El Papá Noel de Varela: 15 años repartiendo ilusión en las calles del barrio Presidente Sarmiento

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Cada Nochebuena, pasadas las 12.30, las calles de Presidente Sarmiento en Florencio Varela se iluminan con una tradición que comenzó en 2010. Cristian Javier Pérez se viste de Papá Noel y recorre el barrio con bolsas de golosinas para que ningún niño se quede sin regalo. Lo que empezó como un recuerdo de infancia hoy moviliza a todo un barrio y repartió hasta 500 presentes en una sola noche.

Cristian Javier Pérez tiene un recuerdo que no lo suelta. De chico, en Quilmes, había un vecino que se vestía de Papá Noel y repartía regalos en la esquina. Sin motivo aparente, sin pedir nada a cambio. Solo la magia de ver la cara de los pibes iluminarse. Ese recuerdo quedó grabado en su memoria como una fotografía que se revela cada diciembre.

«Me emociono un poco porque me cuesta», confiesa con la voz quebrada mientras recuerda ese momento. «Te traía un regalo y decías por qué, cuando eras chico. Es la imagen, pero se te va formando el recuerdo lindo».

En 1992, la familia de Cristian dejó Quilmes y se mudó al barrio Presidente Sarmiento, en Florencio Varela. Ahí, en Solís al 800, entre Islas Orcadas y calles de tierra, construyeron su vida. Y ahí también, casi dos décadas después, ese recuerdo de infancia se transformó en una tradición que hoy identifica a todo el barrio.

Vecinos del barrio Presidente Sarmiento reunidos en Nochebuena durante la tradicional entrega de regalos solidarios en Florencio Varela

El traje que cambió todo

Corría el año 2010. Cristian, ya padre de dos hijos, Lautaro y Delfina, decidió animarse. Compró un traje de Papá Noel de tela básica, de esos que se consiguen en cualquier cotillón. No era gran cosa, pero alcanzaba para materializar una idea que venía dando vueltas hacía tiempo: regalar ilusión.

«Emprendimos en juntar, poner un poquito de granito de arena cada uno», recuerda. Junto a su esposa Andrea y con el apoyo de una vecina que creyó en el proyecto desde el minuto cero, comenzaron a pedir colaboraciones. La premisa era simple pero firme: solo aceptaban cajas y bolsas cerradas de golosinas. Nada abierto. La prevención con los chicos era innegociable.

Ese primer 24 de diciembre de 2010, Cristian salió de su casa en Solís 773 vestido de rojo. Los vecinos lo esperaban en la puerta, curiosos, emocionados, algunos incrédulos. Recorrieron todo el barrio. Golpearon puertas, saludaron familias, repartieron bolsitas. Y algo pasó. Algo que ni él mismo esperaba: el barrio sintió que ese Papá Noel era suyo.

Niños del barrio Presidente Sarmiento en Florencio Varela reciben bolsitas de golosinas durante la celebración navideña solidaria
Hasta 500 bolsitas de golosinas se han repartido en una sola Nochebuena. La tradición comenzó en 2010 y cada año reúne a más vecinos del barrio Presidente Sarmiento en Florencio Varela.

Una tradición que crece

Desde entonces, cada año se repite el ritual. En noviembre empiezan a juntar las donaciones. Cristian se toma vacaciones en diciembre para organizarlo todo: comprar las bolsas, armar las bolsitas, decorar la vereda de su casa —hoy en Solís 891, a una cuadra de donde vivían sus viejos—, preparar las mesas con gaseosas y jugos.

«Todo está pensado para crearle un gran recuerdo a cada niño», explica con esa mezcla de orgullo y pudor que tienen las personas que hacen cosas grandes sin darse cuenta. «Y que sigan con esa inocencia que tienen».

Pasadas las 12.30 de cada Nochebuena, después del brindis familiar, la vereda de la casa de Cristian y Andrea se transforma. Las luces, las decoraciones, las mesas llenas de golosinas. Y él, enfundado en un traje que hace cuatro años una costurera del barrio le hizo nuevo, sale a la calle. Los chicos lo esperan. Los padres lo filman. Los vecinos que hace años no se ven se saludan, se abrazan, se ponen al día.

«La segunda meta es también para que todos los vecinos se acerquen», dice Cristian. Porque esto no es solo para los pibes. Es para que el barrio vuelva a sentirse comunidad, aunque sea una vez al año.

Hubo Navidades donde repartieron 350 bolsitas. Otras en las que llegaron a las 500. Este año, con la situación económica apretando, el número bajó, pero la tradición no se suspendió. «Con muchísimo esfuerzo lo hicimos, cumplimos», asegura.

Las historias que conmueven

A lo largo de estos 15 años, Cristian vio de todo. Una señora de más de 80 años, de visita desde el Chaco, se puso a llorar porque era la primera vez en su vida que veía a Papá Noel de cerca. Una madre levantó a sus hijos a la madrugada porque no tenían nada para comer ni regalos, solo para que vieran al hombre de rojo. Cristian pidió a sus amigos que le llevaran pan dulce y comida a esa familia.

