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Judiciales

La trama de violencia policial detrás del crimen de Franco Casco

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Nuevas jornadas en el juicio a 19 policías de la Ciudad de Rosario por la desaparición forzada y homicidio del joven de Florencio Varela.

Siete años y una causa plagada de irregularidades. 19 policías de Santa Fe están sentados en el banquillo de los acusados en el juicio por desaparición forzada, torturas y muerte de Franco Casco.

Franco era albañil y vivía en Florencio Varela con su pareja y su hijo Thiago, de tres años. A fines de septiembre de 2014 viajó a Rosario para visitar a su tía y sus primos de Empalme Graneros, un barrio del noroeste de Rosario. Pensaba volver el 6 de octubre. Tenía pasaje del tren que partía a Retiro a las 23.30 desde la estación ferroviaria Rosario Norte. Salió de la casa de su tía a la tardecita. Nunca llegó.

A los pocos días su papá Ramón Casco y su mamá Elsa Godoy viajaron a Rosario y lo buscaron por todos lados. Averiguaron que lo habían detenido en la comisaría 7ª donde primero se lo negaron y después le reconocieron que Franco había pasado la noche del 6 ahí. Dijeron que lo habían detenido por resistencia a la autoridad y no le dieron más datos. A Elsa le leyeron en voz alta el acta y no dejaron que viera la firma de su hijo.

El fiscal provincial que investigaba el paradero, Guillermo Apanowicz, les mostró fotos en las que se lo veía golpeado, con los piercings arrancados y un acta que decía que lo habían liberado. Hubo testigos falsos que dijeron que lo habían visto en un templo evangélico perdido y desorientado. Todo, en la semana en la cual el reclamo por su aparición estaba en todos los medios locales.

Con la investigación se supo después que la Policía de Santa Fe lo detuvo cerca de la estación de tren. Lo llevaron a la comisaría 7° y lo metieron en “la jaulita”: un calabozo “pequeño, oscuro y mugroso”. Los presos escucharon golpes y pedidos de auxilio. Después, silencio.

“Ese es el modus operandi de la policía rosarina: torturarlos, desmayarlos y tirarlos al río, para que el Paraná y su fauna ictícola hagan el resto. Los tiran desmayados, el agua entra, entonces parecen ahogados. Las lesiones por tortura no se pueden determinar porque las palometas van directamente a la zona traumatizada, la muerden y te dejan sin evidencia forense”, cuenta en el libro “Desaparecer en democracia” la médica forense, docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche y consultora Virginia Créimer. En el caso de Franco las pruebas apuntan a que lo mataron antes de tirarlo al agua.

A la tortura, muerte y desaparición se sumó una red de complicidades y ocultamientos. La causa estuvo plagada de irregularidades. Funcionarios judiciales y políticos descartaron desde el comienzo cualquier responsabilidad policial, no allanaron la comisaría ni secuestraron el libro de actas y avalaron todo tipo de pistas falsas para encubrir a los policías y garantizarles impunidad.

Y por si fuera poco, tras el cambio de gobierno en la provincia de Santa Fé. Marcelo Saín, quien desempeñó por corto tiempo el cargo de Ministro de Seguridad de esa provincia tiró una denuncia que explosiva que duerme en los archivos judiciales. “A los abogados defensores de los policías le pagó los honorarios la gestión anterior”.

Esta semana de febrero del 2022 retomaron las audiencias del juicio la muerte de Franco Casco. El Diario Conclusión de la Ciudad de Rosario con la firma de la periodista Alejandra Ojeda Garnero dio detalles de una de las jornadas clave. La del martes pasado en la que declararon Carina Godoy, hermana de Franco e Hipólita Casco, tía del joven.

El trabajo de reconstrucción es paso a paso. Por eso, había que conocer qué ropa había llevado Franco desde Varela a Rosario, qué zapatillas, cómo era su estado de ánimo y qué recuerda de sus dientes.

Hacia allí apuntaron las preguntas de los abogados querellantes, fiscales y defensores. ¿Por qué? Porque un video refleja cómo estaba vestido Franco antes de ser detenido y coincide con lo declarado por los familiares. Además, allegados a los acusados difundieron un video en la que divulgaban que Franco Casco fue visto merodear por Rosario después de la detención policial. Pero la ropa no coincide. Tampoco el aspecto. Es una Fak News

Es así que el mencionado medio rosarino dio cuenta de que Carina Godoy, hermana de Franco, fue la primera en exponer su testimonio. Fue consultada por abogados querellantes, fiscal y defensores sobre la personalidad de Franco Casco, dijo que “era muy buen hermano, trabajador y compañero, hablábamos siempre”, también mencionó que “era bastante tímido”, y “trabajaba de albañil”.

