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	<title>Opinion - Infosur Diario</title>
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	<lastBuildDate>Fri, 11 Sep 2026 10:20:07 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Opinion - Infosur Diario</title>
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		<title>Septiembre de alguna forma me hace mal</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/septiembre-de-alguna-forma-me-hace-mal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2026 22:16:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[opinón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vuelve cada año con la misma herida abierta, con los mismos nombres pendientes de justicia. Y aun así, mientras alguien los pronuncie, no habrán desaparecido del todo. Hay meses que pasan. Septiembre no. Capitán Cianuro Septiembre vuelve cada año con una memoria que no envejece, que no se deja domesticar por el calendario ni por [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vuelve cada año con la misma herida abierta, con los mismos nombres pendientes de justicia. Y aun así, mientras alguien los pronuncie, no habrán desaparecido del todo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay meses que pasan. Septiembre no.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Septiembre vuelve cada año con una memoria que no envejece, que no se deja domesticar por el calendario ni por el paso de las décadas. Vuelve con los rostros de nuestros detenidos desaparecidos, con sus fotografías gastadas de tanto sostenerlas en las marchas, con sus nombres repetidos como una letanía, y con esas familias que todavía esperan una respuesta que nunca llegó. Vuelve con una herida que después de 53 años sigue abierta, porque hay dolores que no se pueden cerrar con olvido, por más que algunos insistan en pedirlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 11 de septiembre de 1973 no fue solamente el día en que cayó un gobierno. Fue el comienzo de una larga noche de miedo, silencio, muerte y desaparición. Una noche que quiso borrar la memoria de un país entero, apagar sus voces una por una, como si fuera posible desmontar la historia a punta de fusil. Pero hay algo que la violencia nunca pudo matar: la voz. Y esa noche, mientras todo se derrumbaba, también empezó a tejerse, sin que nadie lo supiera todavía, la resistencia de quienes se negarían a olvidar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está Allende, en aquel último discurso que todavía atraviesa el tiempo como si se hubiera pronunciado ayer. Su voz aparece entre las ruinas de La Moneda, cuando todo se derrumba y la muerte ya está entrando en la historia, y aun así, increíblemente, habla del futuro. No habla de rendición ni de derrota: habla de lo que vendrá después de él, de las alamedas que algún día volverían a abrirse. Sus palabras siguen teniendo sentido y razón porque hay voces que sobreviven precisamente cuando quienes intentaron callarlas ya no están, y esa es quizás la primera derrota que sufrieron los que creyeron que con las armas alcanzaba.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Y después vino el silencio o el intento de imponerlo.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El 16 de septiembre asesinaron a Víctor Jara. Intentaron silenciar al hombre que cantaba, destruir sus manos, su cuerpo, su vida, como si romper unos dedos pudiera romper también una canción. Pero no pudieron matar su canto. Quedó truncado, sí, interrumpido a la fuerza, pero nunca terminó, porque encontró otra forma de existir: en quienes lo escuchan hoy sin haber nacido entonces, en quienes lo recuerdan sin haberlo conocido, en quienes todavía entienden que cantar también puede ser una manera de resistir, de decir que no, de seguir estando vivo aunque el cuerpo ya no lo esté.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el 23 de septiembre, en ese mismo septiembre oscuro que parecía no querer terminar nunca, Neruda también partió. Chile parecía quedarse sin voces, como si la dictadura hubiera logrado, en apenas doce días, silenciar al presidente, al cantor y al poeta. Pero quizás la historia nunca funciona así, quizás nunca ha funcionado así. Los hombres mueren; las voces, cuando pertenecen a la memoria de un pueblo, permanecen, se filtran, se cuelan por debajo de la censura y del miedo, y terminan encontrando siempre a alguien dispuesto a repetirlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en medio de todo eso, mientras los hombres caían o eran hechos desaparecer, estaban las mujeres que salieron a buscarlos: a sus hombres, a sus hijos, a sus hermanos. Las que golpearon puertas que no se abrían, recorrieron cárceles negando lo evidente, aprendieron a convivir con una ausencia que nunca tuvo sepultura ni certificado ni tumba donde llevar flores. Fueron esas mismas mujeres las que un día decidieron bailar la cueca solas, con un pañuelo blanco buscando en el aire una mano que ya no estaba, convirtiendo una danza de pareja en un acto de memoria y de resistencia pública, en plena calle, en pleno día, desafiando a quienes preferían que todo aquello se olvidara en privado. Ellas no bailaban solas: bailaban con los que faltaban, con los nombres que quisieron borrar de los registros, con los cuerpos que nunca fueron entregados a nadie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguna vez dije que septiembre no me hacía del todo bien. Y es verdad. Me hace mal porque recuerdo. Porque hay ausencias que todavía duelen como el primer día, porque hay nombres que seguimos pronunciando en voz alta para que no se pierdan, y porque todavía existen familias que nunca pudieron despedirse como corresponde, sin un cuerpo, sin un lugar, sin un cierre, pero no voy a dejar de recordarte…No ahora. No mañana. Nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque recordar no es quedar atrapados en el pasado, como algunos quieren hacer creer para desacreditar la memoria. Recordar es, más bien, impedir que la mentira ocupe el lugar de la verdad. Es mirar a nuestros muertos y decirles que no fueron olvidados, que su nombre sigue significando algo. Es mantener encendida una memoria que nos obliga, todos los años, a defender aquello que tanto costó recuperar: la democracia, la dignidad y la libertad, palabras que a fuerza de repetirse corren el riesgo de vaciarse, pero que detrás siguen teniendo cuerpos, rostros e historias concretas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Septiembre me hace mal, pero te recuerdo. Ahora y siempre.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras alguien pronuncie sus nombres, mientras una mujer vuelva a bailar una cueca frente a una ausencia, mientras Víctor siga cantando en la voz de quien lo escuche por primera vez, y mientras las palabras de Allende continúen atravesando el tiempo como si acabaran de ser dichas, ellos seguirán estando entre nosotros. No como fantasmas del pasado, sino como una presencia activa que sigue exigiendo respuestas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por nuestros desaparecidos, por nuestra memoria, por quienes fueron y por quienes vienen…NUNCA MÁS.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>Chile parece condenado a ser laboratorio</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/chile-parece-condenado-a-ser-laboratorio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Sep 2026 14:43:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[foro]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Foro Madrid: cuando la ultraderecha convierte a Santiago en su laboratorio continental. Capitán Cianuro Chile tiene una extraña vocación de laboratorio. Cada cierto tiempo alguien decide experimentar con nosotros y, curiosamente, casi siempre quienes hacen el experimento terminan convencidos de que están salvando al país. Durante la dictadura de Augusto Pinochet fuimos el gran laboratorio [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Foro Madrid: cuando la ultraderecha convierte a Santiago en su laboratorio continental.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile tiene una extraña vocación de laboratorio. Cada cierto tiempo alguien decide experimentar con nosotros y, curiosamente, casi siempre quienes hacen el experimento terminan convencidos de que están salvando al país. Durante la dictadura de Augusto Pinochet fuimos el gran laboratorio neoliberal de América Latina. Mientras en las calles se perseguía, torturaba, asesinaba y desaparecía a quienes pensaban distinto, en los escritorios de algunos economistas se ensayaba una nueva religión económica que prometía convertir al mercado en una especie de dios omnisciente, capaz de ordenar por sí solo aquello que la política, según ellos, había sido incapaz de resolver. Chile fue entonces un experimento económico y el experimento funcionó lo suficiente como para que después otros países compraran la receta. Cincuenta años después, parece que quieren volver a experimentar con nosotros. Solo que esta vez el laboratorio no será la economía. Será la política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santiago recibirá el V Encuentro Regional de Foro Madrid, esa especie de internacional de las nuevas ultras derechas que ha ido construyendo puentes entre dirigentes europeos, latinoamericanos y estadounidenses. Javier Milei, José Antonio Kast, Santiago Abascal y otros representantes de esta constelación política delirante, se reunirán en la capital chilena para hablar, entre otras cosas, de libertad, soberanía, seguridad, patria y civilización occidental. Palabras hermosas, por cierto. La historia está llena de ellas y también está llena de personas que las utilizaron para hacer exactamente lo contrario de aquello que decían defender. Porque nadie llega al poder diciendo que pretende destruir la democracia. Hasta los autoritarios necesitan presentarse como sus salvadores. Nadie anuncia que viene a quitar libertades; viene a “recuperarlas”. Nadie dice que pretende perseguir al adversario; dice que viene a combatir a los enemigos de la patria. Nadie reconoce que quiere imponer una determinada visión del mundo; habla de recuperar el sentido común. La política contemporánea ha descubierto algo extraordinariamente eficaz: basta cambiar el nombre de las cosas para que algunas cosas parezcan nuevas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí está precisamente el peligro. No estamos frente a un grupo de filósofos reunidos en Santiago para discutir serenamente sobre el futuro de Occidente mientras toman café y citan a Spinoza. Tampoco frente a una inocente reunión de intelectuales preocupados por el destino de la democracia. Estamos frente a políticos enajenados que han entendido que el miedo moviliza mucho más que la esperanza, que el enemigo vende mejor que el argumento y que una sociedad dividida entre buenos y malos es infinitamente más fácil de administrar que una sociedad compleja, contradictoria y llena de ciudadanos que piensan por sí mismos. El gran éxito de estas nuevas derechas no consiste solamente en haber ganado elecciones. Consiste en haber conseguido transformar la política en una batalla moral, donde ya no basta con discrepar: hay que destruir al adversario; ya no basta con tener una ideología: hay que convertirla en una religión; ya no basta con tener un líder: hay que convertirlo en mesías. Y cuando aparece el mesías aparecen inevitablemente los creyentes, los conversos y también los herejes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto ocurre mientras nos hablan obsesivamente de libertad. La paradoja sería divertida si no fuera tan peligrosa, porque la libertad de la que hablan parece funcionar maravillosamente mientras todos estén de acuerdo con ellos. El problema comienza cuando aparece alguien que piensa distinto. Entonces la libertad empieza a tener condiciones y la democracia comienza a adquirir letra pequeña. Chile debería prestar especial atención a esa transformación porque conocemos demasiado bien el final de ciertas historias. Este país ya tuvo un laboratorio. Ya sabemos lo que significa que desde el extranjero se mire a Chile como un experimento ejemplar. Ya sabemos lo que significa que nuestras instituciones sean utilizadas como vitrinas para demostrarle al mundo que determinado modelo puede funcionar. Ya sabemos también que detrás de las grandes teorías económicas y políticas existen personas concretas que terminan pagando el precio cuando el experimento sale mal. Por eso resulta tan inquietante que nuevamente se quiera convertir a Santiago en una especie de capital continental de una corriente política que está creciendo alrededor del nacionalismo, el autoritarismo cultural, la obsesión por la seguridad, el anticomunismo convertido en comodín y una guerra permanente contra aquello que sus protagonistas han decidido llamar “progresismo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile vuelve a ser mostrado como ejemplo y cuando un país comienza a ser presentado como ejemplo por quienes pretenden transformar radicalmente una región, conviene preguntar exactamente qué es lo que están admirando. Porque quizá no estén admirando nuestras montañas, nuestra cordillera, nuestros vinos, ni nuestro océano. Quizá estén admirando la posibilidad de demostrar que una sociedad latinoamericana puede convertirse en la punta de lanza de una nueva derecha internacional. Y eso es bastante diferente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo curioso es que muchos de quienes participan en este movimiento parecen vivir convencidos de que han descubierto algo completamente nuevo, cuando en realidad están reciclando viejos fantasmas con tecnología de redes sociales. El caudillo ahora tiene X, la propaganda tiene algoritmos, la arenga tiene millones de reproducciones y el culto a la personalidad tiene seguidores, likes y notificaciones. El enemigo de ayer era el comunista; el enemigo de hoy puede ser el globalista, el progresista, el woke, la izquierda, bueno el zurdo, el burócrata internacional,&nbsp; o cualquier otro personaje que pueda ser colocado convenientemente en el escenario del mal. Cambian las palabras; el mecanismo permanece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en medio de todo esto aparece un fenómeno particularmente desagradable: el narcisismo político. La necesidad permanente de tener la razón, la incapacidad de admitir errores, la convicción de que el líder encarna la voluntad del pueblo, la idea de que cualquier crítica constituye una conspiración y la transformación de la política en una extensión del ego. No es necesario llamar “enfermos psiquiátricos” a sus protagonistas. La enfermedad no está necesariamente en las personas, sino en una cultura política que ha conseguido convertir el narcisismo en virtud y la arrogancia en liderazgo. Es la decadencia de una política que ya no quiere convencer, sino vencer, y después pretende que los vencidos agradezcan haber sido derrotados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso el encuentro de Santiago resulte más interesante de lo que sus organizadores imaginan. Porque quizás los electores miren, escuchen y, por una vez, no se queden únicamente con el espectáculo de los hombres fuertes, las banderas, las consignas y las fotografías. Quizás se pregunten qué viene después. Porque ese es siempre el problema con los experimentos: nunca basta con observar el comienzo, hay que preguntarse quién pagará la cuenta cuando termine.