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	<title>modelo económico - Infosur Diario</title>
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		<title>Privatizar las ganancias, socializar el daño</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2026 21:44:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[modelo económico]]></category>
		<category><![CDATA[neoliberal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De Argentina a Chile, el libreto se repite con una disciplina que roza lo doctrinario: si falla, no es el modelo, es falta de fe. Nunca es un error de diseño, siempre es una desviación en la ejecución, una tibieza imperdonable frente a la pureza de la idea. Mientras tanto, la realidad obstinada, poco ideológica, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>De Argentina a Chile, el libreto se repite con una disciplina que roza lo doctrinario: si falla, no es el modelo, es falta de fe. Nunca es un error de diseño, siempre es una desviación en la ejecución, una tibieza imperdonable frente a la pureza de la idea. Mientras tanto, la realidad obstinada, poco ideológica, hace lo suyo sin pedir permiso.</strong></em></p>



<p><strong>Por <em>Manuel Capitán Cianuro</em> para Infosur</strong></p>



<p>Hay recetas económicas que se presentan con la solemnidad de leyes naturales: reducir el Estado hasta dejarlo en lo mínimo indispensable, liberar el mercado de toda atadura y confiar en que la famosa “mano invisible” , esa entidad casi mística que nunca paga cuentas, nunca se endeuda y jamás toma transporte público, ordenará espontáneamente la vida de millones. </p>



<p>En ese relato, los desequilibrios son transitorios, las crisis son anomalías y los costos sociales, simples externalidades. Si algo sale mal, la culpa jamás recae en la receta: es que no se aplicó con suficiente convicción, no se llegó lo suficientemente lejos, no se resistió lo suficiente a la tentación de intervenir. América Latina, siempre disponible para ensayos ambiciosos, ha sido el terreno perfecto para este experimento que insiste, incluso cuando los pacientes no mejoran o muestran síntomas cada vez más evidentes de desgaste.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Argentina: del espejismo de los 90 al estallido de 2001</h2>



<p>Miremos a Argentina. En los años noventa, Carlos Menem prometió modernidad, eficiencia y un salto definitivo hacia el “primer mundo” a través de privatizaciones masivas y apertura económica. Durante un tiempo, la ilusión se sostuvo: estabilidad cambiaria, consumo en alza, sensación de progreso. Pero funcionó como funcionan los castillos de naipes cuando el aire está quieto: sólido en apariencia, frágil en esencia. Bastó una combinación de factores, endeudamiento creciente, pérdida de competitividad, rigidez cambiaria, para que todo se desmoronara con la Crisis de 2001 en Argentina, recordando de forma abrupta que la estabilidad no se decreta desde un PowerPoint, ni se sostiene solo con confianza.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Macri y Milei: dos versiones del mismo libreto</h2>



<p>Años después, Mauricio Macri ofreció una versión más prolija, más estética del mismo guión: integración a los mercados internacionales, financiamiento externo accesible, gradualismo en el ajuste. El discurso era más amable, los modales más diplomáticos, pero las tensiones de fondo seguían ahí. El desenlace, con otra crisis de deuda y pérdida de confianza, resultó menos sorpresivo de lo que se quiso admitir. Hoy, con Javier Milei, el ajuste se envuelve en una narrativa épica, casi moral: el sacrificio presente como condición para un futuro redentor. Se plantea como una travesía necesaria, donde el dolor es prueba de corrección. El problema es que ese “después” siempre parece desplazarse, siempre está a unas cuantas reformas más de distancia, como un horizonte que retrocede a medida que uno avanza.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Chile: el modelo que brilló en los números pero crujió en la calle</h3>



