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Infosur en Varsovia: los refugiados ucranianos y los «nadies» de Galeano

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Por Mariano Ameghino, especial para Infosur*

Varsovia. 15 de Marzo.

Seguimos intentando ver lo universal como lo particular con nuestros propios ojos, como decía Arturo Jauretche. Y en ese devenir no puedo dejar de pensar que esta nota será controvertida y polémica. Probablemente no alcance la claridad en la escritura para alumbrar lo que quiero compartir. 

Estando en Varsovia, la capital de Polonia, el país mas cerca del conflicto Ucrania Rusia, que se convierte en paso obligado para los que escapan del conflicto, crucen la frontera y logren el status de refugiados de guerra. En estos momentos Europa se prepara para recibir alrededor de 5 millones de refugiados y refugiadas producto del conflicto que se está extendiendo entre Rusia y Ucrania, al que se le puede sumar el de los migrantes bielorusos y los ucranianos que desde 2014 abandonan su país.

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Volunatarios y ONG preparando el servicio de bebidas calientes para los y las refugiadas ucranianas y sus hijos.
Anuncio de bebida caliente en el centro de refugiados de Varsovia.
Voluntario de una ONG que pasea todo el día con el cartel pero no lo hemos visto en contacto con un refugiado. Su función es que alguien se acerque a consultar sobre alguna necesidad pero él no va en búsqueda de refugiados sino que espera que los refugiados lo busquen a él.

A pocas cuadras del lugar de residencia donde me encuentro está la estación central de trenes de la ciudad. Lugar adonde llegan muchos de los refugiados ucranianos. Cuando te dicen ¿Vamos a ver la situación de los refugiados? Con una mano en el corazón y otra en los ojos, …..tapese los ojos…..ciérrelos….. ¿qué imagen se le viene a la mente cuando le digo “vamos a ver a los refugiados”?

Bueno, piénselo. Yo voy a arriesgar y le voy a contar lo que me pasa a mi, en estas tierras, tan alejado de mis pagos y de mis seres queridos. Imaginaba a los nadies de Galeano. Los nadies : los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies : los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

De los nadies de Galeano a los refugiados en Polonia

Asi Galeano define a nuestros vulnerados, a nuestros crotos, a nuestros gronchos, a los grasitas, a los compañeros y compañeras que la luchan a diario por su pueblo, su familia, su bienestar.  Me imaginaba eso, nuestras mujeres amamantando a sus criaturas, nuestros pibes con los mocos al viento inventando una pelota de papel tratando de jugar a algo, porque si de jugar se trata no hay nada más divertido que hacerlo en medio de las valijas de una terminal de trenes e imaginar que son diferentes arcos donde meter un gol.

Pero no. Fui a la estación central de Varsovia. Los refugiados ucranianos al llegar, son recibidos por diferentes voluntarios de la sociedad civil que organizadamente ofrecen algo caliente, algo de ropa, transporte, alojamiento. Las empresas de telefonía móvil (acá en Polonia hay una muy famosa que se llama Orange) que les regala una tarjeta sim, un chip, para tener por un mes servicio gratuito y luego se convertirán en clientes de esa compañía.

Los refugiados ucranianos son vistos como potenciales clientes, trabajadoras que en breve serán empleadas en alguna ciudad de Europa. Vienen con sus niños y niñas. Juegan con los voluntarios que le arman pizarrones, tizas de colores, marcadores y crayones La mayoría son mujeres con sus menores. Los hombres entre 18 y 65 años han sido declarardos combatientes y deben quedarse en Ucrania a defender las posiciones.

Este cartel indica a los refugiados ucranianos cuales son las diferentes ciudades de Polonia donde pueden instalarse.
El cartel recomienda que no busquen solamente a las grandes ciudades. Las pequeñas localidades son buenas opciones de trabajo. Ademas las ciudades están muy pobladas. Dice el mensaje del gobierno polaco hacia los recien llegados

Varsovia

Fotos Mariano Ameghino

Stand de ONG que se encarga de aquellos que necesiten alojamiento en Varsovia por una o dos noches hasta resolver su situación final.

El lugar donde se entrega ropa donada no es muy concurrido por las refugiadas, las carpas de comida y algo caliente para tomar, si. Pero todo muy ordenado. Entonces pienso y le pregunto a un voluntario, – ¿los qué no pueden venir?. –Todos pueden venir. Me responde. Esta gente de un día para el otro se quedó sin casa, trabajo, sin empresa, sin tarjeta de crédito. Y ahí me alumbró la lamparita de Galeano. “Sin tarjeta de crédito”. Son refugiados. Pero como ciudadanos consumidores del mundo moderno, otros sistema solidario los toma, los abraza y los invita a ser nuevos consumidores, trabajadores y trabajadoras. Los niños y niñas irán a la escuela. Tendrán que adaptarse con el idioma pero algún amigo, familiar, conocido, en Polonia o en otra parte de Europa los espera.

Radiografía de los centros de refugiados de Varsovia

El viejo continente se prepara para recibir alrededor de 5 millones de ucranianos y ucranianas que serán mano de obra más económica en algún sector de la economía formal. Sin dudas las muestras de solidaridad en las calles de Varsovia, enternecen. Muchachos y muchachas con alcancías de vidrio juntando dinero a modo de colecta, ciudadanos franceses que se juntan un domingo para cocinar 100 panqueques con nutella para llevarle a los refugiados, todo un pueblo que no quiere la guerra y que se pone a disposición del otro y le tiende la mano.

Pero y ¿los nadies? No merece acaso, detenerse a pensar en las víctimas de nuestras injusticias que al no ser considerados refugiados de guerra, ya son refugiados en nuestras propias tierras. Nuestros inundados, nuestros pueblos originarios masacrados, nuestras madres, abuelas, hijos y nietos,  nuestros héroes de Malvinas.

Quizá, me dirán, “no tiene nada que ver”, “no mezclemos peras con manzanas”, y tienen razón. Pero los refugiados que hoy preocupan a Europa son víctimas de una guerra que no generaron ni desean. Como tampoco nuestros nadies buscan sobrevivir en una sociedad desigual como la nuestra.

Termino con las estrofas de Calle 13, a las que sin duda Galeano inspiró con sus poemas y ternura.

Soy, soy lo que dejaron. Soy toda la sobra de lo que se robaron. Un pueblo escondido en la cima. Mi piel es de cuero, por eso aguanta cualquier clima. Soy una fábrica de humo. Mano de obra campesina para tu consumo.Frente de frío en el medio del verano. El amor en los tiempos del cólera, mi hermano. El sol que nace y el día que muere. Con los mejores atardeceres. Soy el desarrollo en carne viva. Un discurso político sin saliva. Las caras más bonitas que he conocido.Soy la fotografía de un desaparecido. La sangre dentro de tus venas.Soy un pedazo de tierra que vale la pena. Una canasta con frijoles. Soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles. Soy lo que sostiene mi bandera. La espina dorsal del planeta es mi cordillera.Soy lo que me enseñó mi padre. El que no quiere a su patria, no quiere a su madre. Soy América Latina.Un pueblo sin piernas, pero que camina, ¡oye!

*Trabajador Nodocente, director de Relaciones Internacional y profesor de la UNAJ

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