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile ya fue laboratorio de una revolución económica y ahora pretenden convertirlo en laboratorio de una revolución política. Tal vez la verdadera prueba no sea para ellos, sino para nosotros; para saber si una sociedad que sufrió una dictadura es capaz de reconocer los síntomas de la intolerancia antes de que vuelvan a convertirse en enfermedad colectiva, para saber si todavía entendemos que democracia significa algo más que ganar una elección, para saber si todavía somos capaces de convivir con quien piensa distinto sin querer convertirlo en enemigo y para saber, en definitiva, si aprendimos algo de nuestra propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy 3 de septiembre Santiago recibirá a quienes llegan convencidos de estar inaugurando una nueva era. Que hablen, que se reúnan, que defiendan sus ideas. La democracia debe soportarlo. <strong><em>Pero que nadie confunda la tolerancia democrática con ingenuidad</em></strong>. Una democracia madura no teme escuchar a sus adversarios: los observa, los analiza, los confronta y, sobre todo, recuerda.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile ya fue laboratorio una vez y quizá sea hora de decirles a quienes vuelven a mirarnos como territorio de experimentación que esta vez el experimento tiene un elemento que no estaba en sus cálculos: los ciudadanos también están mirando. Y a veces, cuando los militantes de a pie recuerdan, los laboratorios dejan de ser laboratorios. Se convierten simplemente en países. Países con memoria, países con heridas, países que ya saben que detrás de ciertas palabras demasiado grandiosas puede esconderse una oscuridad bastante menos grandiosa. Porque los buitres nunca necesitan anunciar que vienen a devorar. Les basta con esperar. Y Chile ya conoce demasiado bien el sonido de sus alas.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/chile-parece-condenado-a-ser-laboratorio/">Chile parece condenado a ser laboratorio</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Kicillof, Milei y la batalla por la Argentina que viene</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/kicillof-milei-y-la-batalla-por-la-argentina-que-viene/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Aug 2026 12:33:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[2027]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Kicillof]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Capitán Cianuro Javier Milei ya anunció que irá por la reelección. Y aunque todavía falta para 2027, sería ingenuo pensar que su triunfo es imposible. Al contrario: si las piezas se mueven a su favor, si la oposición continúa fragmentada y si el oficialismo consigue convertir sus resultados en un relato electoral convincente, Milei perfectamente [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Capitán Cianuro</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Javier Milei ya anunció que irá por la reelección. Y aunque todavía falta para 2027, sería ingenuo pensar que su triunfo es imposible. Al contrario: si las piezas se mueven a su favor, si la oposición continúa fragmentada y si el oficialismo consigue convertir sus resultados en un relato electoral convincente, Milei perfectamente podría volver a ganar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo verdaderamente llamativo es que Milei parece vivir políticamente en un universo paralelo. Mientras una parte importante de la sociedad cuestiona el costo social de su gobierno, él insiste en presentarlo como el mejor de la historia argentina. Y ahí está precisamente una de sus mayores fortalezas: no necesita que todos crean en los resultados; necesita que suficientes personas crean en el relato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Milei entendió algo que buena parte de la política tradicional todavía no comprende: la política contemporánea no se gana solamente administrando, también se gana construyendo una narrativa emocional capaz de convertir frustraciones reales en adhesiones políticas. Su discurso sigue siendo el mismo: él llegó para destruir a la “casta”, enfrentar a los “chorros”, terminar con décadas de decadencia y salvar a Argentina del desastre. El problema es que una cosa es construir ese relato y otra muy distinta demostrar que la realidad cotidiana de millones de argentinos efectivamente mejoró.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del otro lado aparece Axel Kicillof, que poco a poco parece adquirir una dimensión nacional y convertirse en uno de los principales nombres de la oposición. Su desafío no es menor. No basta con ser anti-Milei, como tampoco bastaría con reivindicar nostálgicamente al kirchnerismo. Si Kicillof quiere convertirse en una alternativa presidencial real, tendrá que construir algo más amplio que una identidad partidaria: hablarle a los trabajadores empobrecidos, a los jubilados, a los jóvenes sin expectativas y a quienes perdieron poder adquisitivo, pero también a aquellos que votaron por Milei porque estaban hartos de una política tradicional incapaz de ofrecer respuestas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso Cristina Fernández de Kirchner deberá entender que esta elección no puede transformarse simplemente en una batalla de supervivencia del kirchnerismo. Si la oposición quiere derrotar a Milei, tendrá que construir una mayoría social que vaya mucho más allá de Cristina, del peronismo y de sus estructuras tradicionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porqué Milei tiene una ventaja, puede ser porque supo venderse. Puede transformar un fracaso en una etapa necesaria, un costo social en sacrificio patriótico, una contradicción en una conspiración y una crítica en una prueba de que “la casta” está desesperada. Su política tiene mucho de espectáculo, provocación y guerra cultural. Y funciona. No necesariamente porque todos sus argumentos sean verdaderos, sino porque ha conseguido instalar explicaciones simples para problemas extremadamente complejos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El peligro está justamente ahí: cuando un relato se repite lo suficiente, termina sustituyendo a la realidad.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tampoco hay que subestimar al otro lado. Si Kicillof consigue convertir el malestar social en una propuesta concreta, inteligente y emocionalmente potente, puede comenzar a disputarle a Milei algo mucho más importante que una elección: el derecho a definir qué significa el futuro de Argentina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su desafío será llegar a quienes votaron por Milei y hoy están pagando el costo de sus propias expectativas; a quienes creyeron que la motosierra iba a cortar solamente los privilegios de otros y descubrieron que también podía entrar por la puerta de su propia casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El oficialismo intentará mantener un discurso “Milei o Cristina”,&nbsp; dando a entender que Axel sería un títere de la señora K, aunque la realidad será entre dos relatos sobre qué Argentina construir después del agotamiento de un modelo que durante décadas acumuló frustraciones y de un experimento libertario que prometió una refundación casi mesiánica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También habrá que observar el papel de los intereses económicos, tecnológicos y geopolíticos internacionales que inevitablemente gravitan sobre una elección argentina de semejante importancia. No hace falta recurrir a teorías conspirativas para entender que Argentina posee recursos estratégicos, energía, minerales críticos, alimentos y una posición geopolítica demasiado relevante como para que los grandes intereses internacionales miren la elección desde la platea. La discusión seria está en identificar quiénes son esos actores, qué intereses representan y hasta dónde pretenden influir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, Milei seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: convertir la política en espectáculo, fabricar enemigos, ocupar el centro de la conversación y repetir hasta el cansancio que él es quien está salvando a Argentina. Y probablemente seguirá encontrando millones dispuestos a creerlo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La oposición, en cambio, tendrá que hacer algo mucho más difícil: convencer a quienes ya no creen en nadie.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Si Kicillof logra hacerlo, si consigue unir al peronismo sin quedar atrapado en sus viejas estructuras, incorporar a sectores independientes y transformar el descontento en una propuesta de futuro, entonces 2027 puede convertirse en una verdadera batalla política continental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si Milei logra reelegirse, habrá demostrado que su relato fue capaz de sobrevivir incluso a sus contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero si Kicillof consigue derrotarlo, la señal para América Latina será enorme: demostraría que el péndulo político puede volver a moverse cuando el espectáculo deja de ser suficiente y la sociedad comienza a exigir algo bastante más elemental que consignas, enemigos imaginarios y motosierra: vivir mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La batalla recién comienza. Y esta vez no estará en juego solamente quién ocupa la Casa Rosada, sino quién consigue convencer a los argentinos de que su proyecto representa realmente el futuro y no simplemente una nueva manera de administrar el desencanto.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/kicillof-milei-y-la-batalla-por-la-argentina-que-viene/">Kicillof, Milei y la batalla por la Argentina que viene</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>San Martín jamás le habría escrito a Milei</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/san-martin-jamas-le-habria-escrito-a-milei/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2026 10:19:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias de Florencio Varela Quilmes y Berazategui]]></category>
		<category><![CDATA[San Martín]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando el poder necesita que hasta los muertos lo feliciten, ya no basta con gobernar: también hay que reescribir la historia. Capitán Cianuro ¿Vieron el video difundido este 17 de agosto, precisamente cuando Argentina conmemora los 172 años del fallecimiento del general José de San Martín, en el que el “Libertador”, adicto al clonazepam, aparece [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Cuando el poder necesita que hasta los muertos lo feliciten, ya no basta con gobernar: también hay que reescribir la historia.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Vieron el video difundido este 17 de agosto, precisamente cuando Argentina conmemora los 172 años del fallecimiento del general José de San Martín, en el que el “Libertador”, adicto al clonazepam, aparece mediante inteligencia artificial, escribiéndole a Javier Milei para expresarle su supuesto orgullo por los “logros” alcanzados por su gobierno? Hay algo profundamente revelador en esa escena: cuando los vivos ya no alcanzan para respaldar al poder, siempre queda la posibilidad de hacer hablar a los muertos, aunque esto ya nos parezca patético, es una realidad que se debe asumir como otras de las muchas desinteligencias del poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más que un homenaje, el video resulta deplorable. Y no porque San Martín necesite que alguien salga en su defensa, sino porque una figura histórica de semejante dimensión termina convertida en actor involuntario de una propaganda política contemporánea de mala clase.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">San Martín&nbsp; pasó buena parte de su vida luchando contra el dominio colonial, aparece ahora convertido, gracias a la tecnología, en una especie de comentarista oficial del gobierno de Milei. Sólo faltó que terminara el mensaje recomendando comprar dólares y criptomonedas. La ironía sería divertida si no escondiera algo bastante más serio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Libertador&nbsp; luchó precisamente contra aquello que el actual gobierno argentino parece mirar con una admiración difícil de disimular: el sometimiento colonial, la subordinación política y la dependencia respecto de una potencia extranjera. Su proyecto no consistió en entregar la soberanía argentina a nadie, sino en conquistarla. No buscó la aprobación de los poderosos, sino enfrentarlos cuando fue necesario. Y entendió, mucho antes de que existieran los actuales mapas políticos, que la independencia latinoamericana no podía reducirse a cambiar una bandera por otra mientras permanecían intactas las relaciones de subordinación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su campaña libertadora no terminó en la frontera argentina. Cruzó los Andes hacia Chile y luego continuó hacia el Perú: ambos territorios forman parte inseparable de esa historia. San Martín pensaba en términos de emancipación continental porque comprendía algo elemental, pero decisivo: una nación puede declararse independiente y, aun así, seguir siendo dependiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta grotesco imaginarlo felicitando a un presidente cuya política exterior ha hecho de la cercanía con Estados Unidos uno de sus principales ejes, que reivindica una relación privilegiada con los grandes poderes económicos y que, demasiadas veces, parece confundir la soberanía con una palabra antigua que conviene pronunciar en los discursos patrióticos. La imagen de Javier Milei como una suerte de perro faldero de Donald Trump no solo resulta políticamente lamentable; también revela, en muchos aspectos, la pequeñez con que entiende el ejercicio del poder y la idea misma de soberanía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el asunto no es solamente Milei. El problema es mucho más profundo y tiene que ver con algo todavía más delicado: <strong>la utilización política de la memoria</strong>, la apropiación de figuras históricas para hacerlas decir, desde el presente, aquello que jamás dijeron y convertirlas en instrumentos de legitimación de proyectos políticos que contradicen, precisamente, el sentido de sus propias luchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Milei no se limita a gobernar el presente: también parece necesitar controlar el relato sobre el pasado. Y cuando el pasado no coincide suficientemente con el discurso oficial, siempre existe la posibilidad de editarlo, maquillarlo y, llegado el caso, ponerle una voz artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, los próceres dejan de ser personajes históricos complejos, contradictorios y discutibles para convertirse en estampitas ideológicas. San Martín puede ser presentado como libertario, Belgrano como liberal, Sarmiento como profeta del presente y cualquier figura histórica puede terminar cuidadosamente acomodada en el álbum de figuritas de la política contemporánea. La historia deja entonces de ser memoria para convertirse en utilería y propaganda de mala monta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El procedimiento es bastante sencillo: se toma a una figura respetada, se le atribuyen palabras que jamás pronunció y se la hace aparecer felicitando al gobierno de turno. Después se difunde el video, se comparte en redes sociales y, entre algoritmos y consignas, la ficción empieza a circular con apariencia de verdad.