Lo que dejó al descubierto la muerte de un niño de once años que tocó una farola

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Iñaki tuvo que ser arrancado de la vida para que se empezara a poner la lupa en el lado oscuro de los barrios cerrados de Berazategui. El niño de 11 años murió electrocutado cuando salía de la pileta del barrio Hudson II y tocó una farola que, aparentemente, no tenía las medidas de seguridad mínima.

El hecho que ocurrió en febrero de este año, tal como lo adelantó este medio, puso en el tapete los controles por los que atraviesan estos millonarios emprendimientos inmobiliarios que tienen epicentro en el partido de Berazategui. Y dejan entrever las presuntas irregularidades que pueden llegar a costar la vida. Como en este caso.

Magdalena Rioboo es la mamá de Iñaki y fue la que encabezó días atrás una multitudinaria marcha al barrio Hudson II con un solo grito: Justicia. La mujer denunció que la causa penal, que tiene como imputados por “homicidio culposo” a Santiago Domingo Collavini, que era el administrador del complejo, apoderado de Altos de Hudson SA y dueño de los departamentos donde ocurrió el hecho, está “estancada”. El expediente judicial tiene bajo la lupa también al electricista Ruben Levy, al consorcio de propietarios y ENIMSA SA, la empresa encargada del mantenimiento de las instalaciones eléctricas.

En ese contexto Rioboo declaró a la Radio de la Universidad Nacional Arturo Jauretche que las casi cien farolas del predio no contaban “con disyuntor ni jabalina”, medidas de seguridad imprescindibles para evitar una tragedia.

“Muchas veces son menesterosos”, sostuvo un reconocido constructor de la zona respecto de si podía haber un ahorro extremo de dinero evitando esas medidas de seguridad. “Es muy poco para tamaño emprendimiento, pero suelen ser menesterosos y evitarlos”, contó.

Las medidas de seguridad de las farolas son certificadas por la empresa constructora y la firma de un electricista matriculado. A diferencia de la empresa de gas, por ejemplo, EDESUR no envía inspectores para suministrar el servicio. Sólo basta la certificación.

La tragedia con Iñaki surgió en un sector del complejo donde se construyeron dúplex. Al parecer, según los informantes, cuando comenzó la venta de los lotes los vecinos no conocían ese eprendimiento y hubo quejas respecto del uso de los espacios comunes como la pileta. Así fue que el emprendedor decidió y anunció la creación de una pileta para el sector de departamentos. Allí se desató el desenlace fatal.

Según confió la madre del pequeño a la Radio de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, Iñaki había ido a pasar unos días al departamento de su padre y, por la ola de calor, aprovechaba para jugar en la pileta de uso común del lujoso condominio. En un momento, la pelota salió de la piscina y él fue a buscarla. En el camino, rozó un poste de luz y recibió una descarga eléctrica mortal. De urgencia fue trasladado a una Unidad de Pronta Atención (UPA) cercana, pero los médicos no pudieron reanimarlo.

“Hay gente que ha trabajado mal. Hubo negligencia por parte de los administradores. Ellos tienen que responder por lo que le pasó a mi hijo, pero no responder en lo económico, porque la vida no tiene precio”, explicó a la vez qe sostuvo que quiere ver “preso” a los responsables y subrayó “yo ya estoy condenada, condenada por la muerte de mi hijo”.

En medio de una investigación que lleva adelante la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº 7 de Berazategui, a cargo de la fiscal Karina Santolini, la madre de Iñaki denunció que la farola que fulminó a su hijo “no tenía disyuntor”. “Hay viviendas habilitadas que tampoco tienen disyuntor y están colgadas de la luz. Esta todo mal hecho”, enfatizó.

El domingo pasado, una multitud de vecinos, amigos y familiares de Iñaki marcharon al barrio cerrado y pintaron un mural en memoria del niño a la vez que reclamaron porque la causa “se mueve, pues está estancada”.

La movilización terminó en el barrio Abril, donde vive Santiago Collavini, administrador del complejo barrial.

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