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Federico Lageard: su historia de lucha, el sueño de terminar sus estudios y conocer la Bombonera

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Hace cuatro años la vida de Federico Lageard cambió para siempre. Un intento de robo lo dejó cuadriplejico. A días de que el TOC 4 de Quilmes condenara a la pena de 10 años de prisión para “El Monito¨ el delincuente que en agosto de 2015 lo baleó en barrio El Molino en un intento de robo y le causó lesiones gravísimas que derivaron que hoy lleve su vida con una paraplejia, nos recibió en su casa. Descreído de la justicia, pero con su voz de resiliente el joven de 24 años, no pierde sus sueños e ilusiones: terminar el secundario y ser profesor de historia; conocer a los jugadores de Boca y ver un partido en la Bombonera. Fede y su madre Ana abrieron la puerta de su casa del Complejo de Villa Del Plata, para contar su historia, sus sueños, proyectos y necesidades “Veo que la gente se queja por cosas banales, que antes a mí también me enojaban, pero hoy todo lo veo diferente: valorar la vida y los afectos¨.

“Estoy defraudado de la Justicia; a este chico lo condenaron a 10 años cuando a mí los daños son para toda la vida” dijo tajante y lapidario al recibir la noticia de la sentencia que le aplicó el Tribunal Oral N° 4 de Quilmes Jiménez, el responsable de dejarlo para siempre en una silla de ruedas.

Indiferente y reflexivo el joven de 24 años afirmó sobre la condena “A ellos no les importa quitarle la vida al semejante, tienen un desprecio total de la vida”. Siempre acompañado de su tablet y la camiseta de Boca Juniors firmada por los jugadores, el joven dialoga con los periodistas que lo visitaron y los interrogó: “¿ “Usted tiene hijos?, que le haría si alguien le hace algo como lo que me hicieron a mi”. Y allí se manifestó esa profunda reflexión de Federico a quien un delincuente, no le permitió elegir, decidieron por él, pero no obstante con sus jóvenes 24 años derrocha optimismo, demuestra lo resiliente que es ya que cuenta con el apoyo de su madre, hermanas y sobrinos.

Volver a empezar
Su vida ya no es igual, desde aquella noche del 20 de agosto de 2015; sin embargo los sueños siguen allí, quiere estudiar, anhela terminar sus estudios secundarios, pero la burocracia que nunca encuentra explicación lo está privando de un derecho que lo asiste, la educación.

Como tantos otros estudiantes con afecciones de salud de la Provincia, podría contar con un régimen de educadores domiciliarios, pero los días pasan y a través de estas líneas clama porque su reclamo sea escuchado, quiere progresar, piensa en crecer. A Federico le gusta escribir, escucha música, letras con contenido social, buscando mensajes, explicaciones, esas que le robaron los delincuentes que se arrogaron la potestad de condenarlo a una silla de ruedas. Más allá de eso, Federico sueña, piensa, analiza; la mente le permite volar: “en mis ratos cuando no puedo dormir, escribo, me gusta hacerlo, me hace bien”, cuenta en medio de la entrevista.

Ana es la mamá de Fede, enfermera de profesión, que por esas ironías de la vida toda su realidad cambió de un día para el otro: “él es mi único paciente, dejé todo por mi hijo”, dijo con el amor que solo una madre puede hacerlo.

La historia, la investigación y el sueño de conocer la bombonera
“Quisiera ser profesor de Historia más adelante, me gusta la Edad Media, lo referida a la Inquisición, las indulgencias papales”, contó como uno de sus gustos. Pero sin dudas que todo cambia al hablar de Boca, el club de sus amores: “me gustaría ir a la cancha, pero es dificultoso”, explicó el joven quien pasa sus días viendo videos de youtube, tv, leyendo, escribiendo o creando canciones de Rap en su casa del complejo de viviendas cerca de la av. Thevenet de Varela.

“A Carlitos lo quiero, pero no me gusto que critique a Riquelme, con Román no”, cuenta el joven que confía en que el equipo de Gustavo Alfaro pueda revertir el 0-2 de cara a la revancha del partido de Copa Libertadores.

La entrevista finaliza, entre mate y mate esboza alguna sonrisa, algunas menos de las que tenía cuando Jiménez junto a otros delincuentes le robaran la mayoría de ellas aquella jornada de agosto de 2015, pero no le pudieron sacar lo que lo mantiene vivo aún; el derecho a soñar, a querer disfrutar de cada momento: simplemente Federico, un pibe de Varela, uno más del conurbano al que nunca le podrán robar las ilusiones.

Por RMP

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