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Es una vieja práctica política con tecnología nueva.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Antes se manipulaban fotografías, se retocaban discursos o se inventaban anécdotas. Ahora podemos resucitar digitalmente a los próceres y hacerlos decir exactamente aquello que necesitamos que digan. El muerto perfecto, además, tiene una ventaja extraordinaria: jamás podrá salir a desmentirnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de impedir que la inteligencia artificial recree personajes históricos. Puede ser una herramienta educativa, cultural e incluso artística. El problema aparece cuando la ficción se utiliza como propaganda y se pretende vestir de autoridad histórica aquello que no es más que una construcción política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">San Martín no necesita convertirse en mileísta. Tampoco necesita ser peronista, socialista, radical ni militante de ninguna otra corriente. Su legado pertenece a la historia, no al departamento de marketing de ningún gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los próceres no necesitan ser convertidos en militantes imaginarios del poder. Mucho menos cuando ese poder necesita hacerlos hablar para obtener una legitimidad que el presente, aparentemente, no consigue producir por sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque hay algo profundamente paradójico en todo esto: un gobierno que reivindica la libertad termina necesitando poner palabras en boca de alguien que ya no puede ejercer la suya. Y quizá allí esté la verdadera enseñanza de este episodio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia puede discutirse, interpretarse, revisarse y hasta incomodarnos. Lo que no debería hacerse es obligarla a decir exactamente lo que el poder necesita escuchar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando un gobierno necesita que hasta San Martín lo felicite, tal vez el problema no sea que el Libertador haya cambiado de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez el problema sea que alguien necesita desesperadamente que parezca que la historia está de su lado.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/san-martin-jamas-le-habria-escrito-a-milei/">San Martín jamás le habría escrito a Milei</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La Argentina no se vende: por ahora</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/la-argentina-no-se-vende-por-ahora/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Aug 2026 09:38:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://infosurdiario.com.ar/?p=57923</guid>

					<description><![CDATA[<p>Los argentinos esta vez salieron a la calle por algo bastante más importante que un Mundial. Salieron porque entendieron que detrás de una supuesta modernización de la economía podía esconderse algo mucho más brutal: la idea de que Argentina también podía ponerse en venta, hectárea por hectárea, lago por lago, montaña por montaña, hasta convertir [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Los argentinos esta vez salieron a la calle por algo bastante más importante que un Mundial. Salieron porque entendieron que detrás de una supuesta modernización de la economía podía esconderse algo mucho más brutal: la idea de que Argentina también podía ponerse en venta, hectárea por hectárea, lago por lago, montaña por montaña, hasta convertir la Patagonia y otras zonas estratégicas del país en parcelas disponibles para el mejor postor. </em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El proyecto impulsado por Javier Milei buscaba eliminar las restricciones que durante años limitaron la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. La Ley de Tierras establecía un límite del 15%; el Gobierno llegó a plantear directamente eliminarlo, mientras el ministro Federico Sturzenegger defendía la medida como una forma de atraer inversiones por unos 15.000 millones de dólares.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esta vez la calle habló más fuerte que la motosierra. El rechazo ciudadano, las organizaciones sociales, sectores políticos y la presión generada alrededor del Congreso obligaron al Gobierno a retroceder. Primero intentaron llevar el límite del 15% al 25%; después, cuando advirtieron que no tenían los votos, tuvieron que sacar del proyecto el capítulo que permitía la venta irrestricta de tierras a extranjeros. El Senado terminó aprobando la iniciativa por 37 votos contra 33, pero sin esa disposición.&nbsp; Y quizá ahí está una de las noticias más importantes de estos días: cuando la ciudadanía se organiza, incluso un Gobierno que parece dispuesto a pasar por encima de todo puede verse obligado a frenar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque no estamos hablando de unas cuantas parcelas perdidas en un mapa. Estamos hablando de un país donde ya existen aproximadamente 13,3 millones de hectáreas rurales en manos extranjeras, cerca del 5% del territorio nacional. En lugares como Cushamen, en Chubut, la proporción llega al 23%. Y mientras algunos celebran que Argentina pueda convertirse en un gigantesco mercado inmobiliario para capitales internacionales, otros recuerdan que debajo de esas tierras hay agua, minerales, bosques, fronteras, biodiversidad y soberanía.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es el verdadero rostro de la libertad adicto al clonazepam de Milei: todo puede ser liberado, todo puede ser desregulado y, llegado el caso, todo puede ser vendido. La pregunta es quién compra y qué queda para los argentinos cuando el negocio termina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Milei llegó prometiendo liberar a Argentina de sus viejas castas y terminó construyendo un Gobierno donde la palabra “libertad” parece servir para justificar casi cualquier cosa. Libertad para vender tierras; libertad para desregular; libertad para que el Estado deje de proteger; libertad para que el mercado decida quién puede acceder a una vida digna. Y mientras tanto, jubilados, trabajadores, enfermos y pequeñas empresas deben aprender a sobrevivir en un país donde el ajuste se presenta como virtud y el sufrimiento como una especie de requisito moral para alcanzar el paraíso libertario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El personaje que dirige esta experiencia tampoco ayuda demasiado a comprender dónde termina la ideología y dónde comienza la obsesión personal. </p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>Milei se muestra orgulloso de su alineamiento con Israel, se declara sionista y ha convertido su cercanía con Donald Trump y Benjamin Netanyahu en una especie de política exterior personal. El mismo presidente que habla de nacionalismo argentino parece tener una facilidad extraordinaria para subordinar la diplomacia del país a sus admiraciones políticas. </p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando no está peleando con sus enemigos ideológicos, se dedica a insultar a socios estratégicos como Brasil o España. La diplomacia convertida en pelea de cantina de mala vida puede ser entretenida para las redes sociales, pero resulta bastante menos divertida para un país que necesita mercados, inversiones y relaciones internacionales serias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras el Presidente juega a ser el gran libertario del continente, la Argentina real sigue pagando la cuenta. Las pequeñas empresas enfrentan un escenario durísimo, los jubilados han soportado fuertes pérdidas de poder adquisitivo y las políticas públicas de salud han sido objeto de recortes y desmantelamientos denunciados por profesionales y organizaciones. El problema no es solamente cuánto baja la inflación: el problema es qué queda de una sociedad cuando para equilibrar una planilla se empieza a considerar prescindible todo aquello que protege a las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la protesta contra la venta de tierras tiene un significado mucho mayor. No es solamente una pelea por la Patagonia. Es una pelea por el concepto mismo de país. Porque una nación puede vender empresas, concesionar servicios, atraer capital extranjero y abrir su economía; pero cuando comienza a considerar su territorio simplemente como un activo disponible para quien tenga suficiente dinero para comprarlo, algo más profundo está ocurriendo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Argentina puede necesitar inversiones. Lo que no necesita es convertirse en una inmobiliaria con bandera.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizás por eso esta vez la calle consiguió algo que parecía improbable: frenar a Milei. No definitivamente, porque el Gobierno ya ha demostrado que cuando una puerta se cierra busca otra para entrar. Pero sí lo suficiente para recordar que la soberanía no pertenece al Presidente, ni a sus ministros, ni a los multimillonarios que puedan mirar el mapa argentino como una oportunidad de negocios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pertenece a los argentinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por esta vez, al menos por ahora, Argentina no se vende.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/la-argentina-no-se-vende-por-ahora/">La Argentina no se vende: por ahora</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Gustavo Petro y el gobernar contra la corriente</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/gustavo-petro-y-el-gobernar-contra-la-corriente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Aug 2026 20:54:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[América]]></category>
		<category><![CDATA[colombia]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Petro]]></category>
		<category><![CDATA[opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Capitán Cianuro para Infosur Cuando Gustavo Petro llegó a la presidencia el año 2022,&#160; lo hizo rompiendo un paradigma histórico., incluso un derrotismo electoral que sentían que nuevamente por fraude la derecha se instalaría en el poder, pero las circunstancia determinaron que por primera vez la izquierda, desde 200 años, alcanzaba el poder por la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Capitán Cianuro para Infosur</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Gustavo Petro llegó a la presidencia el año 2022,&nbsp; lo hizo rompiendo un paradigma histórico., incluso un derrotismo electoral que sentían que nuevamente por fraude la derecha se instalaría en el poder, pero las circunstancia determinaron que por primera vez la izquierda, desde 200 años, alcanzaba el poder por la vía democrática en Colombia, un país marcado durante décadas por el conflicto armado, el predominio de sectores conservadores y una profunda desigualdad social. Esa sola circunstancia convirtió su gobierno en uno de los más observados de América Latina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, gobernar resultó siendo mucho más complejo que ganar el proceso electoral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre los aspectos positivos de su administración y que se lograron concretar destaca la intención de colocar temas que durante años permanecieron postergados. La protección ambiental, transición energética, reforma agraria,&nbsp; implementación del acuerdo de paz y reducción de la desigualdad pasaron a ocupar un lugar central en el debate público nacional. Además se&nbsp; impulsó una reforma de pensiones que fue considerada una de los principales triunfos de su mandato en orden legislativa, aunque otras reformas que pudieron ver la luz encontraron fuertes resistencias por parte de una oposición que no dio mucha tregua al gobierno de Petro.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En política internacional, Gustavo Petro logró proyectar una imagen distinta de Colombia. Se alejó del alineamiento automático con Washington y buscó construir una política exterior más autónoma. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Sus intervenciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas fueron especialmente comentadas por cuestionar la llamada «guerra contra las drogas», denunciar la crisis climática y señalar las responsabilidades de las grandes potencias en los problemas globales. Para muchos fueron discursos valientes, que rompieron con décadas de diplomacia timoratas y cautelosa; para sus críticos, tuvieron un tono extremadamente confrontacional.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">Uno de los momentos que más reforzó esa imagen fue su firmeza frente al presidente Donald Trump. Petro evitó adoptar una posición subordinada y defendió públicamente la soberanía colombiana y latinoamericana frente a las presiones externas. Sus seguidores interpretaron esa actitud como una muestra de dignidad política; sus detractores, en cambio, sostuvieron que una relación más <strong>pragmática</strong> habría favorecido mejor los intereses económicos y diplomáticos del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, los problemas comenzaron a hacerse visibles dentro de su propio gobierno. Petro mostró dificultades para construir mayorías estables en el Congreso y mantener cohesionada su coalición. Los constantes cambios de ministros, las disputas internas y las tensiones con sectores que inicialmente lo apoyaban terminaron debilitando su capacidad de gestión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los episodios más comentados y complejos&nbsp; fue el progresivo aislamiento de su vicepresidenta, Francia Márquez. Elegida como símbolo de inclusión, liderazgo afrodescendiente y justicia social, Márquez fue perdiendo protagonismo político con el paso de los meses. Las diferencias con el círculo más cercano al presidente y la disminución de su influencia dentro del Ejecutivo alimentaron la percepción de que una de las figuras más representativas del proyecto original había quedado marginada. Aunque nunca rompieron formalmente relaciones, la distancia política fue evidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También hubo cuestionamientos por la forma de comunicar. Petro suele intervenir directamente en los debates públicos, principalmente a través de redes sociales, lo que en ocasiones generó controversias y contribuyó a una percepción de improvisación. A ello se sumaron investigaciones que afectaron a personas cercanas a su gobierno y episodios que desgastaron la imagen presidencial, aun cuando no implicaran responsabilidad directa del mandatario.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En materia económica, el panorama fue mixto. Colombia logró mantener una estabilidad macroeconómica, pese a un contexto internacional complejo, pero persistieron preocupaciones por la inversión privada, la incertidumbre regulatoria y la lenta ejecución de algunos proyectos estratégicos.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, el gobierno de Gustavo Petro deja una sensación ambigua. Fue una administración que intentó modificar prioridades históricas y ampliar el debate político, pero se encontró serias dificultades para transformar esas aspiraciones en resultados consistentes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su legado probablemente no se medirá solo por reformas que consiguió aprobar, sino también por haber cambiado el mapa político del país y abierto discusiones que esperemos no desaparezcan en esta próxima administración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de las simpatías o rechazos que despierte Gustavo Petro, será recordado como un presidente que desafió las estructuras tradicionales del poder, llevó una voz propia a los escenarios internacionales e intentó imprimir un rumbo distinto a Colombia. Sin embargo, gran parte de sus iniciativas quedó condicionada por la fragmentación política, las tensiones internas y una gestión que nunca logró consolidar plenamente el impulso transformador con el que llegó al poder.&nbsp;</p>



