En Florencio Varela, la basura no es solo un problema ambiental: es el síntoma visible de un contrato que se paga, pero no se cumple. En la periferia del distrito, los residuos se acumulan en esquinas, baldíos y calles de tierra, dibujando un mapa del abandono que no aparece en los papeles oficiales. La basura en Florencio Varela cuenta una historia cotidiana de reclamos sin respuesta y servicios que llegan a medias.
Según el contrato 434/21, la Cooperativa de Provisión de Servicios para Idóneos 31 de Mayo debe realizar la recolección de residuos de lunes a sábados. Sin embargo, en barrios como Ingeniero Allan, Villa Brown, El Parque y Hudson, los camiones no pasan con la frecuencia prometida o directamente no pasan. Bolsas rotas, colchones viejos, escombros y restos de poda permanecen durante días, a la espera de una recolección que no llega.
“Llamamos al municipio, hacemos reclamos, nos dicen que van a venir y nada. Pasan los días y la basura sigue ahí”, relató a Infosur una vecina de Ingeniero Allan. En zonas como el barrio Paraná, las familias agrupan los residuos en las esquinas con la esperanza de que algún camión los levante. Muchas veces, los perros rompen las bolsas y el viento termina de desparramar todo.

El contrato firmado entre el Municipio y la cooperativa —presidida formalmente por Néstor Omar Pérez— implica un gasto de 5.336.709.905,28 pesos para las arcas públicas. Una cifra que se abona en su totalidad, aun cuando el servicio presenta fallas reiteradas. Fuentes municipales lo reconocen sin rodeos: las multas previstas por incumplimientos graves no se aplican.
Detrás de la cooperativa aparece un nombre conocido en el distrito: Francisco “Chicho” Basile. Aunque no figura como presidente, es señalado como quien maneja los hilos de la estructura. Empleados de su confianza realizan los cobros y el domicilio legal de la cooperativa —Monteagudo 4, piso 3— sería una propiedad vinculada a él. En los papeles, una cosa; en la práctica, otra muy distinta.
Las cláusulas del contrato son claras. La cooperativa debe recolectar residuos en todas las calles de asfalto y tierra abiertas al tránsito. En los barrios populares donde no se puede ingresar con camiones, deben instalarse hasta 400 contenedores, que además deben limpiarse seis días a la semana. El incumplimiento se considera falta grave y habilita una multa del 3% del valor de la última factura.
El pliego también establece que deberían operar 50 camiones: 30 con una antigüedad menor a 10 años y 20 con un máximo de 20 años, todos equipados con cámaras para que el Municipio controle el servicio. La Secretaría de Obras Públicas tiene la facultad de sancionar o incluso rescindir el contrato. Pero en la calle, la basura en Florencio Varela sigue siendo prueba de que esos mecanismos no se activan.
En avenidas como Perito Moreno, los vecinos llaman con frecuencia a la redacción de Infosur. Allí, muchas veces, el propio Municipio envía camiones del área de Infraestructura para retirar residuos que la cooperativa debería haber levantado. Horas después, los carreros vuelven a arrojar basura en el mismo lugar. Son los mismos carreros que recorren barrios donde la recolección pasa solo una o dos veces por semana, pese a que el contrato establece seis.
El convenio prevé canales formales de reclamo: Call Center, ventanilla única y libro de quejas. En teoría, cada denuncia debería derivar en una sanción. En la práctica, el sitio web municipal promueve denunciar el arrojo ilegal de residuos, pero no ofrece un espacio claro para reclamar por la falta de recolección o por los contenedores que la Cooperativa 31 de Mayo debería colocar.
La paradoja es evidente. El Municipio paga más de cinco mil millones de pesos por un servicio incompleto y, al mismo tiempo, destina recursos propios para limpiar basurales donde deberían existir contenedores. La basura en Florencio Varela se convierte así en un doble gasto y en un problema sin solución estructural.
Mientras tanto, los basurales a cielo abierto crecen. Los vecinos siguen llamando, reclamando y esperando. Y el contrato 434/21 continúa cumpliéndose solo en una parte: la del pago.
Pero el escenario podría agravarse. En noviembre, el Municipio lanzó una licitación para definir quién se quedará con la recolección de residuos durante los próximos cuatro años, por una cifra cercana a los 100 mil millones de pesos. El nuevo esquema podría dividir el distrito en zonas y repartir el servicio entre varias empresas o cooperativas. Sin embargo, el pliego se maneja con hermetismo y todo indica que la Cooperativa 31 de Mayo podría volver a quedarse con el negocio.
La posibilidad genera malestar vecinal y reclamos de mayor transparencia. La pregunta se repite en los barrios: si nunca se aplicaron multas ni se rescindió un contrato que no se cumple, ¿qué garantiza que el próximo será distinto?
En Florencio Varela, la basura sigue acumulándose. Basile cobra. El Municipio paga. Y los vecinos conviven, todos los días, con los residuos que nadie levanta.
En los últimos días, los reclamos por basura en Florencio Varela se multiplicaron en distintos barrios. Casos recientes, como el del barrio La Sirena, expusieron nuevamente la falta de regularidad en la recolección domiciliaria.

