Robaron la capilla y el comedor del barrio Agustín Ramírez: «Por esta zona están haciendo desastre en las instituciones»

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Delincuentes ingresaron a la capilla San Cayetano ubicada en La Rastra y Cala, casi frente al SUM del Triángulo Don José, y se llevaron mercadería, una cortadora de pasto, utensilios y un ventilador. En el lugar funciona un comedor barrial. Los vecinos denuncian abandono y piden que la policía actúe. Es el tercer ataque a espacios comunitarios en Florencio Varela en pocos días.


La capilla del barrio Agustín Ramírez fue el nuevo blanco. Delincuentes ingresaron al espacio ubicado en La Rastra esquina Cala, a metros del SUM del Triángulo Don José, y se llevaron mercadería, una cortadora de pasto, utensilios y un ventilador. Según vecinos que reportaron el hecho a Infosur, tenían preparado para llevarse mucho más: llegaron a tiempo para evitar que el robo fuera total, pero no para impedirlo.

El dato que agrava el cuadro es que en ese mismo espacio funciona un comedor barrial. La mercadería robada y los utensilios sustraídos no eran elementos decorativos: eran las herramientas con las que se alimenta a quienes dependen de ese comedor. Robar un comedor barrial no es robar a una institución: es robarle la comida a la gente más vulnerable del barrio.

El mensaje que llegó a esta redacción no dejó lugar a medias tintas: «Por esta zona están haciendo desastre en las instituciones del barrio: las escuelas, el jardín y demás». Y el reclamo fue igual de directo: piden a la policía que haga algo.

Una zona abandonada a su suerte

Lo que describe la comunidad del barrio Agustín Ramírez es un patrón de desprotección que viene acumulándose. La zona, según los propios vecinos, está abandonada. Sin presencia policial sostenida, sin iluminación suficiente, sin ninguna barrera que disuada a quienes eligen los espacios comunitarios como blanco fácil.

Una capilla barrial no es solo un lugar de culto. Como ocurre en tantos barrios del conurbano, es el espacio donde se organiza la comunidad, donde se guardan los elementos que son de todos y que entre todos se consiguieron. La cortadora de pasto, los utensilios, el ventilador: objetos modestos que representan el esfuerzo colectivo de una comunidad que no tiene reposición inmediata para lo que pierde.

Interior de la capilla y comedor del barrio Agustín Ramírez revuelto tras el robo en Florencio Varela
El interior del comedor quedó revuelto: cajones abiertos, cajas tiradas y elementos del comedor desparramados. / Foto: vecinos

El tercer ataque en pocos días

El robo en la capilla de Agustín Ramírez no ocurre en el vacío. Florencio Varela viene registrando una seguidilla de ataques a espacios comunitarios que ya no puede llamarse casualidad:

Primero fue la capillita Sagrado Corazón del barrio Picó de Oro, donde vecinos que la venían refaccionando con esfuerzo propio encontraron su trabajo destruido en una noche. Después llegaron el SUM del barrio Malvinas II en el Triángulo Don José y la Escuela Técnica N°3 de Ingeniero Allan, robados y vandalizados en la misma jornada. Ahora la capilla de Agustín Ramírez, a metros del mismo SUM que ya había sido atacado.

El radio se achica. Los blancos se repiten. Y la respuesta institucional, por ahora, brilla por su ausencia.

Lo que queda

Los vecinos de Agustín Ramírez tuvieron suerte relativa: llegaron antes de que se llevaran todo. Pero la pregunta que dejan flotando es la misma que se hacen en Picó de Oro, en Malvinas II y en Allan: ¿hasta cuándo?

Cada ataque a un espacio comunitario es un mensaje para quienes invierten tiempo y energía en mejorar su barrio. Y cada vez que ese mensaje no encuentra respuesta institucional, la confianza de que vale la pena cuidar lo colectivo recibe un golpe que los objetos repuestos no alcanzan a reparar solos.

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