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		<item>
		<title>Milei: cuando el insulto se convierte en política exterior</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/milei-cuando-el-insulto-se-convierte-en-politica-exterior/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 11:35:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
		<category><![CDATA[política exterior]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El insulto suele ser el recurso de quienes se quedan sin argumentos. Javier Milei convirtió ese mecanismo elemental en doctrina de Estado. Capitán Cianuro El problema es que no es un comentarista furioso de redes sociales ni un panelista con hambre de rating: es el Presidente de Argentina. Cuando insulta a un mandatario extranjero, a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El insulto suele ser el recurso de quienes se quedan sin argumentos. Javier Milei convirtió ese mecanismo elemental en doctrina de Estado.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que no es un comentarista furioso de redes sociales ni un panelista con hambre de rating: es el Presidente de Argentina. Cuando insulta a un mandatario extranjero, a un juez o a un adversario, no habla Javier Milei a título personal: habla el jefe de Estado de la República Argentina. Esa diferencia parece no haberla entendido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo demostró otra vez al referirse en términos degradantes a un ministro de la Corte Suprema brasileña y atacar al presidente Lula da Silva. Convirtió así un repertorio de agravios personales en un problema diplomático con Brasil, el gigante sudamericano y socio comercial estratégico de Argentina. Una genialidad, si la política exterior se escribiera en una cantina a las tres de la mañana. Pero no: se trata de relaciones internacionales, y Brasil no es un enemigo imaginario inventado para satisfacer a una tribu política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es, además, el principal destino de las exportaciones industriales argentinas y el socio central del Mercosur, ese bloque que el propio Gobierno dice querer flexibilizar sin romper. Cada golpe verbal contra Lula no queda flotando en el aire de la política interna: golpea también a los frigoríficos, a las automotrices, a las economías regionales que dependen de un vínculo comercial fluido con el vecino. Insultar al presidente de tu principal socio comercial no es una travesura retórica: es un boomerang con arancel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta no es si Milei tiene derecho a decir estupideces —en democracia hasta los presidentes pueden exhibir sus límites—. La pregunta es hasta cuándo los argentinos permitirán que sus arrebatos personales se conviertan en costos para el país. Porque una cosa es ser un provocador y otra, muy distinta, administrar una nación como si fuera una cuenta de redes sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Milei necesita enemigos: los fabrica, los insulta y luego se presenta como víctima de quienes reaccionan. El método funciona para sumar seguidores y generar titulares, pero la diplomacia no se rige por esas reglas. Un presidente puede discrepar con Lula, cuestionar su gobierno, discutir ideas opuestas: todo eso es política democrática. Lo que no se entiende es por qué necesita hacerlo a los insultos. ¿No puede argumentar? Quizás la respuesta esté ahí: cuando el argumento es débil, el insulto se vuelve imprescindible.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El momento elegido agrava todo: esto ocurre en medio del lanzamiento político de Eduardo Bolsonaro, en un Brasil ya tensionado por su crisis institucional. Milei aparece como quien envía un bidón de nafta a una reunión donde todos discuten cómo apagar un incendio.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La diplomacia no funciona a gritos. Los tratados no se negocian con berrinches. Y Brasil no tiene por qué aceptar que la política exterior argentina sea una extensión de las peleas personales de su presidente. La fortaleza de un mandatario no se mide por cuánta gente logra humillar en una semana, sino por su capacidad de defender los intereses de su país sin arriesgarlos por una pulsión propia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, más allá de los signos políticos, la cancillería argentina supo distinguir entre la disputa ideológica y la relación de Estado: se podía discrepar con un gobierno vecino sin degradar a su presidente, se podía competir por inversiones sin insultar a quien las administraba del otro lado de la frontera. Milei parece haber decidido que esa cautela era debilidad, cuando en realidad era la condición mínima para que un país mediano como Argentina pudiera sentarse a negociar con márgenes razonables.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">La misma lógica del espectáculo por sobre la sustancia aparece en lo económico. Se instaló la idea de que Milei «desendeudó» al país, algo difícil de sostener: su gobierno volvió a recurrir al FMI por miles de millones de dólares y aumentó los compromisos en moneda extranjera y en pesos. Se presenta como resuelto el conflicto con los fondos buitre, cuando buena parte de esos litigios viene de decisiones tomadas hace décadas por gobiernos que hoy prefieren omitirse. Decir que la deuda desapareció no es un error menor: es una simplificación que ignora la complejidad económica del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Milei es la cara de un fenómeno que se entiende mejor si se lo mira sin el escenario. Con luces, rock y el grito de «¡Viva la libertad, carajo!», el acto es más recital que discurso, y funciona: entendió que su verdadero rival no era otro candidato, sino el aburrimiento. Pero sáquenle la música y la multitud, y quedan solo las ideas. Eso pasó en el Foro Económico Mundial, en enero de 2025 y de nuevo en 2026, donde el showman dio paso a un expositor monocorde: La Nación describió una intervención doctoral y abstrusa, con una sala que terminó con butacas vacías. Ahí queda expuesta la diferencia entre dominar un escenario y cautivar cuando el único recurso es la solidez del argumento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus seguidores podrán celebrar cada insulto como un gol de campeonato y convertir cada exabrupto en meme. Pero Argentina no es una cuenta de X: es un país con relaciones comerciales, fronteras, exportadores y millones de ciudadanos que no eligieron pagar los costos de los arranques verbales de su presidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El insulto puede ser divertido para quien lo dice y rentable para quien lo consume. Pero cuando sale de la boca de un jefe de Estado, deja de ser una grosería: se convierte en política exterior. Una cosa es tener libertad para decir cualquier estupidez; otra, muy distinta, es tener la responsabilidad de gobernar un país después de haberla dicho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie le exige a Milei que se calle sus convicciones ni que abandone su estilo. Se le exige, apenas, que entienda dónde termina el personaje y dónde empieza el cargo. Porque si cada vez que pierde el argumento, Argentina tiene que prepararse para perder un aliado o un socio comercial, el problema ya no es solo la mala educación del presidente: es el costo que todos los argentinos siguen pagando por ella.</p>



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			</item>
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		<title>Los símbolos no se alquilan</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/los-simbolos-no-se-alquilan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 20:27:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<category><![CDATA[mundial]]></category>
		<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Selección]]></category>
		<category><![CDATA[Trump]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://infosurdiario.com.ar/?p=57779</guid>

					<description><![CDATA[<p>Trump quiso colarse en la foto de España. Milei esperaba la de Argentina. Hay dirigentes convencidos de que la gloria ajena también cotiza en las urnas. Capitán Cianuro Existe algo que el poder nunca termina de comprender: las victorias deportivas pertenecen a los pueblos, no a los gobiernos. Sin embargo, cada vez que una selección [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Trump quiso colarse en la foto de España. Milei esperaba la de Argentina. Hay dirigentes convencidos de que la gloria ajena también cotiza en las urnas.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Existe algo que el poder nunca termina de comprender: las victorias deportivas pertenecen a los pueblos, no a los gobiernos.</strong> Sin embargo, cada vez que una selección alcanza la gloria, aparecen dirigentes convencidos de que una copa también puede convertirse en capital político. Desde el momento en que Argentina llegó a la final del Mundial, el libreto parecía escrito. Si la Selección levantaba el trofeo, Javier Milei habría intentado envolver a su gobierno en esa alegría colectiva; Donald Trump habría buscado la fotografía que lo asociara al campeón; y Benjamin Netanyahu, <strong>acusado internacionalmente de cometer actos de genocidio</strong> y necesitado de romper el aislamiento internacional provocado por la tragedia de Gaza, tampoco habría desaprovechado la oportunidad de vincularse con uno de los equipos más admirados del planeta. Ninguno habría corrido un metro, recuperado una pelota ni convertido un gol. Pero todos habrían querido apropiarse del triunfo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derrota argentina impidió esa puesta en escena. Sin embargo, la ceremonia de premiación terminó confirmando que la sospecha no era infundada. España acababa de conquistar el Mundial cuando Donald Trump decidió irrumpir en la fotografía oficial de los campeones, desplazando por un instante el verdadero centro de la celebración. El episodio fue mucho más que una anécdota protocolar: representó una forma de ejercer el poder que necesita colonizar cada símbolo de éxito para convertirlo en propaganda personal. Hay dirigentes incapaces de aceptar que existan momentos históricos en los que ellos no son los protagonistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el fútbol, afortunadamente, también produce imágenes que escapan al cálculo político. Mientras algunos buscaban adueñarse de una fotografía, otros decidieron utilizar ese escenario para expresar convicciones. Allí estuvo Cristian «Cuti» Romero, quien evitó estrechar la mano de Trump durante el protocolo, dejando en claro que un gesto, cuando nace de una convicción, puede decir mucho más que un discurso cuidadosamente redactado. Y también&nbsp; estuvo <strong>el joven futbolista español Lamine Yamal</strong>, quien, no hace mucho, en pleno festejo por la obtención de la Supercopa de la Liga con el Barcelona, levantó la bandera palestina frente a miles de espectadores. Mientras buena parte de Occidente administra silencios frente a la devastación de Gaza, un campeón del mundo recordó que el deporte también puede ser un espacio para la conciencia. <strong>Hay gestos</strong> que recorren el planeta y terminan teniendo mucha más fuerza que el afán de un presidente por aparecer en la fotografía de los vencedores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Argentina también dejó sus propias imágenes. Durante la semifinal, un cartel con la inscripción <strong>«Las Malvinas son argentinas»</strong> recorrió el mundo. No era una consigna partidaria ni un acto de oportunismo; era la expresión de una causa nacional que atraviesa generaciones y gobiernos. Por eso resulta tan evidente la contradicción de Javier Milei. El mismo Presidente que relativiza la cuestión Malvinas y ha cuestionado públicamente las expresiones de soberanía habría sido el primero en envolver su discurso con la bandera argentina si la Selección hubiera levantado la Copa. Hay una diferencia sustancial entre respetar los símbolos de una nación y utilizarlos cuando conviene. La patria no puede convertirse en un accesorio de campaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La paradoja se profundizó cuando María Becerra interpretó el Himno Nacional Argentino en la final. La artista que Milei eligió atacar en reiteradas ocasiones terminó siendo la voz que representó al país frente al mundo. El escenario más importante del fútbol internacional dejó una enseñanza que el poder suele olvidar: los símbolos nacionales pertenecen a la sociedad, no a quienes ocupan circunstancialmente la Casa Rosada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras el Mundial ofrecía esas postales, la Argentina seguía enfrentando una realidad mucho menos festiva. El relato libertario continúa prometiendo que el ajuste traerá prosperidad, pero el deterioro del poder adquisitivo, la caída del consumo, las dificultades de la industria y la ausencia de la anunciada lluvia de inversiones mantienen abiertas las mismas preguntas que, desde hace meses, esperan respuestas. No alcanza con exhibir equilibrio fiscal cuando millones de argentinos sienten que el equilibrio desapareció de sus hogares. Tampoco deja de ser una amarga metáfora que, en este contexto, desde Río Negro se impulse la comercialización de carne de jabalí y guanaco como alternativa alimentaria, mientras el Gobierno insiste en presentar la austeridad como una virtud y no como la consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces reaparece Malvinas. No como una bandera electoral, sino como una obligación moral. Cabe preguntarse qué sentirán los excombatientes cuando escuchan al Presidente relativizar una causa que costó la vida de 649 argentinos. Condenar la dictadura que condujo al país a aquella guerra es un deber democrático; desvalorizar el sacrificio de quienes combatieron y vaciar de contenido la reivindicación de soberanía es otra cosa muy distinta. Los gobiernos pasan, las ideologías cambian y los presidentes son transitorios, pero la memoria de los caídos y el reconocimiento a los veteranos pertenecen a la Nación, no al poder de turno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa haya sido la verdadera lección que dejó este Mundial. Mientras algunos líderes intentaban convertir el fútbol en una plataforma para alimentar su propia imagen, fueron los futbolistas, los artistas y los hinchas quienes recordaron que todavía existen símbolos que no aceptan ser privatizados. Porque una copa puede perderse o ganarse. Una fotografía puede organizarse. Pero la dignidad de un pueblo, su memoria y su identidad nunca pertenecen a quienes pretenden administrarlas desde el poder. <strong>Hay símbolos que, sencillamente, no se alquilan.</strong></p>



