Cristian Centurión, hijo del excomisario mayor Francisco Centurión, rompió el silencio desde el penal de Olmos sobre la causa que investiga el asesinato de Lautaro Morello y la desaparición de Lucas Escalante en Florencio Varela. En un extenso descargo, dio explicaciones sobre cada prueba en su contra, pero no respondió por qué la investigación se concentró en su familia ni qué ocurrió aquella noche de diciembre de 2022.
Hace casi cuatro años que Cristian Centurión está preso. Desde su celda en el penal de Olmos, el hijo del excomisario mayor de la Policía Bonaerense Francisco Centurión rompió el silencio sobre la causa que lo tiene detenido junto a su padre y su primo, Maximiliano «El Titi» Centurión, acusados del secuestro y asesinato de Lautaro Morello y Lucas Escalante. Lo hizo, según describió Infobae, el medio que recogió sus declaraciones, en una mezcla de monólogo, alegato e interrogatorio.
El doble crimen ocurrió, según la acusación fiscal, el 9 de diciembre de 2022, en el marco de una trama vinculada al desvío de vales de combustible policial, entre otras hipótesis. Morello y Escalante habían ido hasta la casa de los Centurión en Los Tronquitos, una zona rural de Florencio Varela, a retirar vales de nafta. Morello fue encontrado muerto: había recibido una golpiza antes de ser asfixiado. El cuerpo de Escalante, en cambio, nunca apareció. Su auto fue hallado incendiado en Guernica.
Cristian Centurión se presentó ante la Justicia el 16 de diciembre de 2022, al enterarse de que existía una orden de detención en su contra. Su padre, en cambio, resistió más tiempo: fue detenido en julio de 2023 en un operativo de la División Homicidios de la Policía Federal en Florencio Varela, en el que una investigadora le disparó en una pierna.
En su descargo, Centurión ofreció una explicación para cada elemento que lo compromete. Reconoció haber sido filmado por una cámara de seguridad cargando un bidón de nafta en una estación de servicio de Florencio Varela, pero sostuvo que el combustible era para máquinas de jardinería. Sobre la fogata que vecinos de la zona dijeron haber visto esa misma noche, explicó que se trata de una práctica habitual en el barrio rural donde vive, ya que el servicio de recolección de residuos no llega hasta las calles internas.
Lo que Centurión no explicó es, en rigor, lo más importante: por qué dos chicos desaparecieron después de pasar por su casa a buscar vales de combustible, y qué pasó con ellos esa noche. Tampoco ofreció ninguna precisión sobre el paradero de Escalante más allá de deslizar, sin sustento, que podría haber sido trasladado a Paraguay, una versión que —aclaró él mismo— no presenta como un hecho probado y que, según se supo, ya había circulado antes entre fuentes vinculadas a la Bonaerense.
Un informe de Asuntos Internos de la fuerza confirmó irregularidades en el manejo de las tarjetas de carga de combustible a cargo de Francisco Centurión, y una pericia telefónica reveló un pedido de vales realizado por su hijo. Cristian remarcó que ninguna de las más de 90 declaraciones testimoniales ni los peritajes realizados en su domicilio y su vehículo lo ubican junto a las víctimas el día de la desaparición, aunque esa ausencia de rastros directos convive, en el expediente, con la cadena de indicios que llevó al fiscal Daniel Ichazo a pedir la elevación a juicio de los tres acusados.
El juicio, que debía comenzar en abril de este año, quedó demorado después de que el Tribunal N° 2 de Florencio Varela y el fiscal de juicio Marcelo Selier se excusaran de llevar adelante el proceso a comienzos de este mes.
La familia de Lautaro Morello, que hace casi cuatro años espera respuestas, está representada por el abogado Roberto Cipriano, secretario de la Comisión Provincial por la Memoria, organismo que además interviene en la causa como mecanismo oficial contra la tortura. La de Lucas Escalante, mientras tanto, sigue sin saber dónde está su hijo.
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