Tres pedidos de captura, ni un rastro de ADN: la Justicia frena de nuevo la detención en el crimen de Paloma y Josué

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Paloma Gallardo y Josué Salvatierra caminaban juntos esa tarde de enero del 2025 cuando alguien los interceptó en un descampado de Ruta 36, entre Calingasta y Patagones de Florencio Varela. No volvieron a casa. Diecinueve meses después, el crimen de Paloma Gallardo y Josué Salvatierra —uno de los que más golpearon a Florencio Varela en los últimos años— sigue sin un responsable confirmado por la Justicia: el Juzgado de Garantías N° 8 volvió a rechazar el pedido de detención contra Hipólito C., el único sospechoso señalado hasta ahora, en una resolución firmada el 10 de agosto pasado a la que accedió Infosur.

El fallo, de 23 páginas, no es una absolución ni cierra la causa. Pero es la segunda vez que la Justicia le dice que no a la fiscalía por el mismo motivo: la prueba reunida contra Hipólito C. no alcanza el nivel de certeza que exige la ley para privar a alguien de su libertad.

Una tarde de enero que partió al barrio en dos

El ataque ocurrió el 30 de enero de 2025, entre las 18:15 y las 18:50. Según la autopsia, Paloma y Josué murieron por traumatismos encéfalocraneanos graves, con múltiples fracturas de cráneo provocadas por un objeto duro de bordes romos, que derivaron en un paro cardiorrespiratorio traumático. La fiscalía, ahora a cargo del Dr. Darío Santiago Provisionato, sostiene que un ladrón los interceptó para robarles los celulares, dinero y pertenencias, y que los golpeó hasta matarlos cuando Josué intentó resistirse. Con esa hipótesis, pidió la detención de Hipólito C. por homicidio agravado criminis causa en concurso ideal con robo doblemente agravado.

Una cámara, dos personas distintas

El corazón de la acusación son las cámaras de seguridad. Un vecino, dueño de un almacén, grabó a Hipólito C. durante la mañana del hecho: ahí no hay dudas de que es él. El problema aparece después, cuando la fiscalía intenta cruzar esa imagen con otra, tomada horas más tarde por las cámaras de la empresa Gri Calviño, cerca del lugar del crimen, a las 19:09:50.

El juez comparó ambas grabaciones y encontró diferencias que no son menores. En el almacén, el hombre viste una remera holgada, larga, de tono bordó, con una bermuda clara que le llega por debajo de la rodilla. En Gri Calviño, en cambio, la persona filmada tiene puesta una remera oscura ajustada al cuerpo, que termina a la altura de la cintura, y una bermuda más corta, por encima de la rodilla. El propio perito que hizo el cotejo técnico, reconoció que la imagen de Gri Calviño es distante y de baja definición: no permite distinguir con claridad los rasgos del rostro, y el cabello queda tapado por una gorra. Su conclusión, según el fallo, alcanza para ubicar a Hipólito C. en el almacén esa mañana, pero no para asegurar que sea la misma persona que aparece después cerca del descampado.

Testigos que no coinciden entre sí

Tres personas distintas describieron la ropa del sospechoso, y ninguna coincide con la otra. El testigo que llamó al 911, dijo primero que el sospechoso tenía puesta una camisa negra floreada; después declaró que no podía precisar los colores porque es daltónico, y agregó que se trataba de un hombre de «rostro delgado» —una descripción que, según el propio expediente, no coincide con la contextura de Hipólito C. Por su parte, un oficial describió otra combinación distinta: remera de fútbol color bordó, bermuda de jean clara, zapatillas azules y gorra negra. Tres relatos, tres versiones de una misma ropa.

A esto se suma que buena parte de las sospechas contra Hipólito C. no salieron de un testigo presencial, sino de rumores. Un vecino admitió que señaló al sospechoso por comentarios del barrio y de la televisión, sin poder decir de dónde los sacó. Un matrimonio que también lo mencionó ante la Justicia reconoció que solo transmitía lo que «pensaba» un familiar, sin haber presenciado nada; un abogado se limitó a llevar esa información a la policía.

Las cámaras no coinciden en el reloj

Hay otro problema, más técnico pero igual de determinante: el reloj de las cámaras del almacén estaba desfasado, según advirtió el propio comerciante al entregar las grabaciones. Pese a esa advertencia, nunca se hizo la pericia informática necesaria para calcular cuánto tiempo de diferencia había entre uno y otro sistema. Sin esa precisión, cualquier intento de la fiscalía de cruzar el horario del corte de señal del celular de las víctimas con la aparición del sospechoso en cámaras es, según las palabras del fallo, «puramente especulativo». Incluso el policía que armó esa cronología admitió que podría «equivocarse en los minutos exactos».

Otras personas en la escena, sin identificar

Las cámaras de la zona muestran a más de una persona circulando cerca del descampado en el horario del hecho: un hombre con camisa floreada que sale del lugar alrededor de las 18:50, un sujeto con remera blanca y, detrás de él, otro que lleva algo que parece un fierro en la mano. Ninguno fue identificado. El propio médico forense de la causa, había planteado que las características del ataque no se correspondían con un simple robo casual y que pudo haber participado más de una persona.

Sin celulares, sin ropa, sin ADN

El 6 de febrero de 2025 la policía allanó la vivienda atribuida a Hipólito C. No encontraron los celulares ni las pertenencias de las víctimas, tampoco ropa compatible con la que se ve en los videos. La fiscalía interpretó que la casa estaba vacía porque alguien había ocultado pruebas; el juez no descartó esa lectura, pero señaló otra igual de posible: Hipólito C. tenía en ese momento tres pedidos de captura vigentes por otras causas, así que evitar quedarse en un domicilio fijo también podía explicar el hallazgo. Tampoco hay ADN, huellas ni ningún rastro biológico que lo vincule de manera directa con la escena o con las víctimas.

El mismo expediente, año y medio después

El fallo remarca una contradicción que pesó en la decisión: en abril de 2025, cuando los padres de Paloma —Omar Juan Gallardo y Sandra Pita, representados por su abogado— pidieron como particulares damnificados la detención de Hipólito C., el propio fiscal Provisionato rechazó ese pedido por falta de pruebas suficientes. Ahora, más de un año después, la fiscalía volvió a pedir la detención con prácticamente el mismo expediente, sin sumar elementos nuevos de peso. El juzgado consideró que esa falta de novedades exigía una explicación que el pedido fiscal no ofreció.

Qué sigue en la causa de Paloma y Josué

El Juzgado de Garantías N° 8 no ordenó cerrar la investigación: la causa sigue abierta y activa. Lo que rechazó, por segunda vez, fue la detención de Hipólito C., hasta que la fiscalía consiga pruebas objetivas e independientes que resuelvan las dudas actuales sobre la identidad del sujeto de las cámaras, los horarios sin verificar y las otras personas que circulaban esa tarde por el lugar.

Diecinueve meses después de esa tarde de enero, la familia de Paloma y Josué sigue esperando una respuesta que la Justicia, hasta ahora, no encontró lo suficientemente sólida. Con el mismo expediente rechazado dos veces y sin que en año y medio se hayan resuelto falencias tan básicas como el desfasaje horario de las cámaras, la pregunta que empieza a circular en el barrio es cuánto tiempo más puede sostenerse una causa que no logra reunir ninguna prueba nueva.

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