«Hay chicos que los papás tienen para comprarles regalos, pero les falta cariño», reflexiona. «Y hay chicos que no tienen el regalo ese y tienen el cariño. Entonces es un poco complementar los dos lados».

Hubo noches de lluvia torrencial en las que se empapó hasta los huesos pero siguió repartiendo bolsitas hasta las cuatro y media de la mañana, porque la gente no se iba. «Hasta que no se vaya el último chico o vecino que se quiera sacar foto, nos quedamos siempre», dice con naturalidad, como si fuera lo más obvio del mundo.

El sacrificio invisible

Lo que muchos no saben es el esfuerzo que implica. Cristian colabora en otros lugares durante diciembre —nunca cobra, solo pide que colaboren con los chicos de su barrio— y cada aparición con el traje es un desafío físico. «Hace mucho calor», reconoce. Pero el cansancio no importa cuando ves la cara de un pibe que recibe su bolsita como si fuera el mejor regalo del mundo.

«Siempre intenta uno tapar las cosas malas y que los chicos sigan con esa inocencia», explica. Esa es su misión. Estirar lo más posible ese momento mágico de la infancia donde todo es posible, donde un tipo vestido de rojo puede aparecer en tu barrio para darte un regalo sin pedirte nada a cambio.

Su familia lo apoya incondicionalmente: padres, hermanos, cuñadas, amigos. Todos ponen el hombro. Y Andrea y sus hijos son el motor silencioso que sostiene la tradición año tras año.

En 2015, Cristian llevó la idea al club social Cacheira, en Temperley, barrio San José. Allá también lo hacen, con él yendo cada año a hacer la presencia. «Me encanta estar con chicos, siempre me gustó», confiesa. «Me gusta ver las inocencias que tienen y crearles un gran recuerdo».

El barrio habla

Cristian Javier Pérez, vecino de Florencio Varela que se viste de Papá Noel desde 2010 para repartir regalos solidarios en Navidad
Cristian Javier Pérez vive en Solís al 891, en el barrio Presidente Sarmiento. «Me emociono porque me cuesta, pero es el recuerdo lindo que quiero dejarle a cada niño», confiesa sobre la tradición que sostiene hace 15 años junto a su esposa Andrea y sus hijos.

Le cuesta hablar de sí mismo. Se pone incómodo cuando le preguntan qué dicen los vecinos de él. «Siempre me dicen que tengo un gran corazón, que no muchos lo hacen, tomarse tanto tiempo», dice casi a regañadientes. Durante la pandemia, cuando el barrio más lo necesitó, fue Cristian quien organizó la recolección de mercadería y la distribuyó casa por casa. Conoce a todos. Sabe quién necesita qué.

«Todos los vecinos me tiran muy buenas vibras», reconoce. Pero lo que más lo emociona no son las palabras de los grandes. Son los pibes que eran chicos hace diez años y ahora traen a sus propios hijos para que conozcan al Papá Noel del barrio.

Eso es lo que construyó Cristian en estos 15 años: una tradición que ya tiene historia, que atraviesa generaciones, que sostiene la ilusión cuando todo parece gris.

La Navidad que no se rinde

Este 2025, como todos los diciembres desde 2010 —excepto uno que no pudo hacerse—, Cristian volvió a vestirse de rojo. Las colaboraciones fueron menos, la situación económica apretó más, pero el barrio Presidente Sarmiento igual tuvo su Papá Noel. Porque hay cosas que no se negocian. Y la ilusión de un pibe es una de ellas.

«Siempre hacemos el esfuerzo de que todos se vayan con algo en presente», dice con esa convicción tranquila de quien encontró un propósito. No busca reconocimiento. No pide aplausos. Solo quiere que ningún chico se vaya a dormir el 25 de diciembre pensando que la magia no existe.

Mientras haya un Cristian dispuesto a ponerse el traje, a aguantar el calor, a quedarse despierto hasta que el último pibe se vaya con su bolsita, en Florencio Varela la Navidad va a seguir teniendo algo que muchos barrios perdieron: la certeza de que el vecino de al lado te cuida, te piensa, te incluye.

Porque de eso se trata, en el fondo. De recordarle a los pibes que hay adultos que no se olvidan de cómo era ser niño. Y de recordarle a los grandes que todavía es posible, con poco, crear algo enorme.


🎁 LA TRADICIÓN EN NÚMEROS:

📅 15 años de tradición ininterrumpida (desde 2010)
🎅 500 bolsitas repartidas en los mejores años
🕐 Hasta las 4:30 AM ha estado repartiendo regalos
👨‍👩‍👧‍👦 Toda una comunidad movilizada en Presidente Sarmiento
💝 2 barrios beneficiados (Varela y Temperley)


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