<p>Crucemos a Chile, el caso incómodo porque no encaja del todo en relatos simples ni en consignas rápidas. El experimento comenzó bajo la dictadura de Pinochet, en un contexto donde el mercado no solo era libre, sino también incuestionable. Se implementaron reformas profundas: apertura comercial, privatización de servicios, un sistema previsional basado en la capitalización individual. Hubo crecimiento económico, sí, pero también episodios críticos como la crisis de 1982, ese capítulo que suele mencionarse en voz baja. Además, los niveles de pobreza y desigualdad de ese período estaban lejos de ser anecdóticos. La reducción sostenida de la pobreza vendría después, ya en democracia, con políticas públicas más activas y cierto reequilibrio del rol del Estado. Sin embargo, el diseño estructural quedó: una economía dinámica en cifras, pero que transforma derechos en servicios, y ciudadanos en clientes sujetos a su capacidad de pago.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Crecimiento con costos ocultos: la otra cara del éxito</h2>



<p>Durante años, el modelo chileno fue exhibido como vitrina regional. Las cifras macroeconómicas eran ordenadas, previsibles, casi ejemplares. Desde fuera, parecía una historia de éxito indiscutible. Pero la vida cotidiana contaba otra historia, menos visible en los gráficos: pensiones insuficientes, endeudamiento persistente como mecanismo de acceso a bienes básicos, servicios esenciales con precios que no siempre reflejaban calidad o equidad. Todo parecía funcionar… hasta que dejó de parecerlo en el Estallido social de Chile de 2019. La calle, esa variable que no entra en las proyecciones, interrumpió el relato y formuló una pregunta directa: crecer, sí, pero ¿para quién?, ¿a qué costo?, ¿con qué distribución?</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Estado vs mercado: una falsa dicotomía que vuelve siempre</strong></h3>



<p>Entonces, ¿son deplorables los resultados? Depende de quién haga el balance y desde qué lugar lo observe. Para los grandes capitales y ciertos sectores empresariales, estas políticas suelen traducirse en entornos favorables: estabilidad normativa, oportunidades de expansión, márgenes atractivos. No es necesariamente un desorden, sino una fiesta discreta, con reglas claras y beneficios concentrados. Para el resto, en cambio, la experiencia puede parecerse a una suscripción obligatoria donde los beneficios prometidos se diluyen o nunca llegan del todo. En Argentina, el modelo tropieza con una frecuencia que ya no sorprende; en Chile, funciona lo suficiente como para ser defendido con datos, pero no lo suficiente como para generar adhesión emocional o sentido de justicia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando el mercado funciona, pero no para todos</h2>



<p>La ironía persiste y se recicla: el debate se plantea como una dicotomía absoluta entre Estado y mercado, como si uno debiera desaparecer para que el otro funcione plenamente. Pero la evidencia, esa que incomoda porque no se alinea fácilmente con relatos ideológicos, sugiere algo menos épico y más complejo: cuando el mercado opera sin contrapesos efectivos, tiende a concentrar poder y recursos; cuando el Estado se retira sin estrategia ni capacidad, deja vacíos que se traducen en abandono. Entre concentración y abandono, hay un espacio donde se acumulan las tensiones sociales, donde alguien inevitablemente asume los costos. Y, como suele ocurrir, no es la mano invisible la que paga la cuenta.</p>



<p>Tal vez el problema más profundo no es que estas recetas fallen siempre. Es algo más incómodo: a veces funcionan, pero de manera desigual. Generan crecimiento, sí, pero también asimetrías persistentes. Y ese detalle, el que rara vez aparece en los eslóganes o en las presentaciones optimistas,&nbsp; es el que, tarde o temprano, vuelve a manifestarse donde realmente importa: fuera de las hojas de cálculo, lejos de los indicadores agregados, en la experiencia concreta de las personas y, cuando se acumula suficiente tensión, en la calle.</p><p>The post <a href="https://infosurdiario.com.ar/privatizar-las-ganancias-socializar-el-dano/">Privatizar las ganancias, socializar el daño</a> first appeared on <a href="https://infosurdiario.com.ar">Infosur Diario</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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