvieron a ambas mujeres, acusadas de usurpación de propiedad. Recién entonces Policía Científica pudo realizar las pericias criminalísticas que la causa necesitaba.
La hipótesis de la fiscalía
Según la principal hipótesis judicial, Pablo R. y Alberto A. ingresaron a la vivienda de Horacio y, por motivos que todavía son materia de peritaje, lo estrangularon con un cable. Después acomodaron el cuerpo en la cama, simulando un deceso por enfermedad, y llamaron a emergencias para completar la puesta en escena.
Los cuatro detenidos —los dos hombres acusados de homicidio y las dos mujeres acusadas de usurpación— fueron trasladados a sede judicial para prestar declaración indagatoria. La causa sigue abierta, y lo que en un primer momento parecía el final tranquilo de una vida solitaria terminó revelando, capa por capa, una historia bastante más oscura.
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