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		<title>La Argentina que abrazaba</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/la-argentina-que-abrazaba/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 13:43:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias de Florencio Varela Quilmes y Berazategui]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://infosurdiario.com.ar/?p=57772</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por José Cáceres, Infosur Hace dos días se cumplió un año de la muerte de mi papá. Desde entonces vuelvo seguido a una conversación que tuvimos un tiempo antes de que se fuera. Mi mamá había muerto hacía poco. Ese mediodia estábamos con Sandra sentados en el comedor de su casa, preparandonos para comer, escuchando [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Por José Cáceres, Infosur</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace dos días se cumplió un año de la muerte de mi papá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces vuelvo seguido a una conversación que tuvimos un tiempo antes de que se fuera. Mi mamá había muerto hacía poco. Ese mediodia estábamos con Sandra sentados en el comedor de su casa, preparandonos para comer,  escuchando la polca paraguaya y hablando de cualquier cosa. De esas charlas que parecen no tener rumbo y, sin que uno se dé cuenta, terminan llevándote a lo importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No recuerdo cómo empezó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí recuerdo cómo terminó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi viejo empezó a contarnos su historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa que no conocía. La de antes de que yo existiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había nacido en el monte de un pueblo de Paraguay. Apenas terminó el servicio militar decidió venir a la Argentina. Quería trabajar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó hasta la terminal de ómnibus de Salta sin un peso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No conocía a nadie. No tenía trabajo. No tenía adónde ir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras escribo esto me doy cuenta de que nunca le pregunté cuánto tiempo estuvo sentado ahí. Tampoco qué llevaba en el bolso. Hay preguntas que uno siempre deja para después, convencido de que habrá tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y un día descubre que ya no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sí recuerdo es la cara que puso cuando llegó a esa parte del relato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Unos hombres que trabajaban en una quinta lo vieron solo. Se acercaron. Le preguntaron si necesitaba trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así empezó la vida que después nos terminó trayendo a nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No le preguntaron de qué país venía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No le pidieron papeles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No lo miraron con desconfianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vieron a un pibe que necesitaba una oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi viejo hizo un silencio. Miró hacia la ventana y dijo una frase que todavía hoy nos acompaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Esa era una Argentina que abrazaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca olvidamos esas palabras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez porque no las dijo con nostalgia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las dijo con agradecimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi papá trabajó toda su vida en las quintas. El trabajo le fue doblando la espalda hasta que cinco hernias de disco lo obligaron a dejar. Había aportado durante décadas. Nunca pidió nada que no hubiera ganado con su esfuerzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era paraguayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y era profundamente agradecido con la Argentina que le había permitido construir un presente mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos días, después de la final del Mundial, desde distintos lugares del mundo empezaron a repetirse historias, videos y comentarios que presentan a los argentinos como si la discriminación fuera nuestra marca de nacimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No me interesa discutir con las redes sociales. Las redes viven de exagerar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sí me interesa es no olvidar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque este país conoció la discriminación. La conoce todavía. Hay racismo, xenofobia y prejuicios. Negarlo sería una estupidez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también sería una ingenuidad no ver que esos discursos hoy encuentran un respaldo que hace unos años resultaba impensado. Cuando desde el poder se señala una y otra vez al inmigrante, al extranjero o al diferente como si fuera el origen de nuestros problemas, algo cambia. No cambia solamente la política. Cambia el clima de una sociedad. Hay palabras que, cuando las dice un presidente o una ministra, dejan de ser una opinión más. Empiezan a funcionar como una autorización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es peligroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el prejuicio nunca nace de un día para el otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se aprende.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se alimenta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se naturaliza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me cuesta aceptar que la discusión sea elegir entre dos caricaturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No creo en una Argentina perfecta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tampoco acepto que la definan solamente por sus peores gestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe otra Argentina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La que conoció mi viejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La de aquellos hombres que, en una terminal de Salta, se acercaron a un desconocido y le ofrecieron trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ninguno de ellos imaginaba que, con ese gesto, estaban cambiando la historia de una familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en eso cada vez que escucho hablar de los inmigrantes como si fueran un problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en mi viejo, que llegó con una mano atrás y otra adelante y pasó el resto de su vida trabajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en los miles de paraguayos, bolivianos, chilenos, uruguayos, peruanos y tantos otros que hicieron exactamente lo mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso también en los españoles , los japoneses, los portugueses y los italianos que alguna vez bajaron de los barcos buscando lo que después buscó mi papá: una oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ninguno vino a regalarse la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vinieron a hacerla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la hicieron trabajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace un año que mi viejo no está.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Extraño esas conversaciones en las que, sin darse cuenta, me enseñaba más que en cualquier libro. Esas conversaciones que conocí de «grande» cuando lloraba extrañando a mi mamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta frase es una de las cosas más importantes que me dejó y vuelve cada vez que escucho un discurso de odio o leo una condena apurada sobre este país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Esa era una Argentina que abrazaba.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sé si esa Argentina desapareció.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero creer que no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero creer que todavía existe.</p>



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		<title>La nueva ola conservadora en Latinoamérica</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/la-nueva-ola-conservadora-en-latinoamerica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2026 09:51:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://infosurdiario.com.ar/?p=57738</guid>

					<description><![CDATA[<p>Colombia acaba de sumar otra pieza al tablero que, desde mi perspectiva, Washington parece estar armando en la región. Una reflexión sobre cómo el trumpismo y la derecha radical dejaron de ser un fenómeno exclusivamente estadounidense para influir cada vez más en el mapa político latinoamericano. Capitán Cianuro Con los últimos resultados electorales en Colombia, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Colombia acaba de sumar otra pieza al tablero que, desde mi perspectiva, Washington parece estar armando en la región. Una reflexión sobre cómo el trumpismo y la derecha radical dejaron de ser un fenómeno exclusivamente estadounidense para influir cada vez más en el mapa político latinoamericano.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Capitán Cianuro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con los últimos resultados electorales en Colombia, cae otra pieza en el tablero geopolítico que, a mi juicio, Estados Unidos busca consolidar en la región, acercándose a un escenario que podría aislar a Brasil y México, las dos mayores potencias de América Latina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comparto esta reflexión con preocupación, porque considero que aún no se dimensionan los cambios que podrían venir. El trumpismo y la nueva derecha radical ya no son un fenómeno exclusivo de Estados Unidos: una nueva ola política está transformando el continente y reconfigurando los equilibrios que dominaron buena parte de las últimas dos décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si hubiera que señalar un punto de partida, podría situarse en El Salvador con Nayib Bukele, quien construyó la imagen de un Estado fuerte, simbolizado por el CECOT. Sin embargo, también existen cuestionamientos sobre su gestión. Diversos analistas recuerdan que gran parte de las estructuras criminales ya venían siendo perseguidas antes de su gobierno y que sobre su administración pesan denuncias relacionadas con eventuales negociaciones con pandillas y otros hechos que continúan siendo objeto de debate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Es comprensible que una sociedad agotada por la violencia esté dispuesta a ceder parte de sus garantías institucionales a cambio de mayor seguridad? Es una pregunta compleja, que merece ser discutida sin simplificaciones. Mi preocupación surge cuando esa lógica comienza a replicarse como modelo regional, lo que algunos han denominado un posible <strong><em>«Plan Cóndor 2.0».</em></strong> No afirmo que exista una coordinación secreta, sino una convergencia de intereses, discursos y estrategias que merece ser observada con atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La llegada de Javier Milei al poder en Argentina, con un fuerte ajuste fiscal y un rápido alineamiento con Washington, no parece un hecho aislado. A ello se suman los recientes cambios políticos en Colombia; el triunfo del ultraconservador José Antonio Kast en Chile; el avance de nuevos liderazgos en Bolivia tras dos décadas del MAS; la continuidad de Daniel Noboa en Ecuador; y el retorno del fujimorismo al poder en Perú con Keiko Fujimori, en un proceso que ha generado cuestionamientos desde distintos sectores. Más que simples coincidencias o expresiones de descontento ciudadano, este conjunto de procesos puede interpretarse como parte de una profunda reconfiguración política regional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde una perspectiva geopolítica, la estrategia recuerda al aislamiento progresivo de posiciones clave antes de enfrentar directamente a los actores de mayor peso. En ese escenario, Brasil y México representarían los principales contrapesos. La derecha ha fortalecido su presencia en buena parte del Pacífico&nbsp; Chile, Perú, Ecuador y Colombia, mientras Argentina consolida el flanco atlántico. Más allá del discurso sobre seguridad, cabe preguntarse si también existe una disputa por el control de rutas comerciales, corredores bioceánicos, petróleo, litio, cobre, agua dulce y otros recursos estratégicos que definirán la economía mundial durante las próximas décadas. América Latina concentra una parte importante de esas riquezas y, precisamente por ello, difícilmente puede entenderse al margen de la competencia entre las grandes potencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta reflexión también exige autocrítica. En Chile, por ejemplo, el gobierno de Gabriel Boric destinó gran parte de su capital político al proceso constituyente, que finalmente fracasó. Resulta llamativo que quienes criticaron duramente las políticas de seguridad anteriores terminen aplicando medidas muy similares, lo que sugiere que la seguridad quizá no era el único eje de la disputa política, sino el vehículo mediante el cual se canalizó un descontento mucho más amplio con la clase dirigente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro antecedente que considero relevante es el llamado «Honduras Gate». A comienzos de 2026 circularon filtraciones que, de confirmarse, vincularían a distintos actores políticos de la región en intentos de influir sobre gobiernos progresistas. A ello se suma el precedente de Cambridge Analytica, cuyo uso de datos personales para dirigir mensajes políticos demostró hasta qué punto el microtargeting puede influir en los procesos electorales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A este escenario se suma otro elemento que merece atención. Diversos analistas han advertido sobre el creciente uso de empresas privadas de inteligencia y análisis de datos, algunas de origen israelí, que desarrollan software de vigilancia, perfilamiento y procesamiento masivo de información electoral. Aunque no existen pruebas concluyentes que permitan afirmar una manipulación sistemática de procesos electorales en la región, la sola posibilidad de que estas tecnologías