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Pozo de Quilmes: el día en que la patota militar violó a una mujer delante de su hijo de 3 años

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Juan Manuel Borzi relató los abusos sexuales que vio sufrir a su madre por parte de los integrantes de una patota militar que irrumpió en su casa para secuestrar a su padre, quien aún permanece desaparecido, durante otra audiencia del juicio que se sigue en el Tribunal Oral Federal (TOF) número 1 de La Plata, en el que se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura en los centros clandestinos de detención de Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes e «Infierno» de Lanús.

«Aún lo estoy viendo, disculpen si cierro los ojos pero esa escena sigue vívida aún», se excusó Borzi al comenzar a declarar ante el TOF 1 que desde octubre juzga a 17 represores, entre ellos el multicondenado genocida Miguel Etchecolatz y el ex médico policial Jorge Bergés, por crímenes perpetrados en perjuicio de 500 víctimas.

El testigo es uno de los hijos de Oscar «Cacho» Borzi, quien fue secuestrado el 30 de abril de 1977 de su casa en Lanús, donde vivía junto a su esposa y sus tres hijos.

Juan Manuel tenía tres años y esa madrugada se despertó sobresaltado por los gritos del grupo de más de diez personas que se identificaron como efectivos del Ejército e ingresaron en la vivienda.

Al advertir la presencia de los integrantes de esta patota, el niño corrió hasta donde estaban sus padres y fue tomado bruscamente por un militar que lo tiró sobre una cama e hizo que se golpeara contra una pared.

«Mis gritos me impedían oír lo que pasaba, pero vi a mi madre tendida en el suelo, cubierta por una sábana y a mi padre a su lado, cubierto por una frazada. Mi madre lloraba y decía ‘¿qué buscan? ¡no le hagan nada a los nenes, no le hagan nada a los nenes!’ y lloraba», relató.

Contó que, en un momento, su madre, Ada, les rogó a los represores que la dejaran ir al baño, donde uno de los integrantes del grupo de tareas le bajó la bombacha para obligarla a sentarse en el inodoro.

«Mi mamá tenía los brazos atados con el cable de un alargue. Había dos personas mientras mi mamá estaba en el baño. Llega uno y le robó las pulseritas finitas que llevaba en sus brazos y que tenían un tintineo especial y me hacían dormir de noche, me tranquilizaban en esos días de angustia. Mi papá sabía que lo iban a buscar y mi mamá le proponía irse. Él no quería por nosotros y sus padres», precisó.

Borzi recordó que luego otro militar entró en el baño y acercándose a la mujer le dijo: «´A ver qué tenés escondido? y le baja una mano a la zona de las genitales mientras le dice ´dale, a vos te gusta la poronga, dale´».

«Yo no le podía ver la cara pero veía que mi mamá estaba llorando, por acá le caían las lágrimas», dijo Juan Manuel con voz quebrada mientras señalaba su mentón y dijo que cuando los hombres se retiraron del baño, su madre vio que él atisbaba de un costado y le dijo «´Juancito quedate tranquilo, mamá, quedate tranquilo, ya salgo'».

La mujer, con dificultad, logró levantarse del inodoro y se sentó en el bidet para higienizarse, momento en que volvió a irrumpir en el baño otro de los militares que había copado la casa a quien tuvo que explicar que «estoy con el período, necesito limpiarme».

«´A ver, a ver, no escondas nada…a ver….si a vos te gusta la poronga, dale´», se mofaba el militar observando los genitales de la mujer.

Juan Manuel remarcó que «yo estaba mirando y a este tipo le importó tres carajos que yo estuviera mirando, le decía ´limpiate bien, limpiate bien´».

El testigo contó que, luego, quiso saber dónde estaba su papá y logró dirigirse hasta el garage-lavadero de la casa donde, relató «siento olor a carne quemada, como cuando uno cocina un churrasco, pero en casa nadie estaba cocinando».

«Ahí veo a dos hombres agachados, que en un momento se levantan y veo a mi papá en el piso, de cara al piso, mirando hacia donde estaba. Esa fue la última vez que vi a mi papá con vida», observó Juan Manuel, quien años más tarde sabría que esos hombres estaban aplicando «picana eléctrica» a su padre.

Lo sacaron del garage y volvió a ver su madre que todavía estaba en un baño y a quien un militar le levantaba la bombacha mientras le preguntaba con sorna: «´¿Qué te pasa?, ¿no te gustó?’ .

Oscar «Cacho» Borzi estuvo secuestrado en el centro clandestino conocido como «El Infierno» que funcionó en la Brigada de Lanús y hasta el momento continúa desaparecido.

Consultado sobre las secuelas que le dejó el secuestro y desaparición de su padre, Juan Manuel reflexionó: «¿Cómo hago para resumir 45 años, cómo hilvanar cómo fue crecer sin mi viejo, llegar a la mayoría de edad sin mi viejo?», lamentó.

«Quiero agradecer esta oportunidad de que se difunda lo que pasó a Cacho Borzi, a mi familia y los otros compañeros y compañeras y quiero pedir que en las elecciones del próximo fin de semana votemos con memoria», remarcó.

También declaró en esta jornada Luis Alejandro Borzi, hermano de Juan Manuel, quien tenía seis años al momento del secuestro de su padre: «Hemos vivido un horror terrible. La noche para mi es un infierno. No descanso, puedo dormir pero no descanso. He roto todos los arreglos de mi boca por la situación de estrés permanente que paso», explicó.

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