Otra vez cadena de oración por el Hermano Pascual: el sanador de Florencio Varela, internado en el Hospital El Cruce

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El Hermano Pascual, Pascual Donato Morel, de 71 años, ingresó este sábado a las 7 de la mañana al Hospital de Alta Complejidad El Cruce de Florencio Varela. Su situación es delicada y la familia pidió no difundir parte médico. Ya había sido internado por la misma enfermedad en febrero.

El sol todavía no terminaba de subir sobre Florencio Varela cuando alguien, en algún grupo de WhatsApp del barrio, escribió la frase que en esta ciudad todos temen leer: «internaron al Hermano Pascual». Eran las siete de la mañana de este sábado y las noticias, como pasa siempre con él, llegaron antes que cualquier parte médico oficial.

No hizo falta aclarar de qué Pascual se trataba. En Florencio Varela hay un solo Pascual que detiene el tiempo cuando se enferma.

Pascual Donato Morel tiene 71 años, nació el 17 de mayo de 1955 en Villa Guillermina, un pueblo del norte santafesino, y hace más de cuatro décadas que ese origen quedó disuelto en la identidad que le dio esta ciudad: el Hermano Pascual, el sanador que durante años recibió en su campito a gente de todos los rincones del país, dispuesta a hacer filas larguísimas por la promesa de un alivio que la medicina no les había dado. Nunca dio una entrevista. Nunca confirmó ni desmintió nada de lo que se dice de él. Y sin embargo, pocas figuras de esta zona del conurbano generan tanta devoción con tan poco.

Este sábado, esa devoción volvió a expresarse del único modo en que sabe hacerlo: con preocupación silenciosa, cadenas de mensajes y la espera de una novedad.

Según pudo reconstruirse, el Hermano Pascual ingresó pasadas las 7 de la mañana al Hospital de Alta Complejidad El Cruce, donde permanece internado. No es la primera vez este año: en febrero ya había sido internado en el mismo hospital por la misma enfermedad grave que viene padeciendo desde entonces, y de la que en su momento recibió el alta sin que trascendieran precisiones sobre su cuadro.

Esta vez tampoco habrá parte médico público: fuentes del hospital sostienen que su situación es delicada, pero la familia pidió expresamente no difundir información sobre su estado de salud. El pedido de reserva, lejos de calmar la incertidumbre, profundizó la preocupación en un barrio acostumbrado a enterarse de todo sobre Pascual menos, justamente, de lo que le pasa.

Quienes lo conocen describen siempre la misma escena cuando hablan de su tarea: la imposición de manos, la palabra pausada, una fe que se transmite de boca en boca desde hace generaciones. A fines de los años 80, el propio obispo Jorge Novak —ya fallecido— llegó a reconocer públicamente que Pascual «tenía el don de curar», un espaldarazo inusual que ayudó a multiplicar su leyenda más allá de los límites de Florencio Varela.

Por ahora, lo único certero es el silencio pedido por su familia y una ciudad entera que, otra vez, espera una noticia mejor.

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