puedan influir en campañas, segmentar votantes o alterar la percepción pública plantea interrogantes que las democracias latinoamericanas no deberían ignorar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy las campañas ya no se libran únicamente en plazas públicas o debates televisivos. Se desarrollan en redes sociales mediante algoritmos capaces de identificar los temores, frustraciones y aspiraciones de millones de personas. La información dejó de dirigirse a la ciudadanía en general para adaptarse psicológicamente a cada individuo, convirtiendo la emoción, más que el debate, en el principal motor de la decisión política. Ese fenómeno debería preocuparnos, cualquiera sea nuestra posición ideológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También observo una utilización sistemática del miedo al comunismo, al crimen y al socialismo como eje de campaña. Al mismo tiempo, muchos de estos liderazgos coinciden en espacios internacionales como el CPAC, el Foro de Madrid o la Political Network for Values, donde comparten diagnósticos, estrategias y discursos, aunque ello no implique necesariamente una estructura de coordinación única. La circulación de ideas, financiamiento, asesorías y campañas digitales entre distintos países es hoy una realidad que trasciende las fronteras nacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribo estas líneas porque me preocupa ver una región cada vez más polarizada, mientras las grandes decisiones económicas y estratégicas parecen alejarse del debate ciudadano. El orden y la seguridad son indispensables, pero otorgar un cheque en blanco a liderazgos que concentran poder puede tener costos institucionales difíciles de revertir. La historia demuestra que recuperar esas garantías suele tomar décadas. Del mismo modo, sería un error creer que toda crítica a estos gobiernos equivale a defender los errores de la izquierda. Ambas visiones deben ser sometidas al mismo nivel de exigencia democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá Latinoamérica encuentre un camino que combine seguridad, democracia y soberanía, sin renunciar a ninguna de ellas. Porque cuando la política reduce nuestras opciones a escoger entre libertad o seguridad, entre orden o derechos, quizá la verdadera elección ya fue hecha por otros. La fortaleza de una democracia no consiste únicamente en derrotar al crimen o ganar elecciones, sino en preservar las instituciones que permiten a los ciudadanos seguir siendo libres una vez que el miedo haya pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pretendo ofrecer verdades absolutas, ni afirmar que todos los acontecimientos obedecen a un único diseño estratégico. Mi intención es invitar a observar con espíritu crítico las coincidencias, los intereses y las dinámicas que hoy atraviesan a nuestra región. La democracia no se debilita cuando se hacen preguntas incómodas; se debilita cuando dejamos de hacerlas.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/la-nueva-ola-conservadora-en-latinoamerica/">La nueva ola conservadora en Latinoamérica</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El fútbol nunca fue neutral</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/https-infosurdiario-com-ar-futbol-nunca-fue-neutral-politica-opinion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jul 2026 12:36:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Caszely]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[Rodrigo De Paul]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(Por Capitán Cianuro) ¿Que el fútbol no es político? Esto afirmó Rodrigo De Paul. Pero cuesta creerlo cuando el fútbol es una de las industrias culturales más poderosas del planeta y sus figuras influyen sobre millones de personas. Los futbolistas son la cara de un pueblo. Millones de niños y adolescentes los observan, los imitan [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong>(Por <em>Capitán Cianuro</em>)</strong> ¿Que el fútbol no es político? Esto afirmó Rodrigo De Paul. Pero cuesta creerlo cuando el fútbol es una de las industrias culturales más poderosas del planeta y sus figuras influyen sobre millones de personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los futbolistas son la cara de un pueblo. Millones de niños y adolescentes los observan, los imitan y los convierten en referentes. Cada gesto, cada fotografía y cada silencio comunica algo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me resulta tan hipócrita escuchar que «el fútbol no es política». Lo político no desaparece porque alguien decida no hablar. También existe en las decisiones de callar, de proteger la marca personal, de no incomodar a los patrocinadores o de conservar contratos multimillonarios. La neutralidad, muchas veces, termina favoreciendo al poder establecido.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los que se la jugaron</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso admiro a personas como Marcelo Bielsa, Eric Cantona, Sócrates y Diego Maradona, por mencionar algunos. Se puede estar de acuerdo o no con sus ideas, pero tuvieron el coraje de expresarlas cuando hacerlo implicaba asumir un costo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Maradona declaró públicamente su admiración por Fidel Castro y defendió la causa palestina mucho antes de que el conflicto ocupara el centro del debate mundial. Nunca escondió lo que pensaba. Se la jugó. Esa coherencia vale más que cualquier estrategia de comunicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, en cambio, varios futbolistas parecen convertirse en productos cuidadosamente administrados. Hablan cuando no incomoda, opinan cuando no arriesgan nada y guardan silencio cuando el mundo atraviesa tragedias que exigen humanidad antes que marketing.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero todavía existen excepciones. Ahí está Jackson Irvine, capitán de la selección de Australia y del FC St. Pauli. Mientras algunos insisten en que el fútbol debe mantenerse al margen de la política, Irvine utiliza su visibilidad para defender causas sociales y cuestionar decisiones de los organismos que gobiernan el deporte. Entiende que una plataforma también puede servir para amplificar voces, no solo para vender una imagen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En contraste, cuando Lionel Messi acepta fotografiarse con Donald Trump, ese gesto también tiene una dimensión política. Del mismo modo, muchas personas interpretan que guardar silencio frente al sufrimiento de la población civil en Gaza transmite un mensaje, aunque otros sostienen que los deportistas no tienen obligación de pronunciarse. Precisamente ahí está el debate: no existe una neutralidad absoluta cuando se posee semejante influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema no es que un futbolista tenga ideas políticas. El problema es fingir que no las tiene, mientras cada aparición pública, cada campaña publicitaria y cada fotografía construyen un relato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fútbol siempre fue político. Lo fue cuando enfrentó dictaduras. Lo fue cuando combatió el racismo. Lo fue cuando denunció las desigualdades. Y lo sigue siendo hoy. La pregunta nunca fue si el fútbol es político. La verdadera pregunta es al servicio de quién pone su voz quien tiene el privilegio de ser escuchado por millones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, al final, como se atribuye a Jimi Hendrix: cuando el poder del amor venza al amor al poder, el mundo conocerá la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras millones de personas pasan horas discutiendo un partido de fútbol, el mundo sigue enfrentando guerras, crisis humanitarias y decisiones políticas que afectan la vida de millones. El deporte puede unir a las personas, pero también es cierto que los grandes acontecimientos suelen concentrar la atención pública, dejando en segundo plano conflictos que merecen la misma cobertura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia demuestra que las grandes potencias actúan guiadas por sus intereses estratégicos, económicos y geopolíticos. Países con recursos naturales, posiciones estratégicas o influencia regional han sido durante décadas escenario de presiones, sanciones, intervenciones o disputas entre actores internacionales. Venezuela, con una de las mayores reservas de petróleo del mundo, no ha sido la excepción y lleva años inmersa en una crisis política, económica y diplomática en la que participan múltiples actores externos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es legítimo preguntarse si las reglas internacionales se aplican con el mismo criterio para todos. Rusia fue excluida de numerosas competiciones deportivas internacionales tras la invasión de Ucrania, mientras que Israel ha continuado participando en la mayoría de torneos internacionales pese a las críticas y al conflicto en Gaza. Esta diferencia refleja un doble estándar en la forma en que la comunidad internacional responde a distintos conflictos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa percepción no significa que todos los casos sean idénticos, ni que las decisiones respondan a una única causa, pero sí alimenta el debate sobre hasta qué punto las organizaciones internacionales y los gobiernos actúan movidos por principios o por intereses políticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de nuestras posiciones, conviene mantener una mirada crítica, contrastar la información y no permitir que la atención se concentre únicamente en el entretenimiento mientras, en otras partes del mundo, continúan desarrollándose crisis humanitarias que afectan a millones de personas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una estatua viva en las gradas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">¿Recuerdan a Michel Kuka Mboladinga? Se hizo viral en este Mundial por permanecer inmóvil durante los noventa minutos de cada partido de la República Democrática del Congo, con el brazo derecho en alto, replicando la postura de la estatua de Patrice Lumumba en Kinshasa. Los aficionados lo bautizaron «Lumumba Vea». Con ese gesto rinde homenaje al primer ministro del Congo independiente, líder anticolonial y símbolo de la soberanía africana, asesinado en 1961 con la complicidad de oficiales belgas y el respaldo de la CIA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, cuando llegó el turno de acompañar a su selección a Estados Unidos, las autoridades le negaron el visado. No se dio una razón oficial, aunque se lo vinculó con las restricciones sanitarias derivadas de un brote de ébola en su país. El resultado, de todas formas, deja una imagen elocuente: mientras un símbolo de resistencia africana quedaba fuera, otro aficionado congoleño tomó su lugar en las tribunas y repitió el mismo gesto. La estatua siguió en pie, aunque cambiara el cuerpo que la sostenía. Se puede negar un visado, pero no se puede impedir que una idea vuelva a entrar al estadio. Esa persistencia de la memoria, sostenida por quien la representa, es en sí misma una forma clara de expresión política, para quienes todavía niegan que la política esté vinculada al fútbol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos ídolos del fútbol se cuidaron de no incomodar jamás al poder de turno. Pero hubo uno que sí le hizo frente a una dictadura militar: Carlos Humberto Caszely, goleador y leyenda del fútbol chileno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la dictadura de Augusto Pinochet, la madre de Caszely fue secuestrada y torturada por su cercanía con el gobierno derrocado de Salvador Allende. El propio Estadio Nacional de Santiago fue utilizado como centro de detención, tortura y exterminio tras el golpe de Estado de 1973.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de viajar al Mundial de Alemania en 1974, Pinochet se dispuso a saludar a la selección chilena; cuando llegó el turno de Caszely, el futbolista simplemente no respondió al saludo, dejando al dictador con la mano extendida. Poco después tuvo que instalarse en España, donde jugó para el Levante y el Espanyol. No solo se lo recuerda por sus goles, sino por sus convicciones democráticas y antifascistas: junto a su madre, participó activamente en la campaña del «No» que en 1988 marcó el principio del fin de la dictadura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Carlos Caszely es recordado como un ejemplo de activismo político dentro del fútbol, más allá del gran jugador que llegó a ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De Maradona a Caszely, de Irvine a Mboladinga, la historia del fútbol está atravesada por gestos que incomodaron al poder. Decir que el deporte no es político no es una posición neutral: es, en sí misma, una posición política. La verdadera pregunta sigue siendo la misma: al servicio de quién pone su voz quien tiene el privilegio de ser escuchado por millones.</p>



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		<title>LA GITA DE LOS “HONESTOS”</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/la-gita-de-los-honestos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jul 2026 11:17:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Florencio Varela]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias de Florencio Varela Quilmes y Berazategui]]></category>
