El Tribunal Criminal Nº 2 sentenció a María Ramona Meza Villamayor por tres robos agravados. Les suministraba narcóticos, los dejaba inconscientes y les robaba. Las víctimas tenían 76, 68 y 84 años. Dos fallecieron tras ser intoxicados. El caso de la Viuda Negra.
Pasó un tiempo desde que la detuvieron, pero el caso de la «Viuda Negra» de Florencio Varela finalmente llegó a su desenlace judicial. El Tribunal Criminal Nº 2 de Florencio Varela condenó a María Ramona Meza Villamayor a 9 años de prisión por robo agravado por la causación de lesiones graves en tres hechos diferentes.
La mujer, de 52 años y nacionalidad paraguaya, según la resolución judicial, utilizó siempre el mismo método: contactaba a hombres de la tercera edad, se ganaba su confianza, les suministraba narcóticos que los dejaban inconscientes y luego les robaba sus pertenencias. Dos de sus víctimas terminaron muriendo semanas después por complicaciones derivadas de la intoxicación.
Los hechos ocurrieron entre diciembre de 2022 y septiembre de 2023, todos en Florencio Varela. Las víctimas tenían 76, 68 y 84 años. En los tres casos, Meza Villamayor desplegó una estrategia calculada que quedó documentada en cientos de páginas de expediente judicial y que Infosur pudo reconstruir a partir de la sentencia a la que accedió en exclusiva.
«Lo había seguido desde el cajero del banco»
El primer hecho ocurrió el 30 de diciembre de 2022. La víctima era un hombre de 76 años que vivía solo en un departamento de la calle Montevideo al 2023 de Florencio Varela. Días antes, la mujer lo había abordado en el cajero del Banco Supervielle. Lo besó, le preguntó cómo se llamaba, dónde vivía. El hombre se sintió incómodo y se fue rápido, pero ella lo siguió hasta su casa.
Ese 30 de diciembre, desde el mediodía, los vecinos vieron a la mujer merodeando el frente de la vivienda del anciano. Caminaba hasta la esquina y volvía. A la tarde, finalmente, el hombre la dejó pasar. Alrededor de las 18 horas, los vecinos la vieron salir «con pasos acelerados» por la avenida Perón hacia el centro.
Uno de los vecinos, preocupado porque el hombre le había contado lo del episodio del cajero, fue a golpear la puerta. No hubo respuesta. Entró y lo encontró sobre la cama, boca abajo, inconsciente. No respondía a ningún estímulo. Llamaron al 911.
Cuando llegó la ambulancia, el hombre presentaba «somnolencia/obnubilación, glasgow 6/15, con miosis puntiforme bilateral, con tendencia a la bradicardia/bradipnea», según consta en el parte médico del Hospital «Mi Pueblo» de Florencio Varela. Los médicos sospecharon intoxicación por opiáceos y le administraron naloxona, el antídoto. Tuvo una «respuesta mínima».
Al día siguiente lo derivaron a la Clínica Belgrano de Quilmes. El hisopado dio positivo para COVID-19. Desarrolló neumonía bilateral. Debió ser intubado. El 10 de enero de 2023, once días después del robo, falleció por «falla multiorgánica secundaria a sepsis a causa de neumonía por covid-19».
La autopsia determinó que al momento de ser internado «presentó signos clínicos compatibles con cuadro de ingesta de opioides como morfina, heroína o similar». Le habían robado su riñonera con todos sus ahorros y el dinero de la jubilación que había cobrado dos días antes: $157.000.
«La conoció en el bingo y le dio un café»
El segundo hecho fue el 16 de mayo de 2023. La víctima era un hombre de 68 años que frecuentaba el bingo de Florencio Varela, sobre la calle Monteagudo. Meza Villamayor se le acercó mientras jugaba en una máquina. Comenzaron a hablar. Ella le pidió que la llevara a su casa, él le dijo que no porque estaba viviendo con un primo. Entonces le pidió que la llevara al UPA 11 sobre la calle Jorge Novak.
En el camino, le ofreció un café que compraron sobre la calle Sallares. El hombre lo tomó. Después de eso, no recuerda nada más.
