Por Santiago Mejía Ribadeneira y Diego Jadán-Heredia
Modernidad tropical es un concepto filosófico y sociológico que procura explicar la condición social y cultural de las regiones del trópico, especialmente de Latinoamérica. La idea parte de que la modernidad, tal como la conocemos, se produce a través de la violenta experiencia colonial, como plantea la teoría critica y el pensamiento decolonial. Por lo tanto, tiene lugar primero en los países centrales y desde ahí se extiende hacia las periferias, como una ola que, conforme avanza, va perdiendo fuerza.
Este concepto remite a otros como el de sistema-mundo de Immanuel Wallerstein, que explica cómo se desarrolla el capitalismo y las desigualdades a escala global, es decir, una estructura jerárquica, asimétrica, de intercambio desigual. También nos lleva a repensar el mestizaje, entendido como un encuentro cultural entre personas de distintas etnias en el marco de la colonialidad. De ahí salen nuevas identidades, tradiciones, costumbres… una forma particular de entender el mundo.
Entendemos por modernidad un proceso filosófico, social y económico que se consolida en la Europa capitalista con la revolución industrial. Se caracteriza por el uso de la razón, la ciencia y la tecnología para organizar la sociedad, según principios como el racionalismo, el individualismo, el Estado nación y, sobre todo, la idea de orden y progreso.
Una mentalidad lógica, el poder técnico-científico para alcanzar grandes objetivos… Pues bien, la humanidad vive esto de maneras distintas o, en otras palabras, existen varios tipos de modernidad.
La violencia con la que se impuso el proyecto modernizador en Latinoamérica frente a la resistencia de pueblos milenarios crea las condiciones de posibilidad de la Modernidad Tropical. De ahí surgen fenómenos que, desde una perspectiva moderna, parecerían extraños o hasta incoherentes, pero que en realidad son el reflejo de la resistencia, la creatividad, la lucha y la capacidad de sostener lo común y la espiritualidad milenaria. Esto se da en el marco de estructuras de discriminación, racismo, saqueo y violencia sistémica. Y termina generando condiciones de blanquitud, entendida como una norma cultural que define lo que es aceptable, ordenado y civilizado, mientras desprecia otras formas culturales a través de la estigmatización y la violencia arbitraria (Echeverría, 2010).
Otra conexión importante de este concepto se da con el ethos barroco de Bolívar Echeverría, especialmente en La modernidad de lo barroco (1998). Se trata de una manera específica de habitar la modernidad capitalista, que tiene como características centrales la resistencia, la contradicción permanente y una suerte de estetización de la vida cotidiana. Todo esto para enfrentar las desigualdades estructurales, creando una identidad propia del sujeto latinoamericano, casi como una alternativa civilizatoria; sin embargo, la Modernidad Tropical no puede identificarse plenamente con el ethos barroco. Mientras este último constituye una forma específica de habitar las contradicciones de la modernidad capitalista, la Modernidad Tropical busca nombrar una condición histórica más amplia. No se refiere únicamente a una estrategia cultural de resistencia, sino al conjunto de relaciones sociales, imaginarios, sensibilidades y formas de vida producidas en territorios marcados por la experiencia colonial, el mestizaje, la diversidad étnica y una particular relación con la naturaleza tropical.
Desde esta perspectiva, el ethos barroco puede entenderse como una de las manifestaciones de la Modernidad Tropical, pero no como su única expresión.
La Modernidad Tropical incluye fenómenos que exceden la lógica barroca descrita por Echeverría: formas de religiosidad popular, prácticas comunitarias indígenas y afrodescendientes, experiencias urbanas híbridas, economías informales, imaginarios asociados a la exuberancia de la naturaleza y modos de relación con el tiempo menos subordinados a la racionalidad productivista propia de la modernidad occidental. Se trata, en suma, de una categoría que intenta comprender la manera singular en que la modernidad se sedimenta, se transforma y adquiere características propias en las sociedades tropicales.
La noción de tropicalidad tampoco debe reducirse a una simple referencia geográfica o climática. Lo tropical opera aquí como una categoría cultural e histórica; remite a territorios donde la naturaleza conserva una presencia material y simbólica particularmente intensa, condicionando las formas de ocupación del espacio, los ritmos de la vida cotidiana y las representaciones colectivas. Así, la Modernidad Tropical designa el encuentro conflictivo entre los ideales universales de la modernidad y las condiciones concretas de sociedades cuya experiencia histórica ha estado marcada por la coexistencia de múltiples temporalidades, memorias y tradiciones culturales.
Por ello, si el ethos barroco describe una forma de resistencia que busca preservar el valor de uso dentro del mundo capitalista, la Modernidad Tropical pretende señalar un horizonte más amplio de producción cultural. No solo expresa resistencia, sino también creación. No solo evidencia contradicciones, sino que produce nuevas síntesis culturales. Su interés radica en mostrar cómo las sociedades tropicales han sido capaces de apropiarse selectivamente de la modernidad, transformándola y dotándola de significados distintos a los previstos por sus centros de origen.
El concepto también remite al real maravilloso, que propone el escritor cubano Alejo Carpentier. Lo maravilloso y lo distinto surgen de la propia diversidad, que a veces parece mágica.
Esto es, hechos extraordinarios que ocurren a partir de la cultura local: elementos sobrenaturales que conviven con lo cotidiano, como parte del paisaje, sin que la gente se sorprenda, a raíz de hechos históricos tan duros como la colonia, la esclavitud y largas luchas por los derechos en el marco de Estados oligárquicos… todo eso en medio de una naturaleza exuberante, una fuerza viva e indómita, donde ocurren hechos que desde la mirada moderna resultan insólitos.
Finalmente, el concepto conecta con el realismo mágico, movimiento literario del siglo XX donde lo cotidiano y lo sobrenatural conviven de manera armónica. Hay elementos fantásticos que se presentan con naturalidad, hasta el punto de normalizar lo extraño. Eso nos ayuda a entender nuestras raíces culturales a partir de mitos, leyendas, tradiciones, creencias, en una especie de simbiosis, todo enmarcado en la tropicalidad: el sol que pega fuerte, el clima cálido, la ausencia de estaciones, la gran biodiversidad del horizonte… todo se mezcla con la modernidad, un proyecto totalizador que hoy está en crisis, ya que sus promesas de progreso y emancipación contrastan con el materialismo y la razón instrumental, o sea, con la crisis ecológica, la violencia en múltiples niveles y la perdida de sentido ético.
Bibliografía
Echeverría, B. (2010). Modernidad y blanquitud. Ediciones Era
Echeverría, B. (1998). La modernidad de lo barroco. Ediciones Era