		<category><![CDATA[opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>(Por Capitán Cianuro para Infosur) Tengo con Argentina una relación de vecino de cuadra. Desde chico cruzaba para allá, no como turista de manual sino como alguien que fue aprendiendo, a fuerza de mate y de sobremesa, los códigos no escritos de ese país tan parecido y tan distinto al mío. Y entre esos códigos, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>(Por Capitán Cianuro para Infosur)</em></strong> Tengo con Argentina una relación de vecino de cuadra. Desde chico cruzaba para allá, no como turista de manual sino como alguien que fue aprendiendo, a fuerza de mate y de sobremesa, los códigos no escritos de ese país tan parecido y tan distinto al mío. Y entre esos códigos, el más esquivo de todos, el que más se resiste a cualquier intento de traducción, es el peronismo. Un amigo argentino, con esa sinceridad brutal que solo dan ellos, me lo resumió una vez de manera perfecta: «es más fácil entender la existencia de Dios que entender el peronismo en su esencia». Y mira que lo decía en serio. El peronismo es esa tercera vía que no cabe en ningún manual de ciencia política, ese animal extraño que da para un ensayo, para diez columnas, para una vida entera de discusión de mate o varios ferné.  Espero tener años y  tiempo para eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy quiero hablar de otra cosa que también aprendí mirando a la Argentina de cerca: la solidaridad. Porque los argentinos , lo digo medio en broma, pero cada vez menos,&nbsp; son probablemente el pueblo más solidario del planeta. Tienen una capacidad asombrosa para tomar a un ciudadano de a pie, sin pedigrí, sin fortuna, sin antecedentes patrimoniales de ningún tipo, y convertirlo en millonario. O en presidente. Que, dadas las circunstancias, viene a ser más o menos lo mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El manual de estilo lo escribió Carlos Menem: llegó a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante, y se fue dejando una herencia que generó preguntas incómodas durante años. Pero no hace falta irse tan atrás en el tiempo. Tenemos un ejemplo fresquito, de manual, de estos mismos días: Manuel Adorni.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de la Casa Rosada, Adorni era un ciudadano más, de esos que uno se cruza en el supermercado sin darse vuelta, con bastante menos pelo que hoy y su mujer con los dientes disparejos, que en dos años de estar Adorni en el gobierno hasta logro ponerse pelo y arreglar los dientes de su mujer, todo normal, todo sea por darle mas estética al gobierno que esta en la antípoda de la decencia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, Manuel Adorni, se va del gobierno con una cuenta corriente que ya no es nada común y corriente.. Imputado por presunto enriquecimiento ilícito, investigado por un incremento patrimonial que nadie le pidió que explicara hasta que ya fue imposible no preguntarlo. El juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita encontraron de todo: inconsistencias en las declaraciones juradas, propiedades no declaradas, una en un country, otra en Caballito, porque la diversificación inmobiliaria también es una forma de fe, viajes de lujo y refacciones que no condicen exactamente con un sueldo de funcionario público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La presión judicial y política terminó haciendo lo que la autocrítica nunca hace en estos gobiernos: lo bajaron del cargo de jefe de Gabinete.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y acá viene la parte que a mí, como espectador entrañado pero externo, más me divierte, entre comillas, porque en realidad da bronca. En junio, Adorni decidió hacer una «confesión» patrimonial: presentó declaraciones rectificatorias y admitió, ante la Justicia y no ante un confesionario, haber omitido reportar cerca de 500.000 dólares. ¿La explicación? Ahorros previos a la función pública e inversiones en criptomonedas. Una combinación maravillosa, porque junta dos de las excusas favoritas del siglo XXI: «lo tenía guardado» y «fue el bitcoin». Como si la honestidad funcionara con devolución tardía: «perdón, me olvidé de declarar medio millón de dólares, pero ya está, ya lo dije, estamos a mano».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, el fiscal sigue mirando con lupa las refacciones de la propiedad en el country Indio Cuá, porque las casas de los funcionarios libertarios, aparentemente, también necesitan su toque de lujo y una serie de viajes al exterior, vuelos privados incluidos, que tampoco terminan de cerrar con el patrimonio original del señor. Adorni, claro, dice que todo esto es persecución política. Es lo que dicen todos. Es el comodín universal de cualquier funcionario con la heladera llena y la declaración jurada flaca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El expediente sigue abierto en Comodoro Py. Y si la causa avanza, Adorni va a tener que explicar, con pelos y señales, de dónde salió su Gita particular. Esa pregunta, de dónde chorrea esa plata, es exactamente la misma que se hacen, todos los meses, millones de argentinos que no llegan a fin de mes ni remando. Esos que para cerrar la caja tienen que sumar un segundo trabajo, y si el segundo trabajo es manejar un Uber con el auto propio, mejor, porque al menos así uno siente que controla algo de su destino económico, aunque sea a fuerza de tránsito y de cansancio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es la Argentina real, la que paga el ajuste con el cuerpo, mientras los que llegaron prometiendo «no hay plata» empiezan a tener, casualmente, bastante plata. La crisis que está dejando este gobierno no es de las que se arreglan con un tuit o una cadena nacional: es de las que dejan marca generacional. Y en ese contexto, ver a alguien tan cercano a Milei como Adorni teniendo que explicar el origen de fondos no declarados no es un detalle de color. Es una radiografía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ya que estamos pidiendo explicaciones, no estaría de más que alguien le pregunte, con la misma insistencia, a Karina Milei de dónde sale exactamente ese «chorreo especial» que circula por fuera del célebre 3% que todos conocemos de memoria. Porque si hay algo que este gobierno debería entender, de una vez y para siempre, es que la motosierra que tanto prometieron no puede tener filo solo para los de abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay tanto que este gobierno debería explicar. Y ojalá los argentinos, que ya demostraron sobradamente su capacidad de pedir explicaciones cuando se lo proponen,&nbsp; no se queden solo en la pregunta. Ojalá sepan, además, procesar judicial y políticamente a quienes llegaron al poder a fuerza de mentira y delirio agresivo, vendiendo honestidad de garrafa y terminando, como tantas otras veces en la historia argentina, con la billetera mucho más gorda de lo que debería ser razonable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, parafraseando a mi amigo: puede ser más fácil entender a Dios que al peronismo. Pero entender cómo un funcionario común se convierte, en pocos meses, en millonario inexplicable, no requiere fe. Requiere, simplemente, que alguien se anime a mirar.</p>



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		<title>NEOFASCISMO EN LATAM</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/neofascismo-en-latam/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 23:36:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Capitán Cianuro]]></category>
		<category><![CDATA[LATAM]]></category>
		<category><![CDATA[Neofacismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>América Latina no está viviendo una simple ola marginal, ni una sucesión de accidentes electorales. Lo que se observa es un reordenamiento político más profundo, con una ultraderecha que ha aprendido a operar de manera coordinada, con discursos afinados, redes de financiamiento transnacional y un programa común que se repite como un mantra, variaciones locales: [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><em>América Latina no está viviendo una simple ola marginal, ni una sucesión de accidentes electorales. Lo que se observa es un reordenamiento político más profundo, con una ultraderecha que ha aprendido a operar de manera coordinada, con discursos afinados, redes de financiamiento transnacional y un programa común que se repite como un mantra, variaciones locales: reducción del Estado, desregulación económica, endurecimiento de la política de seguridad y migración, y una ofensiva cultural contra cualquier forma de política redistributiva.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Capitán Cianuro</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de figuras como Bolsonaro, Nayib Bukele, Javier Milei, Daniel Noboa, José Antonio Kast, Abelardo de la Espriella, Keiko Fujimori o&nbsp; Nasry Asfura, por mencionar algunos de los ultra derechistas, no hay improvisación. Hay un repertorio común: reducción del Estado, desregulación económica, disciplinamiento social y una narrativa de orden sostenida por la fabricación permanente de un enemigo político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese enemigo tiene un nombre recurrente: “el comunismo o la izquierda”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No importa su ausencia real como experiencia política contemporánea en la región en términos concretos de gobierno. Importa su utilidad simbólica. El “comunismo” funciona como etiqueta elástica: todo lo que implique Estado, redistribución o regulación puede ser convertido en amenaza existencial. Es un dispositivo hueco que no describe la realidad, la simplifica hasta volverla manejable electoralmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sobre ese miedo se construye buena parte del ascenso de estas derechas. Una suerte de <strong>Doctrina Monroe</strong> establecida en 1938, directriz de política exterior estadounidense que podría perfectamente aplicar al tiempo actual, mejorando sus parámetros y adecuando a lo que vemos invadir Latam hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este fenómeno no es solo discursivo. Se sostiene también en redes de financiamiento, producción de ideas y formación política como Atlas Network, que articula decenas de organizaciones en América Latina con un objetivo explícito: expandir el ideario de libre mercado, reducir el tamaño del Estado y debilitar la regulación pública. No es conspiración: es programa declarado, institucionalizado y operativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esto se suma una dimensión transnacional más visible en espacios como la Carta de Madrid y el Foro Madrid, donde la derecha española y latinoamericana convergen en una misma narrativa: guerra cultural permanente, rechazo al progresismo y construcción del adversario como amenaza civilizatoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el punto más interesante y más incómodo,&nbsp; no está solo en las redes ideológicas. Está en cómo las derechas logran avanzar dentro de democracias formales que, en muchos casos, ya vienen debilitadas desde adentro.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Y ahí los procesos electorales recientes en Perú y Colombia son reveladores.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En Perú, la última elección presidencial está marcada por fallas institucionales significativas: demoras logísticas, problemas en la instalación de mesas, tensiones entre organismos electorales y un resultado extremadamente estrecho. La disputa posterior no derivó en una evidencia concluyente de fraude, pero sí en algo más profundo: la exposición de un sistema electoral frágil, lento y bajo sospecha permanente. Un sistema donde la incertidumbre institucional se vuelve combustible político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia ocurre algo distinto, pero revelador. Allí no fue la oposición quien instaló la tesis del fraude electoral, sino el propio gobierno progresista, que cuestionó aspectos del sistema de escrutinio. Las autoridades electorales y las misiones internacionales deberían examinar este fenómeno con mayor profundidad, considerando que persisten cuestionamientos e irregularidades denunciadas en un proceso que, aunque es reconocido por el sector de la ultraderecha como terminado y entregando la banda presidencial a Abelardo de la Espriella, deja aún&nbsp; un número significativo de mesas objetadas que podrían mover la brújula en forma radicalmente en su contra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ambos casos, el patrón resulta similar: instituciones sometidas a fuertes tensiones, resultados disputados y denuncias de fraude que terminan erosionando la confianza pública. Lo más relevante es la existencia de un terreno institucional debilitado, donde la sospecha se vuelve permanente y la política se desplaza desde el debate programático hacia una disputa constante sobre la legitimidad misma del sistema. Esta dinámica resulta preocupante porque socava los fundamentos de una democracia sólida y abre espacios para el cuestionamiento permanente de las instituciones.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Es precisamente en ese vacío donde la nueva derecha se mueve con mayor comodidad.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la institucionalidad pierde densidad, los discursos de orden ganan atractivo. Cuando el Estado aparece fragmentado, las promesas de “mano dura” o de “eficiencia radical” se vuelven políticamente rentables. Y cuando la política deja de ofrecer soluciones creíbles, el relato del enemigo, ya sea el comunismo u otra amenaza presentada como permanente, ocupa el lugar del análisis racional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de un error discursivo. Es, más bien, una de sus tecnologías políticas centrales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si quisiéramos buscar símiles en la historia contemporánea a este tipo de procesos podríamos llamar Operación Cóndor 2.0. La Operación Cóndor original fue otra cosa eso sí: una maquinaria de coordinación represiva entre dictaduras del Cono Sur, con secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Su lógica era la eliminación física del adversario político. Hoy no hay, por ahora,&nbsp; equivalencia directa con ese nivel de violencia estatal. Pero sí hay una continuidad menos visible y más sofisticada: la disputa por el modelo de sociedad y la reducción del Estado como horizonte incuestionable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia es clave. Antes la política eliminaba cuerpos. Hoy redefine estructuras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y lo hace sin necesidad de clandestinidad. Lo hace desde el gobierno, con legitimidad electoral, con lenguaje técnico y con una eficacia discursiva que convierte el ajuste en virtud y el desmantelamiento del Estado en modernización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El punto crítico no es la existencia de una conspiración centralizada. Es algo más inquietante: la convergencia de intereses, discursos y políticas que producen el mismo resultado sin necesidad de coordinación explícita. Una internacional de la derecha que no necesita reunirse para operar como si lo hiciera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en ese escenario, el fantasma del comunismo cumple su función histórica renovada: no describe el mundo, lo ordena. No explica los conflictos, los simplifica. No ilumina alternativas, las bloquea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado es una inversión política brutal: sectores sociales golpeados por la desigualdad terminan respaldando programas que profundizan la reducción del Estado que aún los sostiene. No por contradicción individual, sino por la eficacia de un relato que transforma la precariedad en libertad y el ajuste en salvación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta ya no es si estas derechas coordinan un proyecto oculto. La pregunta es por qué pueden ejecutar tan abiertamente un programa de transformación profunda sin necesidad de ocultarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta es incómoda: porque ya no necesitan hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy la disputa no es entre democracia y autoritarismo clásico. Es entre proyectos que prometen protección, aunque sea imperfecta,&nbsp; y proyectos que prometen libertad entendida como abandono del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en ese terreno, la política deja de ser un espacio de deliberación para convertirse en una administración del miedo.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/neofascismo-en-latam/">NEOFASCISMO EN LATAM</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>¿CONVICCIÓN O RECHAZO? CRISIS DE REPRESENTACIÓN EN EL PERÚ</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/conviccion-o-rechazo-crisis-de-representacion-en-el-peru/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 20:27:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://infosurdiario.com.ar/?p=57551</guid>

					<description><![CDATA[<p>Después de una elección percibida por amplios sectores ciudadanos como un proceso cuestionado y atravesado por la desconfianza, resulta inevitable reflexionar sobre el estado de la democracia peruana. Cuando el conteo de votos se extiende durante días, las impugnaciones y denuncias se acumulan y la sospecha se instala en la opinión pública, una parte significativa [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong>Después de una elección percibida por amplios sectores ciudadanos como un proceso cuestionado y atravesado por la desconfianza, resulta inevitable reflexionar sobre el estado de la democracia peruana. Cuando el conteo de votos se extiende durante días, las impugnaciones y denuncias se acumulan y la sospecha se instala en la opinión pública, una parte significativa de la ciudadanía deja de percibir el proceso electoral como transparente y concluyente. En esos momentos, más allá de quién resulte vencedor, lo que está en juego es algo más profundo: la confianza de la población en sus propias instituciones democráticas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Capitán Cianuro </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia no se fortalece únicamente con la realización periódica de elecciones. Su solidez depende de la certeza de que las reglas son claras, de que los organismos encargados de administrarlas actúan con imparcialidad y de que los resultados reflejan fielmente la voluntad popular. Cuando una parte importante de la sociedad percibe irregularidades o ausencia de transparencia, el resultado puede ser formalmente legal, pero difícilmente será considerado legítimo por todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, los llamados a la unidad nacional que suelen surgir al término de una elección no siempre encuentran eco en la ciudadanía. La unidad no puede decretarse ni edificarse sobre la desconfianza. Tampoco puede exigirse a quienes consideran que el proceso estuvo marcado por errores, inconsistencias o actuaciones cuestionables. La reconciliación democrática exige, ante todo, credibilidad institucional y la convicción compartida de que todos compitieron bajo las mismas reglas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, reducir la crisis peruana a las controversias de un proceso electoral sería simplificar un problema mucho más hondo. Lo que el Perú atraviesa desde hace años es una crisis estructural de representación política. Los liderazgos son cada vez más frágiles, los partidos carecen de arraigo ciudadano y la fragmentación del sistema político impide la construcción de consensos nacionales duraderos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basta observar que una elección presidencial puede arrancar con treinta y cinco candidatos disputando la primera vuelta. Lejos de ser una señal de vitalidad democrática, esa dispersión revela la incapacidad del sistema para articular proyectos amplios y sólidos. En un escenario tan atomizado, quienes avanzan a la segunda vuelta lo hacen con porcentajes de apoyo relativamente modestos. En el caso de Keiko Fujimori, por ejemplo, alcanzó apenas alrededor del 16% en la primera vuelta —cifra suficiente para clasificar al balotaje, pero insuficiente para sostener que existía una mayoría social real detrás de su candidatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cifras de participación aportan elementos igualmente reveladores. De un padrón cercano a los 27 millones de electores, aproximadamente 24 millones concurrieron a votar en la primera vuelta. No obstante, al examinar la segunda vuelta aparece un dato inquietante: cerca de 10 millones de ciudadanos terminaron sin expresar una preferencia efectiva por ninguno de los dos finalistas, ya sea por abstención, voto nulo o voto en blanco. En consecuencia, solo alrededor de 17 millones manifestaron una inclinación directa por alguna de las dos opciones en disputa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta realidad obliga a mirar más allá de los porcentajes oficiales. Aunque el ganador obtiene la mayoría de los votos válidamente emitidos, eso no equivale a contar con el respaldo mayoritario del conjunto de ciudadanos habilitados para votar. En términos políticos, el dato revela una democracia donde el descontento, la apatía y la falta de identificación con las opciones disponibles alcanzan niveles preocupantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta fundamental es, entonces, por quién vota realmente el peruano. ¿Lo hace por convicción —porque cree en un programa de gobierno, en una visión de país, en un liderazgo capaz de conducirlo— o vota principalmente para impedir que llegue al poder el candidato que considera más perjudicial? La respuesta parece inclinarse cada vez con mayor claridad hacia esta segunda alternativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las elecciones se convierten en una competencia entre rechazos, la democracia pierde una parte esencial de su sentido. Los ciudadanos dejan de elegir el futuro que desean y terminan optando por lo que consideran el mal menor. Se vota contra alguien más que a favor de alguien. Y cuando esa lógica se consolida, los gobiernos nacen con una legitimidad debilitada, enfrentan niveles crecientes de polarización y encuentran enormes dificultades para construir acuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado es un círculo vicioso: la ausencia de liderazgos sólidos genera desconfianza; la desconfianza produce fragmentación; la fragmentación conduce a gobiernos débiles; y los gobiernos débiles profundizan el desencanto ciudadano. Mientras ese ciclo no se interrumpa, el Perú seguirá enfrentando procesos electorales marcados por la incertidumbre, la confrontación y la sensación de que la democracia no logra responder a las expectativas de quienes deberían ser sus principales beneficiarios: los propios ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de quién gane cada elección, el verdadero desafío peruano es reconstruir la confianza en las instituciones, fortalecer los partidos políticos y recuperar la capacidad de generar liderazgos que convoquen adhesiones genuinas. Porque una democracia sana no es aquella en que los ciudadanos votan por temor al adversario, sino aquella en que votan con la esperanza de construir un futuro mejor.</p>



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		<title>Modernidad tropical</title>
		<link>https://infosurdiario.com.ar/modernidad-tropical/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 19:11:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://infosurdiario.com.ar/?p=57548</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Santiago Mejía Ribadeneira y Diego Jadán-Heredia Modernidad tropical es un concepto filosófico y sociológico que procura explicar la condición social y cultural de las regiones del trópico, especialmente de Latinoamérica. La idea parte de que la modernidad, tal como la conocemos, se produce a través de la violenta experiencia colonial, como plantea la teoría critica [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Por Santiago Mejía Ribadeneira y Diego Jadán-Heredia</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Modernidad tropical es un concepto filosófico y sociológico que procura explicar la condición social y cultural de las regiones del trópico, especialmente de Latinoamérica. La idea parte de que la modernidad, tal como la conocemos, se produce a través de la violenta experiencia colonial, como plantea la teoría critica y el pensamiento decolonial. Por lo tanto, tiene lugar primero en los países centrales y desde ahí se extiende hacia las periferias, como una ola que, conforme avanza, va perdiendo fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este concepto remite a otros como el de sistema-mundo de Immanuel Wallerstein, que explica cómo se desarrolla el capitalismo y las desigualdades a escala global, es decir, una estructura jerárquica, asimétrica, de intercambio desigual. También nos lleva a repensar el mestizaje, entendido como un encuentro cultural entre personas de distintas etnias en el marco de la colonialidad. De ahí salen nuevas identidades, tradiciones, costumbres… una forma particular de entender el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entendemos por modernidad un proceso filosófico, social y económico que se consolida en la Europa capitalista con la revolución industrial. Se caracteriza por el uso de la razón, la ciencia y la tecnología para organizar la sociedad, según principios como el racionalismo, el individualismo, el Estado nación y, sobre todo, la idea de orden y progreso. </p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>Una mentalidad lógica, el poder técnico-científico para alcanzar grandes objetivos… Pues bien, la humanidad vive esto de maneras distintas o, en otras palabras, existen varios tipos de modernidad. </p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La violencia con la que se impuso el proyecto modernizador en Latinoamérica frente a la resistencia de pueblos milenarios crea las condiciones de posibilidad de la Modernidad Tropical. De ahí surgen fenómenos que, desde una perspectiva moderna, parecerían extraños o hasta incoherentes, pero que en realidad son el reflejo de la resistencia, la creatividad, la lucha y la capacidad de sostener lo común y la espiritualidad milenaria. Esto se da en el marco de estructuras de discriminación, racismo, saqueo y violencia sistémica. Y termina generando condiciones de blanquitud, entendida como una norma cultural que define lo que es aceptable, ordenado y civilizado, mientras desprecia otras formas culturales a través de la estigmatización y la violencia arbitraria (Echeverría, 2010).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra conexión importante de este concepto se da con el <em>ethos</em> barroco de Bolívar Echeverría, especialmente en <em>La modernidad de lo barroco</em> (1998). Se trata de una manera específica de habitar la modernidad capitalista, que tiene como características centrales la resistencia, la contradicción permanente y una suerte de estetización de la vida cotidiana. Todo esto para enfrentar las desigualdades estructurales, creando una identidad propia del sujeto latinoamericano, casi como una alternativa civilizatoria; sin embargo, la Modernidad Tropical no puede identificarse plenamente con el <em>ethos</em> barroco. Mientras este último constituye una forma específica de habitar las contradicciones de la modernidad capitalista, la Modernidad Tropical busca nombrar una condición histórica más amplia. No se refiere únicamente a una estrategia cultural de resistencia, sino al conjunto de relaciones sociales, imaginarios, sensibilidades y formas de vida producidas en territorios marcados por la experiencia colonial, el mestizaje, la diversidad étnica y una particular relación con la naturaleza tropical.</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>Desde esta perspectiva, el <em>ethos</em> barroco puede entenderse como una de las manifestaciones de la Modernidad Tropical, pero no como su única expresión. </p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La Modernidad Tropical incluye fenómenos que exceden la lógica barroca descrita por Echeverría: formas de religiosidad popular, prácticas comunitarias indígenas y afrodescendientes, experiencias urbanas híbridas, economías informales, imaginarios asociados a la exuberancia de la naturaleza y modos de relación con el tiempo menos subordinados a la racionalidad productivista propia de la modernidad occidental. Se trata, en suma, de una categoría que intenta comprender la manera singular en que la modernidad se sedimenta, se transforma y adquiere características propias en las sociedades tropicales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noción de tropicalidad tampoco debe reducirse a una simple referencia geográfica o climática. Lo tropical opera aquí como una categoría cultural e histórica; remite a territorios donde la naturaleza conserva una presencia material y simbólica particularmente intensa, condicionando las formas de ocupación del espacio, los ritmos de la vida cotidiana y las representaciones colectivas. Así, la Modernidad Tropical designa el encuentro conflictivo entre los ideales universales de la modernidad y las condiciones concretas de sociedades cuya experiencia histórica ha estado marcada por la coexistencia de múltiples temporalidades, memorias y tradiciones culturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, si el <em>ethos</em> barroco describe una forma de resistencia que busca preservar el valor de uso dentro del mundo capitalista, la Modernidad Tropical pretende señalar un horizonte más amplio de producción cultural. No solo expresa resistencia, sino también creación. No solo evidencia contradicciones, sino que produce nuevas síntesis culturales. Su interés radica en mostrar cómo las sociedades tropicales han sido capaces de apropiarse selectivamente de la modernidad, transformándola y dotándola de significados distintos a los previstos por sus centros de origen.</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>El concepto también remite al real maravilloso, que propone el escritor cubano Alejo Carpentier. Lo maravilloso y lo distinto surgen de la propia diversidad, que a veces parece mágica. </p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es, hechos extraordinarios que ocurren a partir de la cultura local: elementos sobrenaturales que conviven con lo cotidiano, como parte del paisaje, sin que la gente se sorprenda, a raíz de hechos históricos tan duros como la colonia, la esclavitud y largas luchas por los derechos en el marco de Estados oligárquicos… todo eso en medio de una naturaleza exuberante, una fuerza viva e indómita, donde ocurren hechos que desde la mirada moderna resultan insólitos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, el concepto conecta con el realismo mágico, movimiento literario del siglo XX donde lo cotidiano y lo sobrenatural conviven de manera armónica. Hay elementos fantásticos que se presentan con naturalidad, hasta el punto de normalizar lo extraño. Eso nos ayuda a entender nuestras raíces culturales a partir de mitos, leyendas, tradiciones, creencias, en una especie de simbiosis, todo enmarcado en la tropicalidad: el sol que pega fuerte, el clima cálido, la ausencia de estaciones, la gran biodiversidad del horizonte… todo se mezcla con la modernidad, un proyecto totalizador que hoy está en crisis, ya que sus promesas de progreso y emancipación contrastan con el materialismo y la razón instrumental, o sea, con la crisis ecológica, la violencia en múltiples niveles y la perdida de sentido ético.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Echeverría, B. (2010). Modernidad y blanquitud. Ediciones Era</p>



<p class="wp-block-paragraph">Echeverría, B. (1998). La modernidad de lo barroco. Ediciones Era</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/modernidad-tropical/">Modernidad tropical</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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