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La Pandemia y la esperanza del Cannabis

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La mirada de una investigadora del Hospital El Cruce

Dispuesta a no dejar nada pendiente, Silvia Kochen comenzó en 2010 a estudiar para documentalista y desde entonces tiene ya tres películas: sobre una militante uruguaya secuestrada en el plan Cóndor, otra sobre la pandemia y la tercera sobre Cannabis; en marzo, espera estrenar su cuarto documental.

Con la irrupción del coronavirus, la neuróloga e investigadora de Conicet Silvia Kochen se puso al frente del armado de una plataforma para llevar el registro en tiempo real de la cantidad de camas y recursos de cada hospital en el sur del conurbano: Berazategui, Quilmes y Florencio Varela.

«En un fin de semana lo armamos. Parece algo sencillo, pero salva vidas saber con cuántas camas, cuánto oxígeno y cuánto personal contás», dice.

«En un fin de semana lo armamos. Parece algo sencillo, pero salva vidas saber con cuántas camas, cuánto oxígeno y cuánto personal contás»

Silvia Kochen

La pandemia no la dejó indemne. «Me contagié, como casi todos los que trabajamos en salud, cuando todavía no había vacunas. No estuve grave pero la pasé mal. Y algunos compañeros murieron», cuenta.

Estas vivencias quedaron reflejadas en su documental «Primera Línea de fuego», filmado en 2021, durante la segunda ola de Covid-19.

Ese año también filmó un documental sobre el Cannabis, que aborda la historia de su uso, eficacia y prohibiciones, hasta nuestros días. Y ahora está terminando otro sobre la misma temática, junto al realizador Emiliano Serra.

«Entrevistamos a Raphael Mechoulam, el científico que aisló y describió los principios activos de la planta, y al `Pepe´ Mujica, autor de la legalidad del Cannabis», cuenta la científica y documentalista e indica que «esperamos estrenarlo a comienzos de 2023».

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Silvia Kochen, desde el hospital El Cruce de Florencio Varela, nos habla sobre la pandemia y el cannabis.

Sobre su faceta de documentalista, Kochen relata: «En 2010 mi hija más chica se fue a vivir a Bariloche. Mi hijo mayor ya se había ido y apareció maravillosamente mi nido vacío. Siempre me gustó el cine. Y frente a mi casa estaba la sede de la Universidad Nacional de las Artes. Ya había cerrado la inscripción, pero escribí una nota y me admitieron».

«Me inscribí como Sara Kochen, que es mi segundo nombre, en total secreto. Eran todos pibes de 18 y nadie me conocía. No lo sabía ni mi propia familia, porque siempre me criticaron que trabajo mucho. Si se los contaba, no me iban a acompañar. Primero lo tomé como un hobby, pero después me dieron ganas de recibirme. Y para esto tenía que filmar un documental. El primero que hice fue sobre el ENyS (Unidad de Estudios en Neurociencia y Sistemas Complejos). Y ahí empecé a contar mi doble vida. Primero a mi mejor amiga, después a mi pareja: Mi hija ya se había enterado», añade.

La científica cuenta que luego llegó el documental Sara Méndez, la historia de una militante uruguaya, secuestrada en la Argentina en el marco del plan Cóndor, y de la apropiación de su hijo, a quien buscó por 28 años: «Es una historia que me conmovió mucho».

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