Su hermana recordó que antes de viajar, fue ella junto a la madre de ambos, Elsa (ya fallecida), quienes le prepararon la ropa y una mochila para el viaje de Franco a Rosario. La ropa es un dato importante para el reconocimiento del joven que aparece en los videos del 8 de octubre. Carina Godoy recordó que “le pusimos tres jeans, tres remeras, un camperón, una remera manga larga, dos bermudas y creo que dos pantalones deportivos, una visera, y nada más”, y agregó que además “mi mamá le puso el DNI en la billetera”.

Al ser consultada sobre el aspecto físico de su hermano cuando viajó a Rosario, Carina Godoy dijo que “estaba feliz”, y corrigió “tenía pelo corto, no recuerdo si tenía su piercing en la cara o no. Medía un metro sesenta más o menos, era delgado”.

A la testigo le exhibieron la foto que le tomaron a Franco Casco en la comisaría séptima para el legajo y el video donde se lo observa caminando por la zona de la cancha del club Rosario Central el 8 de octubre, Carina Godoy dijo sobre la foto que reconoce que es su hermano y “la remera manga larga” que tenía en ese momento el joven “es la misma” que le habían colocado ella y su madre en la mochila.

Sobre el estado físico de Franco Casco en esa foto, dijo que lo ve “mal, re mal, nosotros no lo mandamos así”. En ese sentido agregó que tenía «la cara y la boca hinchada, las manos, los ojos todos hinchados», sobre la ropa agregó que «está mojado y sucio y la remera está estirada».

Uno de los puntos más cuestionados sobre la autopsia de Franco Casco fue respecto de las piezas dentales faltantes, los incisivos centrales superiores. Su hermana aseguró en su testimonio que Franco «tenía todos sus dientes, incluso tenía dientes de más”, las pericias aseguraron que «el cuerpo no tenía lesiones», del mismo modo que determinaron «el faltante de dichas piezas debido a la «pérdida de tejido periodontal que sostiene las mismas».

La vestimenta que llevaba Franco Casco al momento de su detención es relevante para la identificación del mismo en los videos que se encuentran como prueba en el expediente y los que se conocieron el pasado 28 de diciembre, donde se observa al joven caminando en las inmediaciones de la cancha de Rosario Central en la zona norte de la ciudad. Al ser consultada sobre la ropa que vestía la persona que se observa en esa imagen reconoció que «es la misma» remera manga larga. Sobre las zapatillas dijo que las que se ven en el video «tienen algo blanco y el salió de casa con zapatillas nuevas, Adidas negras, se las compro para viajar y vino con esas solas zapatillas”.

El motivo del viaje de Franco Casco a Rosario, según los dichos de su hermana Carina, «vino a vacacionar una semana a la casa de los parientes», pero rápidamente quiso volver a Florencio Varela.

LA CAUSA. Franco Ezequiel Casco tenía 20 años y vivía en Florencio Varela con su mujer y su hijo Thiago, de apenas tres. Durante la última semana de septiembre viajó a Rosario para visitar a unos parientes instalados en Empalme Graneros. La mañana del 6 de octubre una tía lo acompañó hasta la estación Rosario Norte para tomar un tren hacia Buenos Aires pero no había boletos para ese día y volvieron a la casa. También se sabe que estuvo detenido en la seccional 7ª por presunta resistencia a la autoridad y dejado en libertad alrededor de las 22 del 7 de octubre. Tuvieron que pasar 23 días para conocer el paradero de Franco, cuando agentes de Prefectura encontraron su cuerpo en el río Paraná, frente al Parque España. Desde entonces la familia busca a los responsables.

“A mi hijo lo mató la policía porque el último lugar en que lo vieron fue en la comisaría. Además hay muchas contradicciones entre ellos. Ni siquiera se ponen de acuerdo en el día que lo metieron preso”, se queja Elsa.

En el libro de guardia de la seccional 7ª consta que un tal Franco Godoy (apellido materno de la víctima) ingresó detenido a las 13 del 7 de octubre, sin embargo, al padre un efectivo le reconoció que lo habían detenido el 6 a la noche y que cuando se retiró estaba bien, aunque eso no fue constatado por ningún médico.

Dos autopsias no alcanzaron para determinar la causa de muerte debido al avanzado estado de putrefacción (el cuerpo estuvo sumergido al menos 15 días). Las pocas conclusiones descartaron lesiones externas o signos de afecciones previas, como un infarto. Tampoco se evidenciaron indicios de que al caer al agua Franco estuviera vivo.

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