Durante la última década, el ecosistema emprendedor en Latinoamérica atravesó una
transformación profunda. El crecimiento del comercio electrónico, la consolidación de las
redes sociales como canales de venta y la apertura de mercados internacionales cambiaron
la forma en la que se crean y escalan negocios. Según datos de CEPAL, el e-commerce en
la región creció más de un 25% anual desde 2020, impulsado por la digitalización forzada
tras la pandemia y por una nueva generación de emprendedores que entendió antes que
nadie el poder de las plataformas.
A la par, China se consolidó como el principal centro de manufactura del mundo, no solo
para grandes corporaciones, sino también para marcas emergentes que buscan desarrollar
productos propios, optimizar costos y competir en mercados cada vez más exigentes.
Informes de Statista indican que más del 60% de las marcas digitales que escalan
rápidamente en redes sociales tienen algún punto de su cadena de valor vinculado al
ecosistema industrial chino.
Sin embargo, el desafío no es menor. Importar, desarrollar un producto rentable, construir
una marca sólida y vender de forma sostenida en redes sociales exige una combinación
poco común de visión estratégica, conocimiento técnico, estructura legal y capacidad
operativa. En ese escenario, muchos proyectos fracasan no por falta de demanda, sino por
errores de ejecución, improvisación o dependencia de fórmulas genéricas que no se
adaptan a la realidad del mercado latinoamericano.
Es justamente en ese cruce entre e-commerce, branding y expansión internacional donde
comienzan a destacarse perfiles que entienden el negocio como un sistema integral y no
como una suma de tácticas aisladas.
Dentro de esa nueva camada de desarrolladores de negocios aparece Ezequiel Tietjen, un
creador de marcas y estratega que logró posicionarse como una referencia en
Latinoamérica a partir de resultados concretos. Su recorrido no está asociado a un solo
proyecto, sino a un modelo de construcción de marcas replicable y probado en distintos
nichos.
Entre las empresas que nacieron bajo su dirección se encuentran @pandakids.ar,
@mouthe.ar y @tietjengadgets.arg, marcas que hoy ocupan un lugar destacado en sus
respectivos mercados y lograron algo que pocas consiguen: sostener volumen de ventas,
presencia digital y reconocimiento de marca en un entorno altamente competitivo.
El diferencial de Tietjen no pasa únicamente por el marketing. Su enfoque parte de entender
el negocio desde el origen. Desde la elección del producto, el desarrollo de marca y la
narrativa visual, hasta la estructura operativa que permite escalar sin colapsar. Esa visión lo
llevó a especializarse en la creación de marcas desde China para emprendedores e
inversionistas latinoamericanos que buscan construir negocios rentables y sostenibles a
través de redes sociales.
A diferencia de los modelos tradicionales de importación, su metodología contempla cada
etapa del proceso. Desde la creación de todas las cuentas digitales necesarias para el
lanzamiento, el seguimiento y crecimiento de esas plataformas, hasta aspectos críticos que
muchas veces quedan relegados, como el desarrollo del área contable, fiscal e impositiva
del negocio.
El trabajo se extiende también a la estructuración completa de la importación desde China,
con foco en eficiencia, escalabilidad y previsibilidad. Una vez que el producto está listo para
salir al mercado, el proceso continúa con capacitaciones personalizadas en Meta Ads,
TikTok Ads y Mercado Libre, utilizando exactamente las mismas estrategias que Tietjen
aplica en sus propias empresas.
El objetivo no es vender una promesa, sino transferir un sistema. Un sistema que permita al
cliente entender qué está haciendo, por qué lo hace y cómo sostener el crecimiento en el
tiempo.
El caso de Ezequiel Tietjen refleja una tendencia cada vez más marcada en el ecosistema
emprendedor regional: el fin de los atajos y el regreso a la construcción estratégica. En un
contexto donde abundan fórmulas rápidas y discursos simplificados, empieza a valorarse a
quienes trabajan con procesos reales, estructura y visión de largo plazo.
Los negocios digitales dejaron de ser experimentos improvisados para convertirse en
empresas que compiten por atención, confianza y rentabilidad. Y en ese escenario, el
conocimiento operativo —desde la fabricación hasta la pauta publicitaria— se vuelve un
activo clave.
Latinoamérica, con su talento creativo y su capacidad de adaptación, comienza a integrarse
de forma más madura a cadenas globales de valor. La posibilidad de desarrollar marcas
propias, fabricar en Asia y vender a través de redes sociales ya no es una excepción, sino
una oportunidad concreta para quienes entienden la complejidad del proceso.
En definitiva, la profesionalización del e-commerce y la creación de marcas globales desde
Latinoamérica no es una promesa futura, sino una realidad en desarrollo. Y entender cómo
se construyen esos proyectos, desde adentro, empieza a ser tan importante como el
producto que se vende