Alrededor de las 16 horas, el auto del hombre llegó al UPA 11. Los policías que estaban en la puerta se acercaron porque nadie descendía del vehículo. Encontraron al conductor descompensado, con los ojos entreabiertos, como si le pesaran los párpados, babeando. Una mujer bajó del lado del acompañante y se fue caminando rápido.
Lo ingresaron de urgencia. El médico les preguntó a los hijos si su padre consumía alcohol o estupefacientes. Clínicamente estaba bien, pero desvariaba, no podía estar de pie, se orinaba encima, no podía abrir los ojos. Los hijos revisaron el auto: los dos asientos delanteros estaban reclinados, en el piso había bolsas con repuestos. Encontraron la billetera, pero sin plata. El celular no estaba.
Le preguntaron al padre qué había pasado. Entre el delirio, dijo «una paraguaya». Les contó que la había conocido en el bingo, que era de Claypole, que le pidió que la lleve. «Me pidió para ir a tomar algo caliente, compramos un café con leche sobre la calle Sallares. Después ya no recordaba nada».
Al día siguiente lo volvieron a llevar al UPA. Estaba igual: desvariaba, no recordaba las cosas, no se podía levantar, se orinaba encima. Le diagnosticaron neumonía. Lo ingresaron de inmediato en terapia intensiva. Una de las médicas les dijo que «debió ser algo fuerte por cómo repercutió en sus pulmones, que lo que ingirió le provocó el vómito, el cual broncoaspiró, eso se fue a los pulmones y le produjo la neumonía por broncoaspiración».
Estuvo intubado casi dos meses. Nunca se recuperó. Falleció el 19 de agosto de 2023, tres meses después del robo. Le habían robado el celular Samsung J7 y $20.000 en efectivo.
«Dijo que era amiga de su ex pareja»
El tercer hecho ocurrió el 21 de septiembre de 2023. La víctima era un hombre de 84 años que padecía alzheimer y vivía en Florencio Varela. Ya había sido atacado dos veces antes por la misma mujer, en mayo y agosto de ese año. En ambas ocasiones lo encontraron tirado en el piso, desnudo, inconsciente, intoxicado con benzodiazepinas. En las dos oportunidades estuvo internado en la Clínica Santa Clara.
La familia le había dicho que no dejara entrar a esa mujer. Pero el 21 de septiembre, una vecina les avisó por mensaje: «Hay una mujer en el portón de la casa que no conozco» y les mandó una foto.
El sobrino fue corriendo junto a otros familiares. Al entrar, vieron al anciano salir de la habitación abrazado de la mujer. Ella intentó irse: «Bueno don Tomás, como tuviste visitas, yo me voy». Le pidieron que se quedara hasta que llegara la policía. Intentó abrir el portón con las llaves que le había sacado al anciano. No pudo. Intentó saltar la reja. Tampoco. Sacó su celular de la cartera. Los familiares sospechan que también tiró algo más.
Cuando llegó la policía, se identificó como «Rosa Galeano». Era un nombre falso. La trasladaron a la comisaría y la identificaron como María Ramona Meza Villamayor.
El anciano se descompensó. Lo trasladaron a la Clínica Santa Clara. Le faltaban $300.000 del aguinaldo que acababa de cobrar. Sobrevivió, pero con secuelas: «Perdió la memoria a corto plazo, tuvieron que poner una persona para que lo cuidara», declaró un familiar.
El allanamiento: pastillas y un celular robado
El 27 de septiembre de 2023, cuatro días después del último hecho, la policía allanó el domicilio de Meza Villamayor en la calle 546 nº 1468 de Florencio Varela. La detuvieron y secuestraron:
- Tres blíster completos de amlodipina de 5mg
- Un blíster al que le faltaban dos comprimidos
- Un comprimido de normolipol
- Un teléfono celular Motorola G22 (que no era suyo)
El informe de la ANMAT sobre esos medicamentos fue contundente. La amlodipina puede producir «náusea, rubor facial y vértigo». El normolipol, entre sus efectos adversos en el sistema nervioso, causa «somnolencia, parestesias, amnesia, alteraciones del sueño». Y en el sistema respiratorio: «neumonía, disnea».
