Quiénes fueron las víctimas fatales de la explosión

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La tragedia que marcó el inicio del año 2004 en Florencio Varela tuvo su epicentro en un depósito clandestino de pirotecnia, ubicado en los fondos de un supermercado mayorista. La explosión resultante cobró la vida de cinco personas y dejó a otras 15 con heridas graves, sembrando el luto y la desolación en la comunidad.

Las víctimas, identificadas como Mirta Noelia Morales (25 años), Segundo Loyola García Vázquez (dentista peruano), Luis Quinteros (18 años), y Jorge Benítez (8 años), vivieron un fatídico encuentro con el destino mientras la explosión desgarraba el espacio cercano al «El Rey de la Oferta». Mirta Morales, embarazada de 7 meses, compartía un momento de relax en el quincho de la casa de su suegra, justo detrás del supermercado. Loyola García Vázquez, a punto de mudarse de consultorio, atendía al lado del lugar de la tragedia. Quinteros, empleado del supermercado, y Benítez, un niño de 8 años, también se encontraban en la zona al momento de la detonación.

Los testimonios de la época reflejan el dolor y la angustia que dejó la tragedia. Ismael Morales, padre de Mirta, recorrió hospitales en busca de su hija y su nieto, lamentando la pérdida a tan solo dos meses del esperado nacimiento. Néstor Brugiatelli, propietario de un negocio de aberturas, perdió todo lo que le costó veinte años construir. Otros comerciantes en las cercanías también compartieron pérdidas significativas, y la onda expansiva se sintió a seis kilómetros a la redonda.

José Vaca, peluquero ubicado a 30 metros del supermercado, describió la magnitud de la explosión. «Fue una explosión muy grande, volaron todos los vidrios a 35 metros de la puerta principal», afirmó. Además, lamentó la pérdida de sus herramientas de trabajo, robadas en medio del caos. A sus pies, se encontraban esparcidos cohetes y cartuchos quemados, junto con restos de productos alimenticios.

Raúl Fuentes, testigo del impactante suceso, recordó la sensación de la onda expansiva: «Por la onda expansiva sentí como si me tironearan de la remera», describió. El estruendo resonó a seis kilómetros de distancia, dejando en la memoria de la comunidad una tragedia que cambiaría sus vidas para siempre.

La explosión en KM 26 no solo dejó secuelas físicas, sino también emocionales y económicas, marcando un trágico capítulo en la historia de Florencio Varela.

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