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Identificación biométrica: no sólo huellas dactilares

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Desde que todos los principales teléfonos inteligentes han adquirido un sensor de huellas digitales y una gran parte de los ordenadores modernos han adoptado el reconocimiento facial como sistema para el login, la identificación biométrica ha revolucionado nuestra vida digital, entrando totalmente en los hogares de cientos de millones de personas. Sin duda, se trata de un fenómeno positivo, aunque hay que aclarar bien como funciona el tema de la biometría.

De hecho, hay muchos enfoques relacionados a la identificación de una persona que se basan en su características físicas, ninguno de los cuales es necesariamente el mejor. Más bien, para un sistema verdaderamente seguro se deben utilizar más factores biométricos juntos. Todos los sistemas de identificación biométricos tienen el mismo principio básico. En la fase de entrenamiento capturan y miden ciertas características físicas o fisiológicas de una persona, con el fin de obtener una representación digital (template). Durante la fase de identificación, el template se compara con los datos recogidos genéricamente sobre una persona. Si el template y la nueva detección corresponden, la identificación es completa. Lo que cambia de un sistema a otro es “qué” debe analizarse para crear el template.

Los grandes clásicos: las huellas dactilares y el reconocimiento facial

Estamos ya acostumbrados a dos tipos de identificación: las huellas dactilares y el reconocimiento facial. El análisis de huellas dactilares, o más precisamente de los dermatoglifos,o sea el conjunto de surcos y crestas que se distribuyen por las palmas de las manos, los pies y especialmente de la yema de los dedos, cuya formas que se generan son específicas para cada individuo y permanecen invariables a lo largo de la vida, es simple y extendida, con reconocimientos rápidos.
Las huellas son absolutamente personales y permanentes, a menos que algún evento externo no cambie la piel. El reconocimiento facial se basa sobre el análisis de los principales rasgos de la cara, en primer lugar el tamaño y la forma de los ojos, la nariz y la boca. Pero los sistemas también tienen en cuenta sus posicionamiento mutuo y los rasgos distintivos presentes (los clásicos «signos distintivos»).

Los datos biométricos se recogen usando cámaras que «pueden ver» a través de la luz visible y también en las frecuencias de infrarrojos. De esta manera es posible definir un «mapa» bidimensional y tridimensional de la cara. Desde un punto de vista técnico, el reconocimiento facial es un medio de identificación biométrica rápida y fácil de usar, aunque se debe tener en cuenta que sus implementaciones demasiado simples pueden engañar con mayor facilidad.

Más precisión: el reconocimiento del iris y el análisis de la voz

Entre las formas de identificación biométrica conocidas por el público en general, aunque raramente utilizadas en persona, están el reconocimiento ocular y el de la voz.
El primero se basa sobre el análisis de las características físicas del iris, sobre la distribución de los vasos sanguíneos en la esclerótica (la parte blanca del ojo) y en la estructura de la retina dentro del ojo. Recopilar los datos necesarios para la identificación es sencillo y no invasivo: es necesario que el sujeto mire simplemente dentro una cámara. A menudo, la identificación de la retina acompaña o sustituye a la de las huellas dactilares.

El reconocimiento de voz se basa en el hecho de que la voz de cada uno de nosotros es diferente a la de cualquier otro, si se examina detalladamente la intensidad, el tono y el timbre.
De hecho, este reconocimiento es el resultado de la estructura física de los órganos que intervienen en la modulación del lenguaje. Entre ellos destacan, por supuesto, las cuerdas vocales, el paladar, el tracto vocal, la lengua y muchos otros. La formación y el funcionamiento de los sistemas de reconocimiento de voz es simple y puede prever, pero no necesariamente el uso de frases o palabras específicas.
Por lo general, la identificación de voz se utiliza para mayor seguridad acompañada con otras formas de reconocimiento.

Más en profundidad: ADN y látido del corazón

Los sistemas de identificación biométrica más precisos son obviamente vinculados a unas características físicas absolutamente personales que no se pueden replicar (o son replicables con extrema dificultad) y que no es demasiado complejo obtener. El examen del ADN y los látidos del corazón son dos excelentes candidatos.

Nuestro ADN es realmente nuestro, en el sentido de que es único. Capturar una muestra de ADN también es muy sencillo: sirve un cualquier pedacito de nuestro cuerpo (un pelo, por ejemplo) o una muestra de saliva recogida con un tampón. El límite del examen de ADN es que hoy en día es lento y caro, además de invasivo. Como sistema de identificación es realmente concreto, pero sirven muchas mejoras tecnológicas para que tenga más uso en la vida cotidiana.

El análisis del látido del corazón, o mejor de su rendimiento, como ocurre en un electrocardiograma, es otro parámetro de identificación muy personal. El patrón de nuestro látido, de hecho, depende de las características físicas del corazón, además de ser único. Tiene la ventaja de no ser fácilmente «copiable», ya que es imposible detectar el patrón sin contacto físico. También en este caso, sin embargo, la tecnología tiene que mejorar antes de que pueda convertirse en un sistema de identificación biométrica bastante práctico para tener más difusión. Pero el potencial es interesante, porque, por ejemplo, el ritmo se puede detectar constantemente y esto hace que sea un parámetro ideal para un control de identidad continuo en el tiempo, y no solamente en el momento exacto de la identificación.

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