Casualmente, las dos víctimas que fallecieron murieron de neumonía.
«El mismo modus operandi en los tres casos»
El fiscal de juicio y la defensa llegaron a un acuerdo de juicio abreviado. Meza Villamayor aceptó los hechos. El juez Stremel, en su sentencia, fue claro: «La modalidad de ejecución utilizada fue la misma para las tres víctimas. En primer lugar, el contacto generado con cada una de ellas, simulando un conocimiento previo, y eligiendo sujetos pasivos de avanzada edad. Luego, el suministro de narcóticos, en el caso pudo haber sido normolipol o amlodipina, lo que provocó un estado total de inconsciencia. Finalmente, y ante ese estado de nula capacidad defensiva, la acusada se apoderó ilegítimamente de las pertenencias de los damnificados».
El juez también analizó si había relación causal entre la intoxicación y las muertes. «No se me escapa al análisis, que conforme lo informado por la ANMAT, uno de los efectos adversos del normolipol en el sistema respiratorio, casualmente es la neumonía», escribió. Pero aclaró que «no logró establecerse el nexo causal entre la conducta desplegada por Meza Villamayor y la muerte de los nombrados».
Por eso la condena fue por «robo agravado por lesiones graves» y no por homicidio. «Al margen de las especulaciones que se puedan hacer sobre el tema y más allá de las sospechas que puedo tener sobre el punto», agregó el juez, «de haberse acreditado el aludido vínculo o enlace, el reproche probablemente sería mucho mayor».
La condena: 9 años de prisión
El juez tuvo en cuenta una circunstancia atenuante: Meza Villamayor no tenía antecedentes penales, era «primaria en el delito». Pero también consideró una agravante: «La manipulación insidiosa de la Amlodipina de 5 mg. y de Normolipol, lo que reveló un mayor contenido de injusto, por cuanto la violencia ejercida mediante la manipulación de narcóticos importaron un mayor riesgo vital para las tres víctimas que se ubican en la franja etaria de la tercera edad».
La pena pactada por las partes era de 9 años de prisión. El juez la mantuvo. «Si bien tengo la facultad de hacerlo, el materializarlo implicaría de por sí licuar la porción de sanción que le corresponde a cada hecho», fundamentó. «El quantum de sanción por cada evento es de cinco (5) años -el mínimo- y el acuerdo alcanzado contiene un punto de no litigio: la pena que voy a imponer».
El 3 de noviembre de 2025, el Tribunal Criminal Nº 2 de Florencio Varela dictó sentencia firme: 9 años de prisión, accesorias legales y costas por el delito de «robo agravado por la causación de lesiones graves -tres hechos- en concurso real».
María Ramona Meza Villamayor, la «Viuda Negra» de Florencio Varela, deberá cumplir su condena en una cárcel bonaerense. Tendrá 61 años cuando salga en libertad.
El caso que sembró terror en Varela
Cuando Infosur publicó la detención de la «Viuda Negra» en septiembre de 2023, el caso conmocionó a Florencio Varela. Los vecinos reconocieron el modus operandi. Algunos ancianos del barrio dijeron que habían visto a esa mujer. Otros recordaron situaciones similares.
La investigación policial, liderada por la Comisaría Segunda de Florencio Varela y avalada por la Dra. Viccio de la UFI Nº 4, logró conectar los tres casos gracias a las cámaras de seguridad y los testimonios de familiares. En las filmaciones del bingo de Florencio Varela se la ve del brazo con la víctima de 68 años. En las cámaras del UPA 11 se la ve descendiendo del auto. En fotos aportadas por testigos aparece junto a la víctima de 76 años en un comercio.
El caso dejó tres familias destrozadas, dos muertos y un anciano con secuelas irreversibles. Y una pregunta que quedó flotando en los pasillos del tribunal: ¿cuántas otras víctimas pudo haber habido antes de que la detuvieran?
Tribunal: Criminal Nº 2 de Florencio Varela
Juez: Fabio Ariel Stremel
Auxiliar Letrada: Florencia Denisse Magliarelli
Causa: Nº 1047 (IPP N° 13-02-0025985-22/00)
Sentencia: 3 de noviembre de 2025
Condena: 